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MIRADOR

El referente italiano

Rosa Paz

La referencia del pánico es la hecatombe italiana de los años 90 del siglo pasado, que causó la disolución de los principales partidos, el democratacristiano, el comunista, el socialista... Puede parecer exagerado, pero los equipos de análisis de PP y PSOE lo sopesan como posibilidad en la medida en que avanza la crisis de la política, provocada por la incapacidad de los gobernantes para encontrar soluciones a la crisis económica, y al ritmo en que los sondeos de opinión van reduciendo sus expectativas electorales.

De hecho, hay encuestas recientes que vaticinan que la suma de los dos partidos no alcanzaría el 50% de los votos de celebrarse ahora unas elecciones. Algunos ya proclaman el fin del bipartidismo, incluso con entusiasmo, sobre todo los pequeños que suben -IU y UPD- mientras que otros, los que miran al pasado de Italia, creen que el terremoto podría llevarse por delante a todos.

Son impresiones que se extraen de encuestas realizadas sin unos comicios a la vista. Porque, salvo catástrofe, no habrá elecciones generales en España hasta el 2015, porque ningún partido en su sano juicio -y el PP lo está al menos en lo que se refiere a su supervivencia en el poder- convoca unas elecciones con una mayoría superabsoluta que, de acuerdo a los indicios citados, perdería. Así que, a tres años de una convocatoria electoral, es precipitado hablar de que todos los partidos volarán por los aires o de que se acabó el bipartidismo porque el escenario político quedará fragmentado en cuatro, lo que no es improbable con los datos de hoy.

Lo que es una realidad es la constatación de que la desconfianza en los políticos aumenta. Los ciudadanos suspenden por igual al Gobierno y a la oposición y los líderes políticos. La mitad de los votantes del PP no le volverían a apoyar, y al PSOE le está resultando casi imposible recuperar a los cuatro millones de electores que perdió en el 2011. Es la consecuencia del paro, del empobrecimiento generalizado, del recorte de derechos y de prestaciones y del miedo a un futuro sin esperanza -según previsiones del propio Gobierno del PP-, que, trufado con la sensación de que los paganos de la crisis no son quienes la provocaron y de que quienes lo hicieron continúan forrándose, forma un cóctel explosivo para los partidos políticos.

Hay esperanza porque la ciudadanía todavía cree en la democracia, aunque dude de sus representantes. Así que, a lo mejor, si los políticos rectifican, nada será tan dramático electoralmente hablando. Cabe recordar que primero se celebrarán las elecciones municipales y autonómicas y que esa liga la juegan, fundamentalmente, el PP y el PSOE, únicos partidos presentes aún en muchos ayuntamientos y la mayoría de comunidades autónomas. Sus resultados darán la pista.