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Fragmento de La Sexta Noche, sobre Bárcenas y ’El Mundo’ / LA SEXTA

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Apasionante situación la que se consiguió la madrugada de ayer enLa Sexta noche: entró por teléfonoPedro J. Ramírezpara dar algunas pinceladas de su notable exclusiva enEl Mundo («Cuatro horas con Bárcenas») y al concluir su intervención se produjo entre los opinadores y debatientes allí congregados una excitación colosal. Les entró un frenesí bárbaro. Se increpaban, el presentadorIñaki Lópeztenía que hacer grandes esfuerzos para sosegarlos, había entre ellos una aparente y sonora discrepancia pero, no obstante, nosotros, desde el sofá de nuestros domicilios, descubrimos enseguida que aquel ruido, aquel enfrentamiento, en realidad no era tal. Si las estimables criaturas que debatían se hubiesen tomado la molestia de escucharse, en lugar de estar pendientes de arrebatarse la palabra, se habrían dado cuenta de que, aun estando en trincheras enfrentadas, decían exactamente lo mismo sobreBárcenas. Aunque usaban atajos y razonamientos distintos, llegaban a la misma conclusión: que excepto los famosos papeles y anotaciones que publicóEl Paíshace ya meses, ningún otro dato comprobable, documentado, ha filtrado Bárcenas; que nada ha enseñado de las nueve cajas de documentos que se llevó de la calle Génova; que en sus encuentros con periodistas da opiniones muy sabrosas -le cuenta aPedro J.que ha mantenido reuniones y conversaciones conRajoy-, pero no enseña documentación ni datos. De modo que todos los admirables debatientes del plató deLa Sexta nochellegaron a la misma conclusión sin haberse puesto de acuerdo: queBárcenas tiene una manta pero que no sabemos si va a tirar de ella de verdad, dando documentación y datos, o si solo está usando esa manta para negociar su salida del atolladero, y pactando también el blindaje de su esposa, tomando como modelo el caso de la infanta. ¡Ahh! La percepción que hemos tenido los espectadores de esta interesante reunión o debate televisivo, incluida la conversación telefónica conPedro J., es queLuis Bárcenasno solo es un elemento de una inteligencia notable, sino que posee una rara habilidad: utiliza el periodismo como caja de resonancia para su estrategia personal.

Enseña la manta, la puntita nada más, pero no tira de ella. Amaga. Ahora solo falta saber si la cúpula del PP, que debe estar con un ataque de nervios letal, acabará comprando la manta. Para guardarla. Para ponerla a buen recaudo.