01 abr 2020

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el devenir de catalunya

Para los que dicen que quieren rehacer puentes

Jordi Pujol

"Ahora, en nuestro lado del río, hay más gente, más que nunca, que ya ve el puente demasiado estropeado y la regulación del río demasiado desatendida"

Dicen que hay que rehacer los puentes entre España y Catalunya. Lo dice todo el mundo. Por tanto, debe ser cierto que se han roto.

Cuando se rompe el puente suele haber dos reacciones. Una, la de los que creen que no se puede rehacer porque con el tiempo se ha visto que el río está mal regulado y que quien lo podría hacer no se propone realmente regularlo. La otra, la de los que querrían regular el río y rehacer el puente.

Este puente, el que hay entre España y Catalunya, siempre ha sido, mucho o poco, difícil. Y el río, también. Y de tanto en tanto algún cimiento se había tambaleado. Pero no tanto como ahora. Ahora, en nuestro lado del río, hay más gente, más que nunca, que ya ve el puente demasiado estropeado y la regulación del río demasiado desatendida como para seguir confiando. Y no tiene confianza en que en el otro lado haya realmente voluntad de solucionar el problema.

Si de esta explicación, evidentemente metafórica, pasamos a un lenguaje más directo debemos referirnos a la tensión que actualmente existe entre Catalunya y España. Con puentes de diálogo, de entendimiento y de trabajo en común fuertemente malentendidos. Y con un sector importante, en Catalunya, que habiendo llegado a la conclusión de que no hay voluntad de entendimiento ha optado por la independencia. Un propósito difícil de lograr, pero que en todo caso por lo menos altera profundamente la situación de Catalunya en España. Y la actitud.

Todo ello ha producido sorpresa. En España, sobre todo. Donde, superada la inquietud que hubo al principio de la transición, volvió a imperar, muy mayoritariamente, la actitud uniformista y de presión política, financiera e identitaria sobre Catalunya. Que ha culminado en la sentencia del Tribunal Constitucional, que marca un antes y un después de la relación entre Catalunya y España. Una sentencia extraordinariamente importante, demoledora para la autonomía de Catalunya y dictada por un Tribunal que desde su sí fue calificado de "dudosamente constitucional".

Buena voluntad

Hay más temas que todos los interesados en reconstruir puentes deben tener presentes. Hay gente de buena voluntad, y que tal vez pueda por lo menos dialogar con el poder español, que podría no tenerlo lo bastante en cuenta. Pensar que son muy importantes concesiones poco importantes, o más aparentes que reales, que han sido redactadas de forma que al día siguiente pueden ser trabucadas. Esto vale en el campo competencial (es decir, poder político y administrativo), en el fiscal y de financiación, donde la tergiversación y el incumplimiento han sido el pan de cada día desde la transición, y en el tema identitario (lengua y cultura, sobre todo).

Tenemos una experiencia de más de 30 años de negociación de estos temas. Con mal resultado. Y a veces con conciencia no lo bastante clara de los diversos aspectos del problema. Por ejemplo, hay un tema esencial que es el de la asfixia financiera. En más de una ocasión desde el Estado se nos ha argumentado que se haría alguna infraestructura de interés y carácter muy generales, por ejemplo, el AVE Madrid-Barcelona-frontera francesa, o mejorar la N-2 y el aeropuerto del Prat, y que esta inversión equilibraría un poco la balanza fiscal negativa que sufren Catalunya y la Generalitat. O haciéndolo ver.

Pero que la asfixia económica de la Generalitat no la produce la inversión realizada en temas que no son de su competencia (por ejemplo, el AVE, evidentemente, no lo es), sino en lo que propiamente es competencia de la Generalitat: educación, sanidad, servicios sociales, universidades, cultura, política lingüística, 'pirmi', medio ambiente, policía, buena parte de la investigación, y de la política industrial, y cárceles, regadíos, y un largo etcétera. Un muy largo etcétera. Que la sociedad no funciona, si no se atiende bien.

Todo esto es lo que, con el sistema de financiación que poco a poco durante los últimos años nos están imponiendo, ningún gobierno de la Generalitat ha podido atender debidamente. Y justamente de esto dependen decisivamente la cohesión, el equilibro, el bienestar, el sentido de pertenencia de un país, el estado del bienestar...

El dinero gastado por el Estado en el AVE no es el mismo que el que la Generalitat debe gastar en el buen funcionamiento de la escuela, la sanidad y la atención a los disminuidos psíquicos. Porque no son de la misma competencia. El AVE es muy importante, y desde 1986 la Generalitat ha batallado para que se hiciera hasta la Jonquera. Pero no es de su competencia. Como no lo es el corredor mediterráneo. Que lo ha reclamado, y lo reclama, pero que no es competencia suya. No dependen de su presupuesto, y por lo tanto tampoco de su financiación. Es preciso, por tanto, no dejarse engañar por una posible propuesta equivocada, o engañosa, que no sería la primera vez que se nos hace.

Sentimiento, cultura, conciencia colectiva y lengua

El catalanismo en su núcleo más auténtico y más potente ¿el que ha hecho que trescientos años de política de asimilación y centralismo no hayan conseguido la gradual y finalmente definitiva fulminación de Catalunya¿ no es tan solo un tema económico. Lo es también, pero no es su único motor. Ni el principal. Lo es también, y mucho, por un lado, el sentimiento y, por el otro, lo son la cultura, la conciencia colectiva y, muy especialmente, la lengua.

Que esto es así, y que España no lo entiende o no lo quiere entender, ahora se vuelve a ver con el 'proyecto de ley Wert'. Como dijo hace poco Duran Lleida, si en Madrid hubiera voluntad de acercarse a Catalunya y de reconstruir puentes lo primero que harían sería retirar el 'proyecto de ley Wert'. Que creará un problema serio en un ámbito donde no hay problema. Y donde justamente se puede ver que en este tema delicado Catalunya ha sido capaz de encontrar una solución armónica.

Los que quieran reconstruir puentes deben tener presente que no basta con retoques. Y menos si son retoques que deben ser retocados por el Consejo de Política Fiscal y Financiera (conocemos la historia). Además, hay otros temas. Que probablemente habrá que seguir recordando, por poco que pudiera parecer que realmente alguien quiera reconstruir puentes. De veras. Hasta el día de hoy no ha sido así.

Hasta hoy mismo las respuestas que hemos recibido han sido negativas y han dejado un mal sabor de boca. Y una creciente sensación de engaño y de menosprecio. Por eso, en cosa de poco tiempo, el sentimiento independentista ha crecido tanto. Y si nada cambia, será preciso que crezca más aún.

Hay gente que dice que quiere reconstruir los puentes. Son de agradecer, realmente, las buenas intenciones. Si son auténticas y valientes y no a cualquier precio.

Todo esto, dicho desde el respeto para con todos los ciudadanos de Catalunya.

http://www.jordipujol.cat/