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Diversas voces lanzan la propuesta de una candidatura unitaria desde Catalunya para las elecciones europeas de la primavera del 2014. Unas la quieren unitaria del soberanismo y otras de la izquierda plural, pero ambas son ideas que no encajan con la lógica de las europeas. Los catalanes, algunos, tenemos la manía de trasladar a Europa nuestros problemas. Esperamos de las instituciones comunitarias la solución a nuestros males, y las cosas no funcionan así. Cada elección sirve para gobernar una administración o territorio, y mezclar el debate soberanista con los comicios europeos no contribuiría a clarificar sino a confundir. Desde Bruselas se entendería como un órdago estrictamente nacionalista, unaboutadeelectoral confusa, que daría pie a lecturas malintencionadas. Ante unas elecciones tan complicadas para Europa como estas, con la amenaza de las fuerzas populistas y antieuropeístas y el miedo a una gran abstención, el experimento pondría a Catalunya en el mapa de las ocurrencias y enturbiaría la consulta prevista para el 2014.

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¿Por qué una lista unitaria de socialistas críticos con su partido, federalistas de izquierdas e independentistas si en el hemiciclo del Parlament la única alianza más o menos estable es el acuerdo de legislatura entre CiU y ERC? ¿Por qué una candidatura que agrupase el centroderecha nacionalista o soberanista con la izquierda catalanista pasando por los independentistas si en la cámara de la Ciutadella ICV-EUiA y ERC se pelean por el apoyo de los segundos a CiU? Si el eje derecha-izquierda es vigente en Barcelona, aún más en Bruselas y Estrasburgo en una cita electoral marcada por el debate entre el crecimiento y la austeridad.

A Europa se va llorado, no a llorar por muy juntitos que se vaya.