03 abr 2020

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Cortázar íntimo e inédito

Pepa Roma

"No sólo no obtuvo el Nobel de Literatura, si no que conocería hasta el final las estrecheces de vivir de su escritura"

Si Gabriel García Márquez es el único caso conocido en el que convergen máxima popularidad y potencia literaria, Julio Cortázar, el otro gigante de la literatura latinoamericana, es, por el contrario, el ejemplo de que raramente ambas cualidades coinciden en el mismo escritor. A pesar de ser considerado por muchos el máximo exponente del llamado boom latinoamericano, no sólo no obtuvo el Nobel de Literatura, que catapultaría a sus dos compañeros de generación García Márquez y Vargas Llosa a éxitos de ventas y una proyección mediática orquestada por agentes y editoriales que se ha extendido a otros compañeros de generación, sino que conocería hasta el final las estrecheces de vivir de su escritura. Es una de las muchas sorpresas que me deparó tener el privilegio de conocer al escritor a través de la copiosa e inédita correspondencia que intercambió con nuestra común amiga, la poeta cubana Isel Rivero, lo que no hace sino engrandecerlo en el Año Cortázar, con motivo del 50 aniversario de la publicación de Rayuela.
Isel Rivero guardaba estas cartas como uno de sus más preciados tesoros, junto con un relato, 'Prosa del observatorio', que el escritor argentino no había publicado; los que me sirvieron para componer un reportaje que aparecería en 'El País' el 25 de enero de 2004 con el título 'Cortázar íntimo'.

"Estoy 'tapao' por el trabajo" o los esfuerzos para sobrevivir

Para mí Cortázar no era solo un representante más del boom, y por tanto de obligada lectura para mi generación, si no aquél del que había bebido más directa y apasionadamente.

He leído no menos de cuatro veces 'Rayuela'. Unas porque estaba triste, otras porque estaba alegre, otras simplemente para tratar de desentrañar su construcción y su lenguaje, los recursos del escritor para conseguir la transustanciación de la realidad en literatura, lo que haría de Cortázar un monstruo literario y, desde luego, uno de los escritores que más han influído en mi posición vital y en mis inicios literarios, a los que mi novela 'Mandala' debe mucho.

Por ello, lo que más me sorprendió y a partir de ese momento se convirtió en un motivo de reflexión constante fue descubrir cómo diez años después de que 'Rayuela' se convirtiera en el libro más famoso y emblemático de los años 60 y Cortázar en la figura más destacada de la época, se viera obligado a ganarse la vida haciendo traducciones y buscando trabajos como revisor de textos en organismos internacionales como la UNIDO, la Atomic Agency o la UNESCO, uno de los temas que reaparecen en las cartas a Isel, en aquel momento funcionaria de una de las agencias de las Naciones Unidas destinada en Viena, interesándose por traducciones.

"Estoy 'tapado' por el trabajo que supondrá mi visita a Oklahoma, donde además de dos conferencias tengo que intervenir en cinco reuniones con estudiantes, cada una sobre un libro mío. Nada de esto es broma, y me paso el día leyendo y trabajando sobre el asunto, porque yo no tengo ideas sino imaginación, y armar una conferencia o una exposición sobre un tema me cuesta horrores", escribe en otra de sus cartas, contando los esfuerzos que requieren de él toda una serie de actividades para redondear sus ingresos de escritor con cursos y conferencias.

La nutrida correspondencia entre la poeta cubana y el escritor argentino, que a día de hoy permanece sin publicarse, se extiende a lo largo de seis años, de 1970 a 1976, tantos como los que duró su estrecha amistad.

Julio Cortázar e Isel Rivero se conocen en 1969 en Viena, ciudad a la que el escritor argentino acude a trabajar como traductor para una conferencia de la Agencia Internacional de Energía Atómica y donde la poeta trabaja para la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI).

Cortázar desconfía de la fama

A pesar de su fama, recuerda Isel, "ambos teníamos que escribir por las noches o en los trenes. Aprovechábamos también nuestros viajes para escribir".

Lo que hace de Julio Cortázar un ejemplo de resistencia literaria digno de ser recordado en estos momentos en los que son legión los que se lanzan a escribir libros e incluso a autopublicarse, atraídos por la ilusión de la fama, el prestigio y el dinero que asocian a la profesión de escritor, al tiempo que otros escritores reconocidos o apreciables abandonan con la sensación de fracaso al no cumplir con las expectativas de ventas y proyección mediática.

