24 oct 2020

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tú y yo somos tres

Más anchoas que políticos

Ferran Monegal

Ha sido una muerte anunciada. Lo había advertido la cadena Tele 5 hace semanas: el último sábado de agosto, fin de El gran debate. Sobre los motivos del cierre de este programa se ha especulado con la escasa presencia de políticos que a él han asistido. Es verdad: era un programa de debate político, pero los políticos prácticamente no estaban. Ha sido sintomático, por ejemplo, que en ésta última edición el gran invitado haya sido Bertin Osborne, lanzando su programa de gobierno y solución absoluta a la crisis: ¡consumir solamente productos españoles! Y acabó el meeting abrazado a Revilla, entonando una oda muy hermosa y marinera a las anchoas de Cantabria. Hombre, risas al margen, cabe señalar que, en efecto, en las 83 ediciones de El gran debate hemos visto más anchoas que políticos, y eso es un surrealismo notable. Pero no estoy seguro que la negativa de los grandes pesos de la política -en particular los del partido del Gobierno, que se han negado siempre a asistir- no estoy convencido, repito, que estas ausencias sean el motivo del cierre. Este programa trabajaba otras sugerentes cuerdas, como el ring escénico de los debatientes -ala de la derecha, ala de la izquierda- criaturas del mundo del periodismo, de la comunicación, y de otras profesiones llamadas liberales, muchos de los cuales en el fondo hacían de políticos, aunque no lo fueran. Esa última noche de El gran debate, advirtió Antón Losada al respecto: «Estos programas se están llenando de gente que no viene a debatir, sino a impedir que haya debate». Por ahí van los tiros, sí. Pero que me permita Losada una matización: en realidad muchos de los debatientes son unos mandados que van a soltar el speech, la intoxicación, el agitprop, por orden de los que les dirigen. Asalariados de una ideología, o de un lobby. O sea que a mi me parece que el fin de este programa obedece a una razón más sencilla: las cifras de audiencia que han conseguido, sin ser malas, no son las que Tele 5 necesita para la noche del sábado.

Y creo, sinceramente, que el trabajo, la forma de conducir de Jordi González, precisamente ha evitado que la audiencia bajase a mínimos intolerables. Solo le reprocho, dentro del afecto y la consideración que le profeso, que en esa última noche se dirigiera a algún articulista crítico, indeterminado, diciendo: «Ahora algún hijo de puta sacará en su columna...». Hombre, ese tipo de insultos creí que estaban erradicados.