Del sorpasso al fracaso solo hay un paso

Se lee en minutos
Barómetro de primavera del GESOP.

Barómetro de primavera del GESOP.

No soy ni mucho menos la más indicada para hablar de encuestas electorales. Las miro con muchísimo recelo, y ese recelo que os debo os lo voy a explicar: Tengo una causa propia y una ajena. La propia es una experiencia colectiva hace ya más de dos años en un hotel donde un partido se concentraba para seguir una noche de esas de infarto, con unos datos en los corazones (y en Andorra) de lo más halagüeños. Porque claro, en el mundo de la demoscopia se alcanzan niveles de neurosis tal durante las campañas que se justifica leer los diarios de allá como si fueran los diez mandamientos de Moisés y que este hubiera bajado de la montaña con dos radiocasetes duty free en un brazo y la verdad sobre las preferencias de millones de votantes en el otro. En el principado se hacen "trampitas", al no estar sometidos a la Junta Electoral y se pueden publicar sondeos hasta el último día, que de repente son los únicos correctos, la verdad absoluta revelada ante el arbusto ardiente... Y no, claro que no. Aquella hora terrible entre las 20 y las 21h en que salieron los primeros resultados a pie de urna fue dramática. Me fui al baño de la planta baja, me miré profundamente a mis propios ojos que tenían la distancia focal puesta en el infinito y pronuncié unas sabias palabras ante el espejo: "#¡Fglm#|!&ff$!# Andorra, nunca más!!".

La historia ajena viene más de observar cómo se elaboran estos sondeos de opinión. Difícilmente sobrepasan los 1.000 encuestados, quizá durante las últimas semanas de las campañas algún gran medio se anima y contrata un espectro de unas 3.000 llamadas. Y fijaos que el INE nos dice que hay más de treinta y cuatro millones de votantes en el estado español, de ellos 4,5 en Madrid, 6,2 Andalucía o 5,3 en Catalunya pero qué más da: esos 800, 1.000 o 3.000 deciden tendencias. Y lo hacen, porque no están elegidos al azar. No seré yo la que tire por tierra el trabajo de estadistas y expertos en la materia, viniendo además del mundo de la televisión donde 3.500 audímetros colocados estratégicamente nos hacen temblar cada mañana a las nueve en punto, y mueven millones de euros en publicidad de una cesta de huevos a otra -que de esto se trata, en definitiva-. El ciudadano que tiene el bastón de mando en estos casos, ¡ay la política, ay los medios!, es un espécimen mejorado sí, con las características perfectas para definir gustos y preferencias.

¿Nos lo creemos? A medias. Porque yo que estoy rodeada entre otros, de periodistas expertos en política parlamentaria, politólogos obsesos y aún más te digo, políticos en ejercicio activo, cíclicamente soy testigo de una escena tremenda y desasosegante: cada vez que Metroscopia, Sigma 2, GESOP, GAD 3 o Celeste Tel hablan, estos especímenes que cito se transforman cual gremlins y se adhieren a un teclado durante horas, días y si hay controversia en los datos, semanas. Fijan su mirada en las más de sesenta páginas de los pdfs y van inoculándose la dosis diaria de droga: primero datos generales, después desglose de cifras por sectores de población, municipios, trasvase de unos partidos a otros, valoración de líderes¿ un aprobado es causa de confetis en twitter -virtual, nadie lo paga, tranquilos-, un índice de simpatía positivo en votantes del partido contrario es orgásmico. Yo me siento tentada a 1) pasarles colirio para los ojos y un cola cao con galletas y 2) sacarles a trompicones del despacho para que pregunten a la gente de la calle. Sé que esto puede sonar populista y poco respetuoso, pero no son una, ni dos, ni tres, ni diez veces las que lo he visto. Y ni cito a tertulianos y todólogos que se alimentan y facturan con estos eventos espasmódicos como si no hubiera un mañana.

