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El cuerno del cruasán

El hombre que vende la Luna

Jordi Puntí

Estos días, mirando la luna llena, me he acordado de que en Estados Unidos hay un señor que se llama Dennis Hope y es muy avispado. Desde 1980, Hope vende parcelas de terreno en la Luna. Cada parcela mide un acre -unos 4.000 metros cuadrados- y cuesta 30 euros. Pensándolo bien, es un buen precio tal como está el mercado inmobiliario, pero pensándolo mejor es una estafa. Durante todos estos años Hope ha conseguido vender más de tres millones de acres y se ha hecho de oro. Si uno entra en su página web (lunarland.com), se da cuenta de que tiene un instinto para los negocios. El precio incluye el título de propiedad y un mapa del lugar donde está tu parcela en la Luna. Lo único que no te dice es quiénes serán tus vecinos. La prueba de que el negocio le va bien es que desde hace poco también vende parcelas en Marte y Venus, dos destinos para espíritus aventureros.

Como lleva tantos años en el asunto, Hope ha aprendido a esquivar las trampas legales. Si puede vender la Luna por partes, afirma, es porque es de su propiedad y lo puede demostrar. En 1967, dos años antes de la llegada del hombre a la Luna, las Naciones Unidas redactaron un Tratado del Espacio Exterior que decía que los satélites, planetas, meteoritos y otros cuerpos espaciales no pueden ser propiedad de ningún Estado. Te puedes pasear por ellos tanto como te apetezca, pero no tienen amo. Hope buscó una grieta en el tratado diciendo que él no era un país, sino un individuo, y envió una carta a las Naciones Unidas contando que era el primero en reclamar la Luna, y que por lo tanto le pertenecía. Como nadie de la ONU le respondió, lo interpretó como un silencio administrativo y se puso a vender suelo lunar.

Además de avispado y caradura, Hope es un visionario. Es cierto que vende los terrenos sobre plano, sin visita previa, pero por una cifra modesta te da la posibilidad de soñar. Con el título de propiedad en la mano, uno piensa por qué lado de la casa saldrá el sol, dónde plantará el cerezo, si con menos gravedad la vida será más alegre.