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Gente corriente

Josep M. Anguera: «Me crié en la viña, jugaba con los 'clicks' entre cepas»

Carme Escales

Igual que fósiles y monumentos artísticos guardan valiosa información sobre la historia de la humanidad, las cepas en el campo también conectan presente y pasado de plantas, árboles y familias. La de Josep M. Anguera sembró sus primeras viñas en el siglo XIX. De ellas brotó la uva para elaborar el vino de Casa Gabriel de Darmós (Tarragona). Dos siglos después, la luna y el arado manual siguen acompañando el mimo de la tierra, el mejor legado.

-Sus cepas podrían ser patrimonio de la humanidad...

-Al menos, son un legado superimportante. Son viñas muy viejas, centenarias. Con ellas se pueden hacer grandes vinos.

-Entonces, ¿por qué no todos los payeses conservaron las suyas?

-De viñas tan viejas salen menos kilos de uva y, por lo tanto, se puede hacer menos producción. Ahora todo el mundo quisiera tener viñas tan viejas, pero es algo que no se improvisa, solo se puede conseguir a base de dejar pasar muchos años.

-Y, en su caso, ¿por qué decidieron conservar las cepas más viejas?

-Lo nuestro fue un poco circunstancial. Cuando yo tenía un año y medio, mi padre falleció en un accidente con el tractor. En la viña. Entonces, mis abuelos trataron simplemente de mantener las viñas por si yo el día de mañana quería continuar haciendo vino. Ni arrancaron las cepas viejas, ni plantaron cepas jóvenes, solo conservaron.

-¿Siempre quiso ser payés?

-Me crié en la viña, jugaba con los clicks de Famobil entre las cepas. Desde muy pequeño ayudaba a vendimiar a mis abuelos. Lo hacíamos toda la familia, venían mis primos de otros pueblos también. Aunque era duro, era a la vez un disfrute. Así fue como poco a poco fui amando las viñas. No era fácil para mí dedicarme a otra cosa, porque ya amaba lo que tenía.

-¿Desde el principio produjeron vino con la marca Vinyes d'en Gabriel?

-No. Mis antepasados hacían vino, como casi todas las familias de Darmós. Cada cual tenía su propia bodega. Y el vino de mi casa se vendía a grandes compañías. Darmós nunca ha tenido cooperativa y hoy quedan solo cuatro bodegas.

-¿Cuándo nació su marca?

-En el 2004 empecé a embotellar y comercializar. Hoy producimos entre 40.000 y 45.000 botellas al año de vinos tintos, uno blanco y, en una cantidad muy limitada, un rosado. El 60 % lo vendemos a Alemania, Suiza, Canadá, Japón y Taiwán.

-Y he visto que suman ya algunos reconocimientos internacionales.

-Sí, en las guías de otros países hemos obtenido buenas puntuaciones, 94 para nuestro Mans de Samsó, en el 2009, en The wine advocate, y el año pasado tuvimos un primer premio de la Guia de Vins de Catalunya. Los premios son un reconocimiento al trabajo bien hecho.

-¿En qué se basa su buen hacer?

-El vino se hace en la viña. Por eso, usamos herramientas que utilizaban mis abuelos y bisabuelos. He leído mucho de agricultura ecológica -sobre todo de la alemana Maria Thun-, y es el camino que seguimos. No he leído nada que no supieran ya mis antepasados. Sembramos en la viña plantas que la benefician, como la manzanilla. Hemos introducido el caballo para desestresar la viña, y todo lo hacemos según la luna.

-¿Por qué se estresa la viña?

-Intentamos que la tierra se mantenga lo más esponjosa posible para que la planta no se estrese, sin tierra compacta a su alrededor, por eso introdujimos la tracción animal, para facilitar la descompactación del terreno con el arado de toda la vida.

-Como masajear la tierra

-Exacto. Para que la viña pueda leer bien el mensaje que le da la tierra, se lo tenemos que poner fácil y, según la luna, podar, vendimiar, incluso embotellar. Así el vino informará bien del paisaje del que procede.

-Eso hace del payés un jardinero.

-La tierra es de todos, pero los payeses somos los encargados de cuidarla, porque podemos poner más sentimiento en ella. Esa tierra es nuestro paisaje, no en primera persona, es el paisaje de nuestros pueblos.

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