Ir a contenido

MIRADOR

El error de Floriano

Rosa Paz

Mientras la presidenta del PP vasco, Arantza Quiroga, advertía ante la plana mayor de su partido -Mariano Rajoy, incluido- que «la militancia está asqueada» por las cosas que se van conociendo de la trama Gürtel y el caso Bárcenas, el portavoz del PP, Carlos Floriano, se quejaba de la investigación judicial, que dirige el magistrado Pablo Ruz, por considerarla «una causa general», basada en «insidias». Floriano ya había abundado en la misma línea en una entrevista radiofónica la pasada semana, pero el lunes lo hizo oficialmente en la sede del PP de la madrileña calle Génova.

Así que, ahora, cuando se tienen noticias irrefutables -resultado de las comisiones rogatorias solicitadas a Suiza por la Audiencia Nacional- de los 47 millones del extesorero en bancos helvéticos, cuando el juez ha expulsado al PP de la causa por entender que más que la acusación ejercía la defensa de su exresponsable de finanzas, cuando hay dirigentes del PP que han admitido que recibieron cantidades de dinero que aparecen en esos papeles que Rajoy calificó de «apócrifos», cuando se ha reconocido el cobro de sobresueldos como «gastos de representación», ahora es cuando la dirección de los populares pone a Floriano ante los micrófonos para denunciar una especie de persecución judicial, «buscando delitos», con el único objetivo de perjudicarles.

Parece claro que en su primera intervención en Madrid como presidenta del PP vasco, Quiroga demostró estar mucho más próxima al sentir de los ciudadanos que algunos dirigentes de la cúpula. Desde luego lo hizo cuando afirmó, por ejemplo, que el caso le parece «vomitivo» y también cuando explicó su sorpresa al descubrir que mientras a los populares vascos les temblaban las piernas al entrar a sus sedes porque se jugaban la vida haciéndolo, en Madrid había algunos que jugaban a otras cosas. Ella no lo explicitó, pero vistas las cuentas de Bárcenas y de otros imputados en Gürtel, parece que esos otros jugaban a hacerse ricos. Es una impresión que comparte la militancia popular y buena parte de sus barones, que se preguntan cómo pudo ocurrir todo lo que se está apareciendo en el sumario de la Audiencia Nacional y durante tanto tiempo sin que nadie supiera nada, hasta que un concejal de Boadilla del Monte decidió denunciarlo, tirando de un hilo que no se sabe hasta dónde puede llegar.

Si nunca ha sido una buena estrategia para los partidos hacerse pasar por víctimas cuando se investiga su supuesta corrupción, en estos momentos de descrédito y desafección lo es aún menos, porque a la ciudadanía que sufre en sus bolsillos las consecuencias de las políticas anticrisis le irrita tanto el conocimiento de comportamientos corruptos como la resistencia a admitirlos.