20 feb 2020

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Evolución intención de voto. Barómetro CIS

No lo sabe, pero contesta

Berta Barbet

Por qué no hay que tomarse demasiado en serio las encuestas... todavía

Las encuestas que abundan estas últimas semanas en los medios generalistas --alguna publicada en este que, desde hoy, nos acoge-- difieren en muchas más cosas de las que la estadística consideraría razonable, pero coinciden en la más importante de todas: la fijación casi obsesiva por la intención de voto. Que en algunos casos da pie incluso a hacer predicciones sobre la distribución de escaños en parlamentos, consistorios y otras cámaras. Pero, ¿tiene sentido hacerlo? ¿Lo permiten los datos disponibles?

El empeño, como diversión, es comprensible, pero hay evidencias sobradas para tomarse los resultados con tanta precaución como sea posible si lo que se persigue es un objetivo algo más serio: el número de indecisos es enorme, de la misma manera que lo es el de los que no quieren responder. Y la distancia con las elecciones es tan grande que la cantidad de acontecimientos que pueden condicionar la percepción de los votantes sobre sus distintas opciones --ya sea porque afecten a los contendientes, ya sea porque afecten a su percepción-- es casi infinita.

Incluso, manteniéndose todo intacto, lo que puede pasar, y de hecho, sucede, es que lo que cambie sea el interés de los ciudadanos respecto a las elecciones, que es mayor cuanto más se acercan (y será entonces cuando decidan su voto, no ahora). A mayor cercanía de las elecciones, más se despejan las incógnitas y más preciso puede ser el pronóstico.

En resumidas cuentas, como afirma a menudo el profesor Oriol Bartomeus, estamos preguntándoles a los ciudadanos qué harán incluso antes de que ellos mismos lo sepan.

No se nos ocurriría sepultarle en números en nuestra primera aparición, pero permítanos que le mostremos un gráfico muy ilustrativo para sostener estas afirmaciones. Desde 1994, que es la fecha a partir de la cual disponemos de encuestas fiables y comparables, sólo en dos ocasiones quien lideraba la intención de voto a dos años vista de las elecciones acabó imponiéndose en la contienda electoral. E independientemente del ganador final, parece que la foto a tanta distancia sale siempre borrosa, con algunos casos especialmente llamativos, como la distancia sideral entre la previsión para el PSOE en 2002 y sus resultados en 2004 (unos 20 puntos de distancia entre una y otros).

Un buen ejercicio de memoria (o de hemeroteca, a escoger) es intentar sobreponer al gráfico hechos concretos que puedan explicar los aparentemente inexplicables cambios de tendencia. Le sugerimos algunos: la crisis de liderazgo provocada por Josep Borrell en el PSOE podría explicar la caída de la intención de voto al PSOE entre 1998 y 2000, del mismo modo que la guerra de Irak --y su gestión-- puede hacerlo con la caída del PP a partir de 2002. Estos hechos hoy parecen obvios, pero no podían serlo antes de que sucedieran, y todavía menos se podían anticipar dos años antes. Pero, al fin y al cabo, siempre es más fácil acertar las quinielas el lunes cuando se conoce el resultado del partido.

Conocer los datos con tanta antelación respecto a las elecciones puede tener mucho valor, sobre todo si se acompañan de series temporales más largas y si se tiene un conocimiento profundo del contexto del que proceden, pero no el valor que a muchos comentaristas y tertulianos les gustaría que tuviera. Y, por supuesto, en absoluto el que las partes interesadas (sobre todo, las que salen beneficiadas de estas mismas encuestas) querrán hacer creer que tiene.

Rechace las explicaciones que contengan expresiones del tipo "sorpasso", "mayoría alternativa", "desaparición" y otros absolutos y fíese un poco más de aquellas que naveguen en el campo semántico de "tendencia", "desgaste" o "perspectivas". Y si lo tiene, dedíquele algo de tiempo a aquellos que se atrevan a soslayar la pregunta de la intención de voto y buceen en los datos para ofrecerle lecturas alternativas y, a veces, más interesantes.

Desde esta tribuna, y con su permiso, nosotros intentaremos formar parte de este último grupo.

@bpberta del Cercle Gerrymandering