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Primavera árabe, ¿qué ha fallado?

Federico Mayor Zaragoza

"Corresponde al inmenso poder ciudadano, presencial y virtual, reponer los valores y refundar unas Naciones Unidas"

Se pregunta el ilustre periodista Guillermo Altares. Habla de Egipto, Siria, Libia, Bahrein, Yemen, Túnez... "Han fallado muchas cosas", escribe y cuenta la preparación de los partidos islamistas, mayor de la prevista. Y, en algunos países, el persistente poder militar... "Y también que los golpes de Estado son lo que son y siempre acaban desatando la violencia y la represión por mucho que Occidente intente mirar a otro lado".

Esto es, sobre todo, lo que ha fallado: un sistema que, cuando todo clamaba paz al acercarse el fin de la guerra fría, sustituyó las Naciones Unidas por grupos oligárquicos, y los principios democráticos y los derechos humanos por las leyes del mercado.

Y luego, mirando hacia otro lado, ha invadido Irak basado en la mentira; ha sentenciado a una muerte abominable al presidente Gadaffi --¡qué triste una vez más el papel de la OTAN!--; no ha logrado una interposición efectiva en Siria porque la discrecionalidad con que actúan los plutócratas no lo ha permitido --algunos dudan, otros a favor, China y Rusia en contra de cualquier intervención--; y, en Egipto, más de lo mismo, los que tiraron la piedra han escondido la mano... con centenares de víctimas y ningún atisbo de regulación y concertación...

Está claro. Lo que ha fallado en la primavera árabe es lo mismo que ha fallado en el resto del mundo: la inexistencia de instituciones multilaterales dotadas de la autoridad moral y efectiva apropiada, y la carencia de une principios universales cuya ausencia, reza el preámbulo de la Constitución de la Unesco, llevó al enfrentamiento bélico, a la animadversión, a la incomprensión.

"Es de necio confundir valor y precio", resumió en un verso don Antonio Machado. Han sido necios. Corresponde ahora al inmenso poder ciudadano, presencial y virtual, reponer los valores y refundar unas Naciones Unidas capaces de intervenir eficazmente para que las primaveras puedan, en todo el mundo, conducir al cambio de época que la Humanidad --liberada ya del miedo-- merece.

Blog de Federico Mayor Zaragoza

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