No os digo ya nada si son el CIS o el CEO aquí en Catalunya los que sueltan cifras. Entonces se produce el armagedón directamente, al ser oficiales y teóricamente equidistantes. Los otros no dejan de estar pagados por los medios que los publican, medios que tienen una línea editorial lógicamente y que en más de una ocasión muestran cierto olor a demasiado-tiempo-de-cocción previa. Voy a citar tres nombres: Moddys, Fich y Standard and Poors. ¿Soy la única que encuentra, digamos, ciertas metodologías comunes? ¿Seré yo maestro, que también estoy enferma?

Este mes de mayo hemos estado rodeados de esos sondeos. Echad un ojo a la web Electoralmente (bastante interesante) para comprobarlo. Yo pienso así entre nosotros que, tenemos tantas ganas (¿o es urgencia?) de elecciones que nos calmamos con estos placebos. Y una palabra ha surgido repetidamente casi como el ajo: sorpasso. De IU al PP en la población joven, o al PSOE en Madrid poniendo bastante nerviosos a algunos “candidatables” socialistas¿ y en Catalunya nos han colocado uno triple: de Ciutadans al PP, de ERC a CIU y de ICV-EUIA de nuevo, al PSC. Como nosotros no somos esos bichitos sensibles al agua y los pdfs nos dan alergia, mirad esta web que convierte los datos a infografías bastante chulas, así da gusto: El Mundo en Cifras.

Imaginaos la izquierda cómo está: confitada, orgásmica y con irritación en las córneas. Ay, que no quiero yo aguar la fiesta y además, lo veíamos venir. Pero hay algo que me preocupa y me está dando vueltas desde hace unas semanas por las entrañas: hay dos formas de interpretar esto, como hay dos formas de ver el agua en la botella:

Pensamos que el electorado socialdemócrata ha abandonado ya el barco del PSOE/PSC a su merced y que debemos revisar nuestras costuras para amoldarnos al centro izquierda amplio, ambidiestro y que quizá nos permita gobernar en municipios, comunidades después y quién sabe, hasta estados. En Suecia están a puntito, parece. Y en Roma se ha ganado la alcaldía de nuevo. No estaríamos diciendo ninguna barbaridad. Y para cambiar las cosas hay que gobernar. Yo esto lo tengo claro, diáfano y en tipografía Impact-BOLD grabado en la frente.

Claro que también podemos reconocer que somos vistos al fin como una opción de alternativa, que la radicalidad es posible sin renunciar a este sector de población ex-clase media, ex-socialdemócrata, ex-contenida. Estaríamos aquí sacando pecho y entendiendo que los últimos años en los que hemos enseñado los dientes han servido para encajar el difícil espacio entre la izquierda institucional y la calle, donde están el origen y justificación de nuestra ideología.

En resumidas cuentas: que el peligro del sorpasso es que en lugar de adelantar al que sobrepasamos, por excesiva prudencia y para asegurar un voto que hoy en día no es fijo ni de lejos, nos convirtamos en ellos. Y eso sería el mayor fracaso posible, porque el sector de los “ex” está quemando las naves. Es curiosa la traducción de la película italiana del 62 con el mismo título: La Escapada: no hay nada peor que huir de uno mismo, menos aún cuando no hay razón alguna.

No habrá perdón para los acomplejados, y esto es algo que practicamos demasiado en la izquierda. No hay tiempo para esto. Hay una frase que en el amor no suele funcionar y 11 de cada 10 expertos dicen que casi siempre es mentira, pero que yo pienso que merecería la pena probar en política: “Love you just the way you are” o “Te quiero tal cual eres”. Si no me creéis a mí, hagamos caso de Billy Joel o Barry White, que lo cantan y nos alegrarán el día. En castellano también existe pero pierde, ay cómo pierden a veces las adaptaciones.

Mucho mejor lo original: en música, en amor, en política.

Te puede interesar

Post publicado en el blog Pintiparada

@pintiparada