07 ago 2020

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Carta al 'president' Artur Mas

Conxita Campoy i Martí

Recibo una carta del Molt Honorable President de la Generalitat de Catalunya. La emoción se apodera de mi, pero me sorprende porque la celebración de la Diada Nacional de Catalunya, 11 de septiembre, queda lejos y aún más, el día de Navidad.

La sujeto entre mis manos mientras me pregunto qué querrá decirme el President. ¿Quizás que nos han ingresado el millón seiscientos mil euros que nos debe la Generalitat? O tal vez, ¿que nos agradece dar la cara en primera línea por la situación de crisis que atravesamos? Seguro que me va a comunicar que van a implantar un plan de trabajo para los jóvenes, o que ampliarán las ayudas a la ley de dependencia (esto último no lo creo, la votaron en contra).

No sé. Puede que nos quiera comunicar una reforma de la Ley de urbanismo de manera que si se aumenta la densidad de viviendas no haya que prever más zonas verdes o de equipamientos porque, de todas formas, no las podemos construir. O harán una tasación del precio del suelo para evitar que se repita una especulación como la que hemos vivido recientemente. Hacerlo sería un acto de valentía, pero no quiero llevarme a engaños; me dirá que la competencia es de Madrid. Pero la podrían pedir, ¿no?

No puedo evitar pensar qué me quiere decir el President. ¿Firmarán un convenio con los ayuntamientos que tienen suelo industrial para ponerlo a disposición de los nuevos emprendedores pagando el alquiler la Generalitat y las diputaciones? Y que sólo después de dos años, en función del trabajo generado, empezarán a pagar alquiler, con opción a compra. ¡Sería un detalle!

Tal vez quiera hacerme saber que ampliarán las ayudas a los centros de ocupación especial porque entienden que son necesarios para la normalidad, la justicia social y la tranquilidad de espíritu de las familias implicadas. O que nos mantienen las subvenciones de las guarderías y nos dejan ampliar determinadas aulas para hacerlas más asequibles a las familias y sostenibles para a los ayuntamientos.

Sigo pensando en el contenido de la carta¿ ¿Querrá informarnos sobre alguna propuesta dirigida a paliar los efectos del paro? Por ejemplo, a las personas que cobran la prestación de 400 euros, y que continúan teniendo dificultades para encontrar trabajo, se les podría ofrecer un contrato complementario de 400 euros más a cambio de prestaciones laborales a favor de las administraciones públicas o empresas privadas. Seguro que el President piensa, al igual que hago yo, que el paro se convierte en ocio, que el ocio mal canalizado se transforma en depresión y la depresión tiene un elevado coste social que se concreta en el malvivir de las personas y el deterioro social y familiar.

Quién sabe, a lo mejor me explica que van a corregir los errores y las deficiencias del despliegue de la Policía de la Generalitat, los Mossos d'Esquadra, y que los agentes se van a dedicar, mediante unidades especializadas, al control de tráfico interurbano, a la investigación de graves delitos, al orden público¿, y que los efectivos dedicados a la seguridad ciudadana van a ser traspasados a los ayuntamientos porque por fin se han dado cuenta de que sólo la proximidad garantiza la seguridad del día a día y de que el ahorro y el aumento de la seguridad sería considerable, por supuesto con el adecuado financiamiento de los ayuntamientos. Así la Generalitat podría ahorrar mucho y los pueblos serían más seguros.

Lo que más deseo es que me explique que van a cerrar los 'consells comarcals' y que los trabajadores, previa formación, serán cedidos en proporción al número de habitantes a los ayuntamientos de la misma comarca para desempeñar funciones de inspección de trabajo. La sociedad sería más justa si todos pagaran lo que les corresponde, las arcas del estado ingresarían más y los ciudadanos recibirían más y mejores servicios.

Imagino qué me dirá sobre la televisión de Catalunya, 'la vuestra', y que a partir de ahora dará el tiempo que hace en el resto de España, ya que si queremos viajar a Zaragoza o a Madrid tenemos que consultar el tiempo en otras televisiones. En el resto dan el tiempo de todo el estado, menos en la 'nuestra'.

Ilusa de mí, hasta pienso que me va a comunicar que han firmado un convenio con las cooperativas de agricultores para que suministren a los ayuntamientos verduras frescas para las familias necesitadas. Y que el dinero saldrá de las subvenciones que regalan a algunos periódicos.

Que nos agradece el esfuerzo que hacemos con las escuelas de adultos. Este esfuerzo de los ayuntamientos no hace que el fracaso escolar sea tan grave.

Ya en pleno delirio, pienso que el motivo de la carta del President tiene que ser aún más importante, algo con lo que ni siquiera he soñado. Tiene el "govern dels millors" (el gobierno de los mejores) y, por tanto, cabe esperar algo realmente notable. ¡Ya lo sé! ¡Han llamado a consultas a los depositarios de los bonos patrióticos para que renuncien a los intereses por el bien del país y la Generalitat sólo devolverá el capital! Se podría hacer ¿no?

Finalmente, confío en que me dirá que el conseller Mas-Colell no jugará más al juego al que le están haciendo jugar porque es una persona seria y sería una lástima que perdiera su credibilidad por culpa de las balanzas fiscales. Tenemos serias dificultades para salir del agujero en el que nos encontramos, pero engañar con la "cartera" para ir creando expectativas no es nada aconsejable.

