¿Será que a la izquierda le va el rollo pasivo?

"Curioso equilibrio el de la socialdemocracia española ayer que no sangra del pánico que tiene a que pase otra cosa"

Se lee en minutos
Dos manifestantes piden la dimisión de Rajoy frente a la sede del PP en Madrid este martes.

Dos manifestantes piden la dimisión de Rajoy frente a la sede del PP en Madrid este martes. / DAVID CASTRO

Laizquierda política pinchó ayer, y de qué manera. Lo que no quiere decir que no pueda reaccionar hoy y que se nos borre la cara de estupefacción de algunos. Todos fallamos a veces: la calle, las instituciones, los padres, los amantes, los andantes, y 'algún que otro cura despistao', que decía Mecano. No nos rasguemos las vestiduras tampoco. Pero no voy a callarme el inmenso cabreo que me tiene poseído el cerebro desde hace unas horas.

"Estamos y estaremos en la calle". Tantas veces lo he escuchado en los representantes de las siglas que más se parecen al mundo en que una servidora cree y tantas veces he visto que no mentían que la timidez, excesiva prudencia y contención de ayer me dejaron k.o.

No me voy a referir aElena Valenciano, que poco podía hacer ayer la mujer cuando hace quince días elPSOEafirmaba que había que dar imagen de unidad en Europa. "A ver con qué carita salgo yo hoy a pedirle a Rajoy que dimita", debió de pensar la vicesecretaria general socialista mientras se colocaba su sempiterno peinado de mechas ante el espejo. Pidió queRajoy comparezca urgentemente y si no puede explicarse, que se vaya.Un sí pero no que viró hacia un sí un tanto más firme cuando algunos otros líderes de su partido fueron más lejos enTwitter, y lostitularesde la misma comparecencia fueron convenientemente "radicalizados" aproximadamente antes de comer en las ediciones online de los periódicos, que son la droga de muchos de nosotros.

Curioso equilibrio el de lasocialdemocracia española ayer. Y quien dice equilibrio dice pedazo de jardín del que no ven ni la luz al final del túnel. Creo que desde hace unas semanas les pinchamos y no sangran delpánico que tienen a que pase otra cosa (ay la Troika, ay Catalunya, ay Griñán, ay... ) que les haga posicionarse. Y anda que no están ocurriendo cosas. A veces me entran ganas de llevarles un caldito.

Voy a hablar de las voces de los partidos de izquierda que reaccionaron ayer. En el congreso,Cayo Laraafirmó que ya no estamos ante un fraude electoral, sino ante una supuesta corrupción ilegal generalizada del partido. Con la primera,IUlleva meses solicitando ladimisión del Gobierno y laconvocatoria de elecciones. Y ayer, ante las revelaciones de 'El Mundo' de sospechas de recepción desueldos extraoficiales ('ergo' ilegales) del actual presidente... pidió su dimisión de nuevo. Desde una sala de las Cortes y mirando serio, grave, con intención contundente, a la cámara que retransmitía. Y después, se marchó.

En Catalunya fueJoan Herreraquien valoró la actualidad política cuando no estaba previsto que fuera él, pero la gravedad de las publicaciones hizo que así fuera. Relacionó de una forma lógica en el contexto del Parlament lacorrupciónaún presunta del PP con la cuasi condenada deCIUy que aún así parecesin consecuencias. "No podemos encarar esto como si fuese un movimiento más de la actualidad", dijo. Pero acto seguido fue exactamente lo que hizo, al igual que su homólogo Lara en Madrid: pidió la dimisión de Rajoy y convocatoria de elecciones. Como tantas otras veces.

Puedo entender la prudencia de quien ha de medir sus capacidades de réplica y acción. El fracaso en febrero de los ecosocialistas al promover unamoción de censuraen el parlamento español, que no fue tomada en serio ni por sus compañeros de grupo da para pensar. Y para indignarse, mucho. Confieso que éste fue un momento en el que yo dudé seriamente de lahonestidad de la política de partidos. Quéoportunidad perdida para la moción y para bajarme yo de este autobús y gritar a todo pulmón eso que se lleva tanto últimamente de 'todos son iguales'. (¿Pero cómo es que las playas no están llenas de camisetas con el eslogan? Antipolíticos, qué poca visión de negocio tenéis, desde luego).

También comprendo a un Lara que no puede tomar como labrada en piedra bajo arbusto ardiente la exclusiva dePedro J. Ramírez. "Yo solo he cumplido mi deber de ciudadano al hacerlo público". El editor más conspiranoico a este lado del Misisipí lanzó la proclama varias veces a todo aquel que le preguntó, mientras a nosotros se nos cortaba la respiración escuchando su también presunta ausencia de intencionalidad al publicarlo. Pero esto da para otra charla monotemática 'y ya tal', como dijo aquel.

No puedo estar más de acuerdo con la afirmación de que la política no se hace a golpe de 'hashtag', y el pony que nunca existió en lascuentas del PP publicadas de forma anónima son un ejemplo claro de que vale más soltar el teclado (de redes, notas de prensa, artículos, columnas de opinión, entradillas de informativos) y pensar. Pensar mucho antes de actuar.

