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Fallecido en combate

Ramón de España

En el mundo del cine hay estrenos muy tristes. Fijémonos en el de After Earth, la última película del en tiempos interesantísimo M. Night Shyamalan, que llega a nuestras pantallas directamente muerta: en Estados Unidos ha sido masacrada por la crítica e ignorada por el público, circunstancias que confieren un punto heroico a sus protagonistas, Will Smith y su hijo Jaden, que se enfrentan a la promoción con una alegría digna de mejor causa. La verdad es que da algo de grima verlos sonreír mientras nos intentan vender una burra coja, tuerta y de malas pulgas que, no contenta con ello, ha costado la friolera de 130 millones de dólares. El director, con muy buen criterio, se ha quedado en casa, dudando, seguro, entre cortarse las venas o dejárselas largas.

Shyamalan triunfó a nivel mundial con El sexto sentido, una película que también podría haber pasado inadvertida, pues su tono pausado era insólito en un supuesto blockbuster y sus preocupaciones metafísicas también. Con su siguiente obra, El protegido, tuvimos la impresión de que había logrado una hazaña al alcance de muy pocos: imponer su visión de las cosas a la industria de Hollywood y rodar siempre lo que le apeteciera. Ya se sabe que si te quedas fuera acabas como David Lynch, en el paro; y si te quedas dentro, a menudo acabas haciendo películas correctas, pero que podría dirigir cualquiera, como las últimas de David Cronenberg; quedarse dentro haciendo lo que se te antoja es el chollo máximo, y a él parecía haber accedido nuestro hombre.

Pero las cosas no tardaron mucho en torcerse y así llegamos a After Earth -tras algunas obras menores, aunque interesantes, como El bosque o El incidente-, que el viernes era destrozada por toda la prensa catalana. Yo no pienso verla. A lo sumo, me volveré a tragar en casa El sexto sentido o El protegido, películas de cuando parecía que el pobre Shyamalan se iba a salir con la suya. Igual completo el programa con algo de Andrew Niccol, el autor de Gattaca y El señor de la guerra, que empieza a deslizarse por el mismo sendero destructivo que el director de la invendible After Earth.