En fin, son tantas las cosas que me podría decir el President que me tiemblan las manos. ¿Abro ya la carta o aún no? No puedo más, la abro i ooohhh! Me dice que han acordado conmemorar el año que viene los 300 años del 11 de septiembre. Y que, a pesar de las pérdidas de libertades, el pueblo catalán nunca se ha rendido. Y nos invita a participar en los actos que se acuerden.

¡Vaya chasco! ¿Quiere que le diga una cosa señor President? A mi me importa muy poco lo que pasó hace 300 años. La historia es así. Lo que está hecho, hecho está, y si nos aliamos con quien no debimos, pues mala suerte. Mi madre me decía en broma: "Hija, si las cosas se pudieran cambiar, cuantas se harían de manera diferente", y acababa con un 'chist!. Si el tamborilero del Bruc en vez de tocar el tambor se hubiera tocado otra cosa, quien sabe si hoy seríamos franceses".

A lo mío, President, lo que me importa es saber qué debo decir a los míos, a mis conciudadanos, cuando vienen a verme llorando, humillados, desesperados, porque ya no saben qué hacer. Querría vivir en un país en el que sus dirigentes no pensaran sólo en ellos mismos sino en su pueblo. No quiero cumbres, no quiero "un govern dels millors" (un gobierno de los mejores). Quiero políticos y un gobierno que no pierdan el tiempo y que aporte soluciones a la situación actual.

Quiero un President que pida disculpas por el caso Millet, por el resto de casos que están bajo sospecha o imputación, y que no se diga que esto responde a una estrategia judeo masónica de Madrid. Quiero que denuncie la corrupción instalada en algunos sectores de la sociedad política, banquera, industrial o social (dinero negro). Sé que para hacer esto primero hay que reconocer que se han cometido algunos errores.

No necesito retroceder 300 años para ver pérdidas de libertades, que afectan sobretodo a los más humildes y a las clases medias, porque los otros, la clase política y los poderosos económicamente, continúan manteniendo una sanidad de lujo, colegios privados y tienen garantizada la entrada en la universidad.

En pocos años de gobierno ya nos hacemos una idea del concepto que tienen del país y de sus gentes. Ante la incompetencia es más fácil decir que la culpa es de Madrid. Y sí, President, algunas personas desde Madrid i del resto del Estado son culpables de alimentar una clara animadversión hacia Catalunya, pero nosotros no podemos pensar que lo hemos hecho y que lo que estamos haciendo está todo bien.

Tampoco necesito girar la vista 300 años atrás para saber qué concepto y qué idea de país tiene, Sr. President. En mi memoria reciente quiero recordar y recuerdo el gobierno del tripartito. No había nadie para hacer un traspaso como exige una democracia. Les habíamos usurpado una parcela de poder que pensaban que era exclusiva de Convergencia i Unió y el primer mensaje fue la mala gestión y que las arcas estaban vacías. El tripartito había perjudicado a Catalunya. Y, ¡paradojas de la vida!, los que peor gestionaron sus carteras subieron en votos además de otros partidos que harán que Catalunya y España sean ingobernables y de difícil gestión.

Pero ustedes lo prefieren así y también relegar a los socialistas. No le interesamos porque tenemos proyecto de país a pesar de su complejidad. El tripartito cometió un error, socialistas incluidos. Hicimos un traspaso de buena fe. Ni una crítica sobre lo que encontramos de su anterior gestión en el gobierno. Ahora nos lo hacen pagar en vez de agradecerlo. El error del tripartito fue no haber hecho una auditoría primero y explicar al pueblo de Catalunya después como dejaron ustedes el estado de las cuentas. Y, finalmente, convocar elecciones. No lo hicimos y nos dedicamos a gestionar lo que nos dejaron; su herencia.

Se podrían haber criticado las cosas que se hicieron bien o las que se podrían haber hecho de diferente manera, como han hecho ustedes durante sus mandatos. Pero, como le decía, en vez de hacer eso, nos liamos con el estatuto. Un estatuto que ustedes nos exigieron de máximos para votar a favor, aún a sabiendas de que nos pasarían el rodillo. La erosión a la que sometieron al tripartito no era por lo bien o mal que gestionaba aquel gobierno sino por el concepto de posesión, de lo que creían que era suyo en exclusividad. Tiene que saber que Cataluña también es mía y sobre todo es del pueblo de Catalunya, de toda su gente. Y que no quiero la independencia ni perder el tiempo mientras uno solo de nosotros pase necesidades.

Cuando volvieron al gobierno de Catalunya su estrategia fue hablar de la herencia recibida, cosa que nosotros no hicimos. Y ahora que son incapaces de cambiar las cosas se sacan de la chistera la misma canción de siempre. No se engañe Presidente y trabaje para todos sin distinciones, y en vez de crear estructuras de estado, que ya las tenemos (Parlament, seguridad, competencias, aunque algunas sean compartidas), ejerza de presidente y demuestre que puede gestionar lo que de momento tiene, que es mucho.

Su política de recortes es la misma que la del Presidente del gobierno español: recortes a los funcionarios, a la ley de dependencia, a educación, sanidad y...

¿Cuál es la diferencia? Yo no la veo.