Mi Sant Joan, tal cual

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’Mi Sant Joan, tal cual,’ post de Merche Negro.

’Mi Sant Joan, tal cual,’ post de Merche Negro.

Hoy hace justo un año estaba "aquí mismo", como diría E.T con el dedo apuntando, a unos metros exactos de distancia de donde estoy ahora, sentada al ordenador de mi piso en Poblenou. El 24 de junio de 2012 podíais verme en la acera de enfrente, con el contrato de alquiler firmado y mirando el balcón del que sería mi hogar a partir de agosto.

Quemar lo viejo y brindar por lo nuevo.

Por las rendijas de los portones veía a una mujer tender la ropa. Intenté imaginar que era yo pero fue difícil teniendo en cuenta su pelo rubio y sus piernas interminables de noreuropea. Sonreí sabiendo que a ella le quedaban pocas semanas y que yo empezaría otra vida en lo que para ella era un apartamento de vacaciones.

Tan ensimismada estaba con estas nimiedades que no me había dado cuenta del día que era hasta que en las pastelerías de la rambla vi que se repetía el cartel: "Hay coca". Tardé cinco minutos en dejar de visualizar escenas truculentas de vecinos viciosos: al poco y para mi tranquilidad supe de qué me estaban hablando. Compré una y la metí en la maleta para que mi hija la probara en Madrid.

Ha pasado un año, solo uno, y muchas cosas dentro y fuera de esa terraza. Y hoy es Sant Joan otra vez, solo que esta vez ya no me es ajeno. Lo pasaré en el que es mi segundo barrio preferido de Barcelona: Gracia. De vez en cuando coqueteo con sus calles y me siento culpable al rato. Vuelvo corriendo a mi amor urbanístico de calles antiguas, naves industriales, historia de luchas y las imperturbables chimeneas de más de cien años que se ríen arrogantes de la torre Agbar y sus excentricidades colorísticas.

Hoy cenaré con amigos y vecinos, algunos conocidos y otros por conocer. Aguantaré los petardos estoica y aspirando la pólvora que dicen es adictiva --lo supe hace poco persiguiendo a un drac que me invitó a esconderme bajo sus bengalas--, y buscaré en los oscuros de alguna calle a la Encantá, esa mujer de largos cabellos que aparece solo la madrugada del 24 de junio desde hace siglos. Unos dicen que es un hada, otros una princesa mora que se enamoró de un cristiano a destiempo y sin permiso y fue condenada a vagar por Euskadi, Cantabria, Castilla y Andalucía buscando quien la libere. Pero nunca ocurre porque los labriegos que pasan, los viajeros que despistados la encuentran, observan de lejos fascinados la escena en la que ella se peina despacio, con ritmo y elegancia. Sin embargo cuando la bella les pregunta si quieren desencantarla, si prefieren el peine de oro o a ella, generalmente prefieren el oro o salen despavoridos, convencidos de que ella es tóxica y es mejor correr y no mirar atrás.

Aquí en Catalunya no se conoce mucho esta leyenda, parece mas una historia castellana que bajó con los años por Despeñaperros y viajó hasta las Américas en barco desde Cádiz. Pero no se despisten, esta mujer va buscando nuevos ojos que la libren de la maldición, quien dice que no se haya hartado de probar siempre en las mismas cuevas y parajes.

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Quemar lo viejo y brindar por lo nuevo. Es una decisión, quizá temeraria. Y quién sabe lo que viene después, y cómo sabemos que el pasado no volverá a enredarnos con sus condicionales, cuándo volverá la diosa "Ysi" --que no Isis-- con sus preguntas venenosas: "¿Y si yo dijera, y si yo hiciera esto o aquello...?". ¿Decidiremos tirar al fuego lo que no nos sirve aunque por costumbre nos cueste soltar, sonreiremos al fin a lo que no conocemos casi, y que sin haberlo buscado nos invita a bailar?

Feliz verbena a todos.