Cortázar desconfía de la fama. En noviembre de 1970 cuenta en una de sus cartas cómo ha sido su última experiencia en Chile y Argentina, donde ya es un autor muy conocido:

"Fue bello y horrible a la vez, me sentí a la fuerza ese otro que soy allá, el autor 'cé-le-bre', el tipo que no puede salir a la calle sin que se le echen encima para pedirle autógrafos --el quinto Beatle, qué horror--. París es de nuevo una isla, el anonimato maravilloso, pero ahora sé, por razones muy serias, que deberé volver a la Argentina a pasar por lo menos dos meses DANDO LA CARA, es decir, aceptando entrevistas, mesas redondas, ayudando a los míos en su lucha contra los gorilas. Y será duro, y saldré perdiendo en mí mismo lo que acaso haga ganar en otros terrenos".

En la misma carta se refiere a su paso por Chile como "un nuevo capítulo del acoso, del amor barato del público".

Si no hubiera sido por su solidaridad con las izquierdas de Latinoamérica y eso que él llama "circo del deber político" dificilmente lo habríamos visto ante un micrófono, reconoce el mismo Cortázar antes de ese viaje a Chile donde va en octubre de 1970 a la toma de posesión de Allende, invitado por la Sociedad de Escritores de Chile:

"Es una solidaridad política que creo fundamental en mi caso, en la medida en que ese gobierno es (o trata de ser) el primer gobierno de línea socialista en el 'Cono Sur'... Personalmente odio cada vez más la política, pero también a los gorilas y a los americanos; ya ves, Isel, que no tengo otra opción salvo la de meterme en mi casa (y que sigan los genocidios, etc., el viejo sistema del avestruz)".

El compromiso político con el Chile de Allende y Cuba

Es el compromiso político lo que ocupa gran parte de su tiempo y sus preocupaciones, sobre todo, a partir del golpe contra Allende en Chile en septiembre de 1973.

Recibe y ayuda a exiliados chilenos que llegan a París. Viaja constantemente a Argentina, Chile, Ecuador, Perú, Brasil, Cuba. Da conferencias, cursillos, uno de ellos en Cuba, previsto en diciembre de 1971, "para hacer un seminario sobre el cuento, paralelo a otro que hará Vargas Llosa sobre la novela. Los dos aceptamos esa invitación porque es lo mejor que podemos darle a la revolución".

Eran tiempos en los que Cuba todavía suscitaba el apoyo de la mayor parte de intelectuales, a pesar de que había ya poetas represaliados. Una posición con la que está en desacuerdo Isel Rivero, quien, a pesar de destacar como joven promesa de la poesía cubana, había escogido el camino del exilio. "Eso fue motivo de divergencia y terminará por distanciarnos, especialmente después del caso del poeta Heberto Padilla", reconoce Isel.

El mismo Cortázar es consciente de esas divergencias cuando acusa a su amiga en una de sus cartas:

"Siento que los árboles no te dejan ver el bosque, en todo caso en lo que se refiere a tu país: Sin la revolución cubana, con todos sus defectos y falencias y tonterías y machismos baratos y lo que quieras, no podríamos ni siquiera abrir la boca en América Latina... y aunque puedo coincidir con vos en que las cosas que me muestras son malas y condenables y hay que condenarlas... creo también que tú y muchas otras personas honestas e inteligentes harían mejor en arrimar el hombro a lo positivo, que es mucho y visible, en vez de mostrarse hipersensibilizados a lo negativo"

Sobre los intelectuales "aferrados a sus caducos privilegios"

Las diferencias en el posicionamiento político lo van distanciando también de otros intelectuales previamente comprometidos con Cuba y las izquierdas, como el propio Vargas Llosa, y a los que acusa de tomar el camino fácil:

"Vuelvo de México --escribe el 4 de abril de 1975-- y si casi no vi a gentes como Octavio Paz o Juan Rulfo, en cambió discutí horas y horas con estudiantes el problema chileno y el cubano, y creo que fue mejor. Cada día siento más que los "intelectuales" se aferran a sus caducos privilegios y que pocos de ellos encuentran la manera de no perderse como intelectuales a la vez que hacen algo positivo en otro plano".

