01 abr 2020

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La fuerza serena y tranquila de Catalunya

Jordi Pujol

"La Via Catalana ha ido muy bien. Muy bien. Felicidades a los organizadores. Y felicidades al pueblo de Catalunya"

Este artículo recoge dos reflexiones hechas la víspera de la Diada y la impresión posterior, tras participar en la Via Catalana.

La primera reflexión

La cadena que haremos este miércoles forma parte de un proceso. De una serie de actos e iniciativas que se han ido produciendo durante los últimos cinco o seis años. Es decir, desde el momento en que se hizo evidente que el Estado español había tomado la decisión no solo de no mejorar nuestro Estatut sino de hacernos retroceder en el triple terreno de nuestras competencias, es decir, en el del poder político e institucional, en el del ahogo financiero y en el de la identidad, especialmente el lingüístico. Esto ahora ya es muy evidente. La sentencia del Tribunal Constitucional, la asfixia presupuestaria que nos imponen y la ley Wert son prueba de cómo, en cada uno de esos tres aspectos que decíamos , el Estado nos aprieta de una manera que si no lo detenemos nos llevará a lo que hemos llamado la residualización de Catalunya.

Es desde entonces --el momento en que fue evidente cuál era el objetivo real de España respecto de Catalunya-- que el estado de ánimo colectivo catalán empezó a cambiar. Y cambió por completo el día de la sentencia del Tribunal Constitucional. Que nos decía que en poco tiempo nuestra autonomía sería delgada como un papel de fumar y que la Generalitat sería un parlamento de cartón piedra, hueco por dentro y sin un duro. Todo ello acompañado del hecho de que como nos dicen políticos, periodistas y juristas españoles «dentro de dos generaciones todo esto de la lengua y las autonomías se habra acabado». Y cambió del todo también por como él mismo --el Tribunal Constitucional-- actuó. Un tribunal que incluso --por la forma de actuar y por más de una irregularidad-- algunos de sus miembros calificaron de «dudosamente constitucional». Y por la actitud muy hostil y grosera de sectores españoles muy extensos del mundo político y mediático, y en general social, e incluso a veces académico.

Todo esto hace que el día de la sentencia, una vez bien leída y habiendo consultado los juristas, muchos dimos por cerrado el tiempo de esfuerzo generoso e ilusionado de conseguir un buen encaje de Catalunya en España. Que hubiéramos querido que fuera útil para todos, respetuoso con todo el mundo, motivo de orgullo para todos.

Hay un antes y un después del día de la sentencia. Y esto no afecta sólo sectores muy sensibles o muy radicales. Que tienen su mundo, su lugar propio. No. Las manifestaciones, las iniciativas numerosas y constantes --constantes y repetidas-- , incluso la clara mayoría parlamentaria que les apoya, y la conmoción y las reacciones de todo tipo que hay, todo ello pone de manifiesto la potencia de este estado de ánimo. Que es muy general. Y muy auténtico. Muy popular.

Es más , supera en mucho el área de influencia y de acción del que estrictamente son los partidos políticos . Que es muy importante que estén. Sería negativo que en medio de esta gran reacción esfumaran . Y más lo sería aunque quienes , por voluntad democrática y estructura institucional , tienen la responsabilidad principal del país se difuminan . Que no ejercieran su papel. No será así . Ni debe ser así . Pero es bueno que la respuesta popular tenga la potencia y la amplitud que tiene. Es bueno que el rechazo de lo que el Estado nos quiere imponer tenga la grande, muy grande , amplitud popular que tiene .

La segunda reflexión

La cadena, o Vía Catalana, de este miércoles no será el último gran acto reivindicativo que tendremos que hacer. Será un eslabón más --muy importante, eso sí-- de la acción de sensibilización y de movilización catalanas. Habrá que hacer más.

Esto no debe desanimar a nadie. Entre otras cosas porque si contemplamos el camino hecho durante los últimos cinco años nos damos cuenta de que hemos avanzado mucho. En cantidad de gente y en convicción y seguridad en nosotros mismos. En superación de miedos y angustias. En refuerzo del carácter radicalmente pacífico de todas las iniciativas que se prevén. Cada vez con más actitud de afirmación que de rechazo. Incluso cada vez con más creatividad. Ejemplo de ello es que es mucho más complicado y difícil organizar una cadena de cuatrocientos kilómetros que una manifestación para masiva que sea. Pero debe salir bien. No solamente saldrá bien sino que reforzará nuestro estado de ánimo. Para poder seguir presionando .

Lo haremos porque a pesar de la crisis --la nuestra y la de los demás e incluso la de buena parte de Europa-- y a pesar de la altiva y arrogante actitud española de «mantenella y no enmendalla» --que por cierto ha estado en la base de algunos grandes fracasos históricos españoles--, en la tradición de Catalunya, y ahora también, hay una fuerza tranquila y constructiva. Lo dije al pueblo de Catalunya hace años, en un momento especialmente difícil de primeros de los años ochenta. Difícil en muchos sentidos. En un momento crítico. Los hablé de la fuerza tranquila y serena, de la fuerza constructiva y creadora de Catalunya. La de la fidelidad a la tierra ya la historia, la de las políticas de integración y de convivencia, la que se quiere hacer respetar y que respeta.

Con esta fuerza y ​​la tenacidad --repetimos, la tenacidad-- incluso lo que parece imposible puede estar a nuestro alcance.

Cuando una presión es fuerte y constante y bien aplicada y si es necesario con sacrificio, los obstáculos suelen acabar cediendo. Pero mientras tanto hay que hacer bien las cosas de cada día .

Al día siguiente. 12 de septiembre de 2013.

Todo ha ido bien. Ha ido muy bien. Muy bien. Felicidades a los organizadores. Y felicidades al pueblo de Catalunya.
Muy bien por gente muy bien por ilusión y entusiasmo, muy bien por la actitud pacífica y respetuosa. Que no debemos perder nunca. Y muy bien también por capacidad organizativa.

Muy bien. Alegrémonos. Y que esto refuerce la confianza en nosotros mismos. Nuestra fuerza serena y tranquila. Y cada vez más potente. Que seguiremos necesitando.

Centre d'Estudis Jordi Pujol