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Tú y yo somos tres. Por Ferran Monegal.

El golpe que han logrado ha sido contundente. Estoy hablando de este nuevo programa de reportajes que acaba de estrenar La Sexta bajo el título de Encarcelados. Consiste en un periplo, un viaje, cámara en mano, a cárceles latinoamericanas en las que hay españoles encerrados. La primera entrega ha sido la visita a tres penales de Bolivia, en La Paz y Cochabamba. Lo que hemos visto es inenarrable. El infierno de Dante se queda en pañales. Buscando a los españoles que allí cumplen condena han penetrado en establecimientos escalofriantes. Más que cárceles son depósitos en los que hacinan a los condenados y los dejan a su suerte. Son submundos dentro de países del tercer mundo. Allí no penetran ni policías ni funcionarios. Los propios convictos, organizados en mafias, son los que dictan la ley. La población reclusa triplica y cuadruplica la capacidad de los destartalados edificios. Al ingresar hay dos impuestos básicos que hay que abonar a las mafias: pagar para poder vivir (lo llaman derecho de vida), y pagar para poder estar. A los que todavía les quede dinero pueden comprar o alquilar una celda, un chamizo hecho con hojalatas. La mayoría viven tumbados por los pasillos, junto a la mugre, la basura, los orines y las cucarachas. Si quieren comer, también hay que pagar. Violadores, asesinos, traficantes, pederastas, todos revueltos, con sus esposas, o sus concubinas de pago, y sus hijos, también allí amontonados. El primer español con el que han podido hablar, Eduardo, malagueño, llevaba su bebé de 12 meses en los brazos. Vive allí con él, en aquella cloaca. Mirando a cámara, mandó el siguiente aviso: «Le mando a Tony, de Fuenlabrada, un recado. Si me estás viendo, Tony, tengo una cosita guardada para ti, colgada del cuello de mi compañero. Te la voy a meter entre las cejas». La cosita era una bala.

Este trabajo es obra de los reporteros Alejandra Andrade y Jalis de la Serna. Les conocemos de cuando trabajaban en Callejeros (Cuatro). Allí muchas veces buscaban a cualquier precio el impacto, incluso por la vía más amarillista y canalla. Aquí no ha hecho falta forzar la realidad para impactarnos. Celebro que ahora trabajen el reportaje verité clásico. Es duro lo que hemos visto. Pero es la verdad. Supongo que el ministro de Asuntos Exteriores tomará nota y advertido a su embajador en La Paz. Los españoles que hay allí encerrados no tienen precisamente las condiciones de los de Soto del Real.