Se lee en minutos
Noticias relacionadas

En Catalunya nos emocionamos cuando el Govern anuncia un acuerdo para que las emisiones de TV-3 lleguen a Valencia y se dé carpetazo a la etapa de persecución deFrancisco Camps contra las entidades culturales que durante años pusieron repetidores en la comunidad. El acuerdo entre los gobiernos de Barcelona y Valencia para que la antena de la televisión catalana llegue hasta Alicante no prosperará sin el permiso de Madrid, pero como mínimo ahora el PP valenciano muestra mayor sintonía con CiU que con el tripartito. La ilusión catalana no es recíproca, porqueAlberto Fabra ya ha puesto condiciones editoriales a TV-3. No será fácil que prospere, pero el gesto indica que alguna cosa está cambiando. La alergia del statu quo valenciano y delblaverismoa todo lo catalán empezó a resquebrajarse cuando las patronales se unieron para defender el corredor mediterráneo. Lapelaes lapela,en el norte y en el sur. Desbloquear infraestructuras necesarias para salir mejor de la crisis es prioritario, pero casi todo depende de Madrid.

Fabra, que se plantó en la Moncloa para entregar las llaves de la Generalitat aMariano Rajoyante la asfixia financiera, torea las vacas flacas económicas y políticas. Solo había que ver la manifestación del viernes en Valencia para pedir justicia por las víctimas del metro. Más de 5.000 personas en sintonía con elSalvadosdeJordi Évole. SiFabratoma nota del protagonismo de lasMònica Oltra y sus camisetas reivindicativas ante la gomina de losRicardo Costa y el Bigotes que se esfuman, es difícil que acepte que la televisión deArtur Mas, que nada tiene que ver con la infame Telemadrid, emita legalmente para sus ciudadanos y votantes. Hay una televisión --TV-3 y La Sexta-- que no atonta, sino que despierta.