29 mar 2020

Ir a contenido

Al contrataque

Fin de temporada

Pepa Bueno

Nos vamos. La próxima vez que escriba para ustedes estaremos empezando un nuevo curso político. El verano impone sus ciclos como si nada pasara, parece el PP. Hacemos un esfuerzo de normalidad en medio de la anormalidad porque terminamos un curso con todas las asignaturas suspendidas. Y no sabemos cuándo llegará la repesca, quizá incluso en agosto, ese mes en el que antes nunca pasaba nada. Pero hay precedentes. La Constitución española se modificó a finales agosto del 2011 en apenas 24 horas.

La economía no ha mejorado. Los expertos dicen que la macroeconomía empieza a remontar un par de años antes de que se traduzca en creación de empleo. A esto se refiere el Gobierno cuando ve, él solo, el final del túnel. Pero después de casi seis años esperando un milagro que no llega, nos concederán el derecho al escepticismo cuando el paro no se mueve de los seis millones de españoles, temporada de turismo arriba o temporada de turismo abajo. Sobre todo porque sigue sin haber un modelo de crecimiento, porque se asfixia el futuro ninguneando el I+D+I y nadie explica a qué debemos dedicarnos los españoles para ser competitivos, no se ha producido un reconocimiento expreso del fracaso de las políticas de austeridad y un cambio de rumbo claro para atajar el desastre.

Europa avanza a paso de tortuga en una yincana plagada de obstáculos en forma de elecciones o intereses alemanes.

En España, la crisis política se despeña en el descrédito y en lo que es peor, en la desconfianza. Sin confianza es muy difícil gobernar en democracia. Un partido con 11 millones de votos hace solo 18 meses no puede suicidarse como lo está haciendo el Partido Popular sin que los daños colaterales lleguen lejos.

El entramado

La mentira convive con la democracia salvo que te pillen. Pensar ahora en aquel «váyase señor González» de José María Aznar, cuando uno de los suyos dice que en paralelo se estaba armando, presuntamente, un enorme entramado de tráfico de dinero negro entre empresas, administraciones públicas y dirigentes políticos que podría haberse mantenido hasta hace prácticamente dos días, obliga que alguien convenza a Mariano Rajoy de que hace falta una catarsis. Porque la gota que colma el vaso histórico suele ser pequeñita, como por el ejemplo que el presidente de tu Gobierno, que se presentó ante los ciudadanos como el garante de la ley y el orden, envíe mensajes telefónicos privados de ánimo y le diga que «hacemos lo que podemos» a un señor acusado de robar dinero masivamente a los españoles que depositaron en él, en el emisor de los mensajes de ánimo, su confianza política en tiempos turbulentos.

Es muy difícil gobernar en democracia si se desprecian los instrumentos que le dan sentido a este sistema político, como el Parlamento, la prensa y la necesaria rendición de cuentas ante los ciudadanos.

Nos vamos, sí. Pero a pesar del calendario, este curso en realidad no ha terminado.