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Los jueves, economía

¿Política buena con malos resultados?

Antón Costas

Los datos demuestran que la austeridad salvaje asfixia a Europa, que necesita medidas expansivas

El comisario europeo de Economía, el finlandés Olli Rehn, ha apremiado al presidente Mariano Rajoy a hacer todo lo necesario para parar la hemorragia del paro y crear empleo. Especialmente, empleo juvenil. En principio, es algo encomiable que un responsable político europeo le recuerde al Gobierno español cuál es su obligación. El problema es que mister Rehn debe aplicarse el consejo, porque alguna responsabilidad tiene en la situación. Ha de tomar en consideración que el elevado paro español es, al menos en parte, la consecuencia de las políticas de austeridad que él predica como responsable europeo de la economía. Sin que cambien esas políticas, por muchas reformas que se hagan en España, el paro no mejorará.

Antes de ver el porqué, recordemos los hechos que han dado lugar a ese tirón de orejas de mister Rehn. Fue la publicación, hace dos semanas, de los datos de empleo y paro en España. Han batido todos los récords. En el primer trimestre se han destruido 330.000 empleos. Más de seis millones de personas están en paro, con una tasa que supera el 27%. El paro de los jóvenes adquiere una especial gravedad. Con un 57%, es el doble del paro general.

Parece lógico que ante un escenario como este cualquier responsable político europeo se preocupe.

¿Qué recomienda mister Rehn? Reformas. Su tesis es que el paro español, y especialmente el paro juvenil, se debe a dos factores. Por un lado, a la mala regulación del mercado de trabajo. Por otro, a un desajuste entre los perfiles profesionales que necesitan las empresas y la formación de los jóvenes.

Parece una idea sensata. El problema es que no cuadra con los datos.

Cuando analizamos el paro en Europa surge un dato sorprendente e inesperado: el paro juvenil es exactamente el doble que el paro general en todos los países. Lo que creíamos que era una peculiaridad española es un rasgo de comportamiento general europeo. No somos raros.

Si a pesar de las grandes diferencias que hay entre los países europeos -en su regulación laboral, en sus sistemas educativos, en la estructura productiva de sus economías-, resulta que en todos el paro juvenil es el doble que el paro general, entonces es que debe haber una causa común que hace que tanto el paro juvenil como el paro general sean elevados.

¿Cuál es esa causa común? La recesión económica.

Y ¿cuál es la causa de la recesión europea? La política de austeridad salvaje que se comenzó a aplicar en el 2010.

¿Qué es lo que hay que hacer para reducir el paro juvenil? Exactamente lo mismo que para frenar el paro general: crecer. Mientras la economía esté anémica, tendremos con nosotros la lacra del paro.

Y ¿cuáles son las políticas económicas que pueden tener un efecto más rápido en el empleo? No son las reformas, que en el mejor de los casos únicamente tienen efectos a medio plazo. Son las políticas macroeconómicas: la política monetaria, la de tipo de cambio y la política fiscal.

Esas políticas están hoy en manos de las autoridades económicas y monetarias europeas. Entre ellas, las del comisario Rehn. Pero hoy por hoy, la UE se parece a una jaula de masoquistas.

Si realmente el señor Rehn quiere reducir el paro, entonces el empleo debe pasar a ser el norte que guíe la política monetaria y fiscal europea. Tiene que seguir el extraordinario ejemplo que está dando el señor Ben Bernanke, presidente del banco central de Estados Unidos. Hace unos meses se comprometió a mantener los tipos de interés en los niveles actuales, prácticamente cero, mientras la tasa de paro no baje del 6,5% y siempre que la inflación a medio plazo no supere el 2,5%. Este el ejemplo que debe seguir Europa. La inflación hoy en Europa no está ni se la espera. Por lo tanto, hay margen para políticas europeas expansivas.

Seamos serios, mister Rehn. Leamos bien los datos de paro y hagamos buenas políticas. A los economistas se nos ha enseñado que las políticas hay que juzgarlas por sus resultados. Si una política que se predica como buena tiene malos resultados, entonces es que es mala. Eso es lo que sucede con la austeridad.

Fijémonos en lo que realmente importa. Si en un país el coste laboral, la productividad y la competitividad mejoran, entonces es que están en el buen camino. Eso es lo que está ocurriendo ahora en España. Hay que continuar en esa línea. Pero lo que en estos momentos necesitamos con urgencia es que la política que se hace desde Bruselas y Fráncfort cambie y ayude en este esfuerzo. Si no lo hace, Europa no nos vale

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