04 jul 2020

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Ya estamos con los "ismos" y los "istas"

Joaquim Molins i Sangrà

A partir de las declaración de Pep Guardiola donde cargó contra el presidente Rosell, estamos a punto de escenificar un nuevo capítulo de estas divisiones tan habituales que sufrimos en el Barça cíclicamente. La historia del club nos cuenta que ya en la reunión para elegir un nuevo escudo, a finales de la primera década del siglo XX, ya se lió tanto que la idea final surgió cuando Lluís d¿Ossó gritó desesperado “esto es una olla“. O sea, se puede decir que las discusiones también han ido siempre ligadas a nuestro ADN.

Hace años la escenificación de estas divisiones se podía vivir en el Camp Nou, en las asambleas de compromisarios, en algunas cartas al director de los periódicos o entrando por teléfono en varias tertulias radiofónicas. Hoy en día y con las redes sociales al alcance de la mayoría de la gente, la división la puedes encontrar de inmediato en la pantalla de tu móvil.

En 1953 tuvimos un proceso electoral inédito, porque en pleno franquismo se colaron unas elecciones más o menos libres, y fueron hechas en clave de elegir si se quería un Camp Nou o continuar a Les Corts, y con el resultado ya se vio la división: 8.700 votos para Miró Sans por 8.400 para Casajuana.

Desde entonces que si kubalistas o suaristas, e incluso con la derivada de los herreristas, para los que suspiraban por Helenio Herrera.

En el Camp Nou hemos tenido jugadores aplaudidos y abucheados al mismo tiempo: Martí Filosia, Rexach, Carrasco o Salinas.

En 1974 se revivió un poco la historia de Kubala y Suárez, cuando con la llegada de Neeskens salió del equipo esperando la nacionalización, un jugador tan querido como Sotil, y poco después vino la “guerra” Cruyff-Weisweiler.

Con Núñez en la presidencia, en el campo parecía tener tantos partidarios como detractores. Famosa fue aquella pancarta de “María Luisa llévalo al cine” o la creación del Grupo de Opinión Barcelonista, que participaban en tertulias y escribían en los periódicos, en contra del presidente.

Aunque la ruptura más importante se produjo con el despido de Cruyff, la llegada de Van Gaal y la irrupción del Elefant Blau y la moción de censura de 1998, como previa de la presidencia de Gaspart en 2000.

También Laporta tuvo sus problemas cuando al mentir en la asamblea, quería mantener como fuera a su cuñado en la junta, y cuando en 2008 salvó por los pelos y con el apoyo de Guardiola la moción de censura interpuesta por Oriol Giralt.

Y después de cinco años de tranquilidad, ya volvemos otra vez, pero el Barça siempre resiste.

Post publicado en el portal de opiníón 50x7