Niños que comen por encima de sus posibilidades y políticos cretinos

A nuestros hijos, ni tocarlos. Si querían ver clara y diáfana la línea roja de nuestro aguante, la tienen delante

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El comedor del Colegio Antaviana, en Nou Barris

El comedor del Colegio Antaviana, en Nou Barris / DANNY CAMINAL

Han pasado ya más de tres años desde que Guillermo Fernández Vara, entonces presidente de la Junta Extremeña pronunció aquello de “las administraciones públicas hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y eso se ha acabado”. Digamos que esa frase fue la españolización del “no hay alternativa” de la Thatcher. Siendo como era el demonio del neoliberalismo (y lo sigue siendo después de muerta, qué talento), no había que mentarla, como a las bichas.

Aquello fue en marzo de 2010 y hoy 6 de junio de 2013 ya no nos queda vergüenza ninguna: Joaquín Almunia la ha verbalizado hoy tal cual refiriéndose a los sucesivos rescates a Grecia por la Troika. “Sí hemos fallado, pero no había alternativa”. ¿A qué? ¿A no medir bien la recuperación de la confianza de los mercados, a retrasar los pagos de los importes comprometidos, a supervisar el ritmo de desaceleración económica interna y el vertiginoso aumento de las desigualdades sociales, al índice de voto de un partido fascista y racista como Amanecer Dorado que hoy mismo se aseguraría el 13% de los votos en unas hipotéticas elecciones?. Más del doble que el PASOK, por ejemplo.

Pues eso, ahí arriba quedan dos párrafos más que no aportan nada nuevo al clamor ya generalizado que evidencia la cagada monumental europea en la gestión de la crisis. Hay veces que hay que llamar a las cosas por su nombre, y si el FMI entona el 'mea culpa', estamos ante una cagada mayor que la mierda con ojos de WhatsApp. Ya solo nos queda ver a los CEO de Moody's, Standard & Poors y Fitch vestirse con harapos y cilicios y deambular por las calles de Atenas, Roma, Lisboa y Madrid pidiendo perdón. ¿Serviría de algo, a estas alturas?. Lo dudo, y es que el cinismo ya forma parte de mi desayuno matutino.

Esperen que acabo de caer: resulta que Vara y Almunia son socialistas. Entonces puede que nombrarles sí que añada algo a esta historia, lo cual me hace preguntarme: ¿más allá de políticos corruptos y reaccionarios, no habría que buscar también a ese porcentaje de cretinos que tanto ayudan a que los primeros campen a sus anchas?. Estoy pensando seriamente inaugurar El Cretinómetro, al igual que hace poco hicimos con El Recortómetro (estén atentos, por cierto).

Aunque me he retrasado en los preliminares, quería esta mañana hablar del próximo gran abismo social al que nos enfrentamos: se acaban los colegios en dos semanas y hay miles de niños identificados por sus profesores como malnutridos. Me vienen dos ejemplos y cifras a la cabeza: seis de cada cien en Andalucía, que aprobó en abril un decreto para asegurar tres comidas diarias a los menores (en un gobierno del PSOE e IU), y el 1,7% de los niños escolarizados en Barcelona, bajo la vara consistorial de CIU. Los políticos cretinos me persiguen, y aquí también los he encontrado: Hace dos días me quedé estupefacta ante la valoración del Partido Popular andaluz de la medida tomada por socialistas y... ¿radicales de izquierda?: "los niños pobres allí son culpa de treinta años de gobierno socialista", dicen. Eso es lo que yo llamo una hipérbole argumentativa, y no lo que mi hija practica para negociar en casa. Bien, vamos a Catalunya: Cito a Àngels Canals, gerente del Instituto Municipal de Estudios Sociales de la capital: "Vimos que las escuelas se quejaban y también, por qué no reconocerlo, que salían casos en prensa. Y pensamos: si está pasando, queremos saberlo". ¡Coño! Aún estamos a tiempo de mandar a diez o quince niños pobres y hambrientos a plató de Máster Chef, estoy segura que esta señora cuando los vea rebuscando entre los restos de los platos preparados por los concursantes promueve una moción...o emite un comunicado de prensa.

Ayer Rocío Martínez Sampere del PSC y Joan Herrera de ICV-EUIA interpelaron al Gobierno sobre becas escolares en general y la urgencia de los niños que pueden quedar sin protección en verano en particular. Herrera solicitó al gobierno del Parlament una medida parecida a la tomada por Andalucía y se quedó ojiplático al escuchar la respuesta, plantado de pie con los titulares de prensa que incluían las cifras de niños desatendidos. El único que es “Molt Honorable” (se dice, se comenta) del govern catalán se colocó el flequillo y le espetó que los “servicios sociales municipales” se ocuparían de eso. Confieso que no entiendo muy bien qué quiso decirle Artur Mas, como si no fuera con ellos la cosa del municipalismo, como si su agenda estuviera tan llena de viajes a París y Nueva York para vender las siete maravillas del futuro país catalán que no quisiera ser molestado con menudencias. Ah, pero anunció un próximo “Pacto por la Infancia”. Catalunya es Cumbrelandia ahora, no sé si se han enterado. Procedo a cuadrar las fechas de los niños del plató del concurso de cocina, a ver si se pueden pasar también por la puerta del Palau de la Generalitat el día que firmen esa cosa, para que el 'President' les acaricie los cabellos con ternura mientras graban las cámaras. Y si no pues nada, cojo otros que hay muchos.

Va ganando fuerza la idea de montar un Cretinómetro, no me digan que no.

Una vez vistos los niveles de argumentación y respuesta de nuestros representantes en el eje Madrid-Barcelona-Sevilla-Atenas-Bruselas-Berlín y lo que se nos eche, solo añadiría una cosa que creo que están pasando por alto: la responsabilidad de dar de comer a nuestros hijos es nuestra, de sus padres. Más allá de la vergüenza de no poder hacerlo llega la rabia. Los adultos somos capaces de aguantar si no todo, mucho de lo que se nos está quitando en derechos y prestaciones: puede ser por la educación judeocristiana, laica o no, que hayamos recibido y que nos hace aguantar y respirar más hondo cada día. No imagino a los que me hablan de responsabilidades compartidas echando agua de reojo a la taza de colacao de su prole para que la leche dure más, o sonreír al darles para el recreo por quinta vez galletas baratas sin nada de condimento diciendo “¡si es lo que más te gusta!”. Hay un gran aviso que está brillando de forma palpitante frente a sus escaños: si no nos dejan alimentarles bien y no lo hacen ustedes -y esto no es papá estado, es justicia social-, aténganse a las consecuencias. Porque a nuestros hijos, ni tocarlos. Repito: ni tocarlos. Si querían ver clara y diáfana la línea roja de nuestro aguante, la tienen delante.

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El blog de Merche Negro.