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Tras años utilizando el no comment para evitar las preguntas sobre Catalunya, los portavoces, altos funcionarios y comisarios europeos han decidido pasar a la ofensiva haciendo caso a la diplomacia española. Desde la cadena de 1.600.000 catalanes, los portavoces de la Comisión Europea y su vicepresidente Joaquín Almunia han decidido desinflar el globo independentista negando la entrada, o continuidad, según se mire, de Catalunya en las instituciones europeas y augurando todos los males imaginables. Los mismos portavoces que valoran manifestaciones en la calle del país más remoto, guardaron un silencio sospechoso cuando se les preguntó por la multitudinaria manifestación del 2012 o por la reciente Via Catalana.

¿Les preocupa más lo que sucede en la plaza Tahrir que las manifestaciones pacíficas de los ciudadanos europeos catalanes? No, sencillamente responden a los intereses de uno de los Estados miembros, España. Los independentistas, que alguno habrá estudiado y viajado, saben que si no se produce la separación definitiva todo debate europeo estará contaminado por esta lógica. Almunia está propuesto por España, y como él todos los eurocomisarios. Representan a un club de Estados, que, por cierto, ha escrito

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su historia en base a la adhesión continuada de nuevos Estados.

¿Puede permitirse la Unión Europea prescindir de una hipotética Catalunya independiente, siendo esta una contribuyente neta? ¿Puede Europa prescindir de un país tradicionalmente europeísta y que, con el apoyo del 90% de su parlamento, quiere cometer el gran delito de votar? Catalunya será independiente si lo quieren sus ciudadanos. Pero que Europa no olvide que pedirá entrar o seguir en la Unión Europea también si lo deciden los catalanes. Esto va de democracia.