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La rueda

Wert y los Príncipes

Enric Marín

No hace aún una semana, los príncipes de Asturias fueron objeto de una inédita pitada al llegar al Gran Teatre del Liceu. Y la protesta subió de tono en la sala. El martes, al recoger los premios estatales de final de carrera que Wert entregaba en el Auditorio Nacional de Madrid, una docena de galardonados negaron el saludo al ministro. Las imágenes de los dos hechos tienen parecida fuerza expresiva mostrando la visible incomodidad de los Príncipes o del ministro. Hay quien discute la adecuación de las formas de la protesta, pero no creo que este sea el tema relevante. Me parece más interesante el análisis de su significado político y su carácter sintomático. Ni el contexto ni el formato de los actos hacían prever a los protagonistas muestras de protesta tan contundentes. Y aquí ya encontramos un primer elemento de reflexión. La creciente distancia entre las élites políticas o económicas y la población. Distancia que se manifiesta en todo, pero particularmente en la diferente percepción de la realidad y en los lenguajes. Cuando la sociedad sufre una severa crisis económica, social e institucional, buena parte de las élites madrileñas o catalanas continúan instaladas en una visión abstracta de la realidad que se empeñan en interpretar y expresar con lamentable lenguaje logotécnico. Una especie de jerga incomprensible para el común de la ciudadanía. Mientras tanto, las encuestas dicen que lo que más preocupa a la gente es la situación económica, la corrupción o los políticos.

Estas élites catalanas o españolas pueden tener intereses económicos no del todo coincidentes, pero comparten la misma incapacidad para entender adecuadamente los dos hechos que más profundamente marcan a la sociedad catalana en estos momentos: la angustia generada por las consecuencias sociales de la crisis económica y la creciente desafección que generan el nacionalismo español y sus símbolos.

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