07 jun 2020

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Una Europa poco seductora

Saül Gordillo

Europa afrontará la próxima primavera unas elecciones delicadas. Las instituciones europeas sufren una crisis de credibilidad ante el descalabro económico y la distancia de la ciudadania. El voto antieuropeísta y el de rechazo a las instituciones de la 'Europa de los mercados', sumados a una abstención galopante, amenazan la solvencia de unos comicios que podrían certificar el divorcio con la ciudadania. Ante este precipicio, Joaquín Almunia, vicepresidente de la Comisión Europea, prefiere intentar seducir a los catalanes de la Via Catalana con la enésima amenaza de una exclusión de Catalunya de la Unión Europea. El eurocomisario debe desconocer la última encuesta de la SER, que cifraba el impacto de tal amenaza en dos miserables puntos entre los partidarios de la independencia aún quedándose fuera de la UE. La conclusión de la encuesta era que la independencia ganaba de calle a pesar de quedarse fuera de la Unión. 

El portavoz del Parlamento Europeo, el catalán Jaume Duch, ha insistido en la misma tesis este martes en la mañana de Catalunya Ràdio. Catalunya quedaría fuera, y el veto a su entrada está perfectamente regulado. Los altos funcionarios europeos intentan no salirse del guión, mientras la diplomacia catalana va marcando algún gol que otro con primeros ministros letones y lituanos, este último presidente de turno del Consejo de la de Unión Europea. Las satisfacciones de José Manuel García-Margallo con las palabras de Almunia y Duch compensan las 'salidas de tono' de Letonia y Lituania, hijas de la Vía Báltica que inspiró la Via Catalana de la pasada Diada.

¿Puede permitirse esta Europa en horas bajas prescindir de siete millones y medio de catalanes como ciudadanos de pleno derecho? ¿Pueden las instituciones europeas alimentar el discurso antieuropeísta en una población que históricamente ha mirado a Europa como esperanza de progreso y libertad? De la misma manera que ante el éxito de la Via Catalana las soluciones autonomistas ya no son válidas para resolver el conflicto territorial, no tiene sentido que los Almunia y Duch recurran al veto del club de Estados que es la UE para negar la democracia y la política. ¿Puede una Europa democrática negar a los catalanes un derecho que sí ejercerán los escoceses en el 2014?

El miedo ya no funciona como argumento. Y mucho menos como arma movilizadora en las urnas.