Las diferencias políticas, sin embargo, nunca nublaron el aprecio de Cortázar por otros escritores. "Julio era alguien muy generoso, siempre se prestaba a ayudar a todo el mundo, nunca le oí hablar mal de ningún escritor, ni de Borges, a pesar de sus ideas políticas. De él decía: 'es de derechas pero un viejito fascinante'", asegura Isel.

También en sus cartas, Cortázar habla mucho de otros escritores, a los que lee, con los que se encuentra.

Sobre sus amigos los "cronopios"

"Me voy el 24 a Barcelona, para quedarme hasta fin de año con García Márquez, Vargas Llosa y, espero, Carlos Franqui entre otros cronopios", escribe en diciembre de 1970. Eran tiempos en los que Carlos Barral reunía en torno a su editorial a lo más granado de los escritores españoles y latinoamericanos, lo que llevará a Cortázar de nuevo a Barcelona en la primavera de 1972 para hacer de jurado del Premio Barral:

"Aunque odio ser jurado, había que darle una mano a Barral que tiene toda clase de dificultades desde que se separó del grupo de Seix", escribe el 20 de junio de 1972.

De algunos escritores habla con verdadera fascinación, como de Robert Graves a quien visita en la primavera de 1972 en Mallorca:

"Está muy viejo pero lleno de malicia... Como no le dieron el Nobel habla mal de todo el mundo, dice que Neruda es un asco y que Borges lo hace dormir de pie, todo eso con una chispita de broma en los ojos; un viejo encantador, y para mí, siempre, el hombre que escribió 'I, Claudius' y tanto poema memorable".

Isel es otra de sus 'cronopios', además de una poeta ante la que Cortázar se rinde:

"Nadie podría escribirla como tú, pero muchos podríamos firmarla".

No sólo anima constantemente a su amiga a escribir, también hace numerosas gestiones con Félix Grande en Ocnos y Cristina Peri Rossi en Lumen para que su amiga sea publicada en España. Una aspiración que la poeta cubana culminará años después con la publicación por Endymion de una antología de su obraI que lleva por título 'Relato del horizonte'.

Cortázar tierno y lúdico

Osito, osezna, oseznita, iselísima, son apodos con los que Julio Cortázar iniciaba todas sus cartas a la que durante años fuera su amiga del alma. Cartas en las que el escritor argentino se revela como una persona de una ternura alegre y exquisita, plagadas de neologismos, juegos de palabras, poemas visuales, dibujos, y que nos muestran muchos aspectos inéditos de su persona. Porque Julio Cortázar, aún siendo uno de los escritores más estudiados por las universidades de medio mundo, y acostumbrado a dar la cara en todo tipo de actos que tuvieran por objetivo la condena de las dictaduras del continente latinoamericano era, como recuerda Isel Rivero, "un hombre reservado y tímido en lo personal".

Isel tenía 27 años y el escritor, con 58 años, estaba separándose de su primera mujer cuando se conocieron. "Cortázar me fascinó desde el primer momento. Era una persona entrañable, con mucho sentido del humor y cultísimo. Tanto podía hablarte de música, como de historia, pintura o literatura".

Las cartas que su amiga ponía en mis manos no sólo me revelaban aspectos inéditos del escritor sino que me ayudarían a comprender uno de los secretos que hacen grande a un artista.

El escritor no nace de la técnica, ni de teorías literarias --a pesar de que pocos autores nos han dejado un cuerpo de crítica tan interesante y extensa como Cortázar, recogido en tres volúmenes publicados por Alfaguara--. La técnica surge de la necesidad que cada obra plantea al escritor y no al revés, y la teoría de la idea que uno se hace de ese mundo imaginario que va explorando.

El escritor es la expresión de un mundo personal que lleva con él, el que da la medida de su genio y grandeza.

Es algo que tendría ocasión de constatar al conocer personalmente a García Márquez, alguien en el que puedes oir a Colombia narrarse a sí misma cuando habla, que transpira literatura pura, pero que en realidad yo había descubierto por primera vez en esas cartas de Cortázar.

La propia vida en la literatura de Cortázar

Así, por ejemplo, nos encontramos con que la camioneta, los viajes y el cariñoso mote de 'osa' que dedica a Isel están transferidos al personaje femenino de 'Los autonautas de la cosmopista'.

