TÚ Y YO SOMOS TRES

El hombre que no parpadea

1
Se lee en minutos

Tú y yo somos tres. El billete de Ferran Monegal.

El suceso es escalofriante. Unos niños pequeños,Ruth y José, fueron presuntamente asesinados por su propio padre en un macabro artilugio en forma de horno. Es espeluznante. Es estremecedor. Provoca horror. Pero ha comenzado el juicio aJosé Bretón-el presunto parricida- y la atracción televisiva que concita este acusado es directamente proporcional al desprecio que genera. La personalidad de este sujeto atrae poderosamente a la tele. Desde las áreas de informativos de todas las cadenas, hasta los programas de entretenimiento,José Bretóndeclarando en la Audiencia Provincial de Córdoba se ha transformado en el tema estrella. Su actitud, su manera de actuar, es un imán para la tele. Las cadenas se pueblan de criminólogos, de psiquiatras forenses, de abogados penalistas, de analistas de los gestos, de estudiosos de la comunicación verbal y no verbal, y de batallones de opinadores, esos habituales de los platós que un día tocan el 'caso Bárcenas', otro día el 'caso Nóos', otro los 'Eres andaluces', otro las 'Participaciones Preferentes', y ahora toca el 'caso Bretón'. Es el tema estrella. Hay que rellenar horas y horas de televisión. He observado en estos teledebates y telereuniones que, cuanta mayor es la preparación jurídica del opinador, más claro tiene que el acusado es un ser abyecto, pero dudan de que se produzca un veredicto nítido de culpabilidad por la escasez de pruebas concluyentes. Si el opinador no es especialista, es decir, es un tertuliano habitual de los platós, su veredicto es inmediato: ¡culpable, culpable sin discusión, cadena perpetua! O sea que la inquietante imagen deBretóndeclarando en el juicio ha provocado una impresión todavía más negativa sobre él. En 'Informe semanal' (TVE-1), por ejemplo, en un momento dado del juicio, congelaron el rostro del acusado, le dieron un tratamiento de color que resaltaba su tétrica y torva mirada, y la ilustraron con el siguiente rótulo:«La cara del mal». Y salió el prestigioso psiquiatra forenseJosé Cabreray advirtió:«Es un individuo que nos tiene impactados por esa mirada fría, y por su no parpadeo», y añadió:«No se puede evitar el parpadear, ¡pero él lo hace! Cuando un espectador ve esa cara, ¡da miedo!».

Efectivamente. El gélido estatismo deBretón, y esa mirada sin parpadeo, como de serpiente, aterroriza.«¡Culpable!»también gritábamos nosotros en casa. ¡Ah! Peligrosos veredictos cuando a los televidentes nos transforman en jueces.