Y aún así, me he quedado muy insatisfecha. Esto de lapolítica pasiva no va con el momento. Me refiero a ésa que estáal rebufo del bipartidismo, que en lugar de proponer reacciona a lo que los demás hacen, que baila al son de lo que ellos mandan, saltando a la pista central al sonido de los platillos.

Si hay un momento en el que cumplir con la sociedad esahora. Es desde ayer cuando los parlamentos han de ser lapalanca del ciudadanopara mover el eje. Un diputado del grupo Izquierda Plural me decía hace unas horas que no hay que esperar milagros, que a Rajoy o le echan los suyos o le echa la calle. Este político se merece todo mi respeto pero, no puedo estar más en desacuerdo con esta afirmación que, como él mismo me ha aclarado después, merece muchos matices y no son del tamaño de 140 caracteres.

Una vez más, la ineficiencia de las redes sociales para algunas urgencias. Sin embargo, y siendo maquiavélica, respondo a la afirmación inicial: pensemos en Egipto. El pueblo llevó al poder a un dirigente que les olvidó automáticamente y que, abandonado por el resto del arco parlamentario, ha tenido que dejar que pasen los tanques a intentar deshacer el desastre con un futuro de lo más incierto. Lo ocurrido ahí es la aberración máxima de la democracia, ladisociación del pueblo y los políticos que le representan llevada a consecuencias dramáticas. Y la salida en este caso en concreto es muy peligrosa, poco tiene que ver con una sociedad civilizada, y no augura nada bueno.

Entiendo que haya mil y una circunstancias geopolíticas, históricas y culturales que invaliden la comparativa. Era solo un ejemplo del estupor que me producen algunasrelaciones deformesentre ciudadanía y parlamentos.

Volvamos a lo nuestro: ayer mismo hubo45 convocatoriasen diversas ciudades, de forma improvisada parasolicitar la dimisión del Gobierno y la convocatoria de elecciones. Era lo mismo que la izquierda había solicitado, lo habíamos visto todos en el Telediario.Ningunafueespecialmente numerosa y en ninguna vimos a representantes de la política parlamentaria. Si creyeron que con sus discursos ante los micrófonos habían cumplido, se equivocaron.

Imaginad por un momento que hubieran estado, que desde sus plataformas (sus partidos, vaya) hubieran apoyado estasmovilizaciones. No ayer. Hoy también. Mañana. Pasado mañana. Cada día, desde ayer y hasta que se consigan cosas. Para empezar, apoyo masivo a las movilizaciones, repercusión mediática inmediata, nacional e internacional. Repito: no ayer. Hoy también. Mañana. Pasado mañana. Los que hablan en el pleno, en la calle. Cada día.

Imaginad otro momento en el que los partidos de izquierda y sus representantes, aún minoritarios pero con muy buenas perspectivas, deciden que desde ayer hayun único punto como orden del día. Que sin desatender a los demás temas -porque es su responsabilidad también y se puede hacer, ellos saben cómo-, dedican cada minuto de sus tiempos parlamentarios ante los micrófonos apedir el cambio de gobierno. Ellos sí pueden acordar una moción de censura que aunque no prospere, cambie mentalidades como por ejemplo, Felipe González frente a Adolfo Suárez en el 80 -aquícuento cómo-.

También pueden pedir insistentemente unamoción de confianza y que Rajoy tenga la obligación de defenderse ante todos, o bloquear votaciones para forzar de nuevo el discurso, abandonar el hemiciclo para visibilizar lafalta de credibilidad de un Gobierno sobre el que sobrevuela la sospecha de estafa generalizada... Ni siquiera hace falta eliminar el adjetivo de presunto para llevar a cabo estas acciones. Y a la vez estar en la calle. No ayer. Hoy también. Y mañana. Y pasado mañana. Cada día.

Si no es éste el momento, ya no lo habrá. La gravedad manda. También es ahora cuando la ciudadanía que reclama el mantenimiento delEstado del bienestar ha de reconocer a los suyos en el Congreso y estar detrás, delante y en medio apoyando, dialogando y no asimilándolos a los que les son ajenos, a los que pretendemos echar. Y no ayer porque un diputado 'tuitstar' lance una frase lapidaria aquí o allá. También hoy, mañana, y pasado mañana, cada día.

Lo que viayer no me gustó nada y me hizo temblar. Cual virgen en Delfos visualicé un futuro inútil en el que la calle intentaba lo que sola no podía y laizquierda política no hacía lo que debía, atrapada en la telaraña institucional que decía controlar y temerosa de resultar tan radical que no pudiera superar su techo de voto en unas elecciones que no terminaban de llegar.

Si finalmente es cierto que nos va el rollo pasivo en esto tal y como están las cosas, estaremos todos muertos como en la película de Amenábar, y será entonces verdad que nuestros políticos, los que empezábamos a sentir propios por fin, también serán 'Los Otros'.

Te puede interesar

ElBlog de Merche Negro

@pintiparada