Él mismo revela en otra carta que uno de sus cuentos, 'Lugar llamado Kindberg', aparecido en el volumen que lleva por título 'Octaedro', está inspirado en su relación con Isel:

"Dime enseguida si te llegó o no; si alguien quería yo que lo recibiera antes que nadie eras tú, Osezna, puesto que hay ahí un cuento que te guarda enterita, con miel y piel y pelusitas y gruñidos y fuego en la chimenea y vino blanco". En otra carta le dice a propósito del mismo cuento: "Mi cuento es cruel y penoso para mí, en la medida en que me identifico con Marcelo como identifico a la chica chilena contigo".

El intercambio de manuscritos y críticas llevará también a que Cortázar envie a Isel en junio de 1971 el relato inédito que lleva por título 'Prosa del Observatorio', y en el que se contrapone la experiencia que tienen de su mundo las anguilas del mar del Norte con la visión que nos ofrece del universo el observatorio astronómico construido en Jaipur por Jai Singh, una muestra de esa realidad mágica que no es otra que la particular mirada literaria que caracteriza al escritor.

También el intercambio de discos y las referencias a la música son constantes, sobre todo su afición al jazz que le llevará a tocar la trompeta y a considerar a Satchmo (Louis Armstrong) como alguien determinante en su vida. Aunque también tiene palabras de condena para Yoko Ono "la jodida japonesa que no sé por qué te gusta tanto. Yo te agradezco mucho el disco, pero no veo porque la gratitud debe incluir la mentira, ¿verdad? ... Esa nena no tiene ningún talento, sus canciones son en general muy latosas y chatas, aparte de que su voz, antes de la invención del micrófono, habría pertenecido a la categoría de las cosas inexistentes".

Viajan como dos exploradores

Además de la literatura y la música, también unió a los dos amigos la pasión por viajar y, sobre todo, viajar de una cierta manera que Isel describe "como exploradores". "Teniamos la fantasía de que éramos Stanley y Livingstone en Europa". De forma que a su mítica Volkswagen "camping", con la que recorren los castillos de Baviera, Cortázar le pondría el nombre de Fafner, personaje de ópera, en honor a Wagner, al que ambos admiran.

Desde el primer momento su relación está marcada por los viajes. A su primer encuentro en Viena seguirán otros en distintas ciudades donde planean encontrarse, como Siena, Florencia, Venecia, Múnich, así como el intercambio de visitas en París y Viena, donde cada uno reside. Y a todos ellos antecede y sigue una nutrida correspondencia plagada de comentarios sobre los lugares que juntos han visitado o han de visitar.

"¿Cuándo te veo, cuándo jugaremos de nuevo a tantas cosas?", le escribe Cortázar recordando el carácter lúdico de sus encuentros.

Las "épocas de pozo" del escritor

Cortázar no sólo era un hombre culto, conocía bien las penalidades del escritor.

"Trabajo como un forzado... escribo poco y sueño mucho", escribe en enero de 1972 refiriéndose a la difícil "tarea de terminar una novela dos veces interrumpida". "Sé por amarga experiencia de épocas de pozo", escribe en octubre del mismo año cuando está corrigiendo ya las pruebas de lo que será 'El libro de Manuel'.

El escritor que, por esa época, además de su novela más importante, 'Rayuela', ha publicado ya otras como 'Modelo para Armar' y buena parte de sus cuentos, habla en varias de sus cartas de 'El libro de Manuel', al que inicialmente da el título provisional de 'El alerón', interesándose por el parecer de Isel.

"Siempre le había dicho que tenía que desnudarse más y poner en su literatura más de sus experiencias íntimas. Cuando le dije 'lo has logrado' se puso muy contento", señala Isel.

"Me conmueve mucho, créeme, lo que me dices de Manuel. Tú sabes ver tantas cosas que se les escapan a otros, especialmente a los 'wise men'". Valía la pena haber escrito el libro para alguien como tú", le escribe Cortázar en septiembre de 1973.

No parece confiar mucho, sin embargo, en la recepción que la novela tendrá en Argentina, donde Editorial Sudamericana había publicado por primera vez 'Rayuela' el 28 de junio de 1963.

'El libro de Manuel' "va a desencadenar un doble y previsible ataque de los eternos sectarios de izquierda y de derecha; los primeros entenderán que no soy 'respetuoso' al escribir sobre cuestiones políticas, y los segundos lamentarán que haya dejado de inventar ficciones puramente fantásticas. Por eso quiero estar allí, pero volveré, sin duda 'a wider and a sadder man', pero eso es la regla del juego".

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