Ir a contenido

Las cuentas de la Generalitat

Los presupuestos no son para cínicos

Oriol Junqueras

El problema estructural es que los impuestos que se pagan en Catalunya no se quedan aquí

Desde hace días, semanas, meses, hemos visto como tercamente -una y otra vez- actores políticos y mediáticos han pedido insistentemente que el Govern de la Generalitat presente los presupuestos. Incluso desde algunos sectores del mismo partido del Govern se ha participado de este discurso, como si ignorasen el significado real de presentar y aprobar unos presupuestos totalmente determinados por el Gobierno español que nos obligan a unos recortes completamente inasumibles.

Y es que los únicos presupuestos que ahora mismo se pueden presentar deben cumplir con el techo de déficit vigente, lo que conllevaría para Catalunya un recorte superior al que se ha hecho en Grecia o Portugal. No es ninguna exageración, es así de duro. Y los que a toda costa nos piden que se presenten estos presupuestos saben perfectamente los efectos demoledores que unos recortes así tendrían para la sociedad catalana. Estamos hablando de 4.800 millones de euros (3.800 según las mejores previsiones), una cifra superior a los recortes acumulados los últimos dos años.

ADEMÁS, NO ES que Catalunya haya estirado más el brazo que la manga, al contrario. Nuestro país genera en impuestos 36.000 millones de euros (sin contar la Seguridad Social), pero la Generalitat solo acaba disponiendo de 19.000 para elaborar su presupuesto. Este es el verdadero origen de nuestros males. Y así, mientras Grecia recortará en el 2013 un 11,5%, el Gobierno español condena a Catalunya a un recorte del 15%. Recortar 4.800 millones es el equivalente a cerrar las principales universidades catalanas, los principales hospitales del país, despedir a todos los mossos, los bomberos, cerrar TV-3, Catalunya Ràdio y el Parlament entero... y aun así, nos quedarían más de 1.000 millones por recortar. Lo dicho: inasumible.

Y todo esto lo saben, entre otros, el PP y el PSC. Pero aun sabiéndolo no han dejado de pedir compulsivamente la presentación de los presupuestos en estas condiciones. ¿Por qué motivo? Pues, lisa y llanamente, por un cálculo partidista, ajeno al sufrimiento de la gente. Para unos es una cuestión de subordinación ciega al Gobierno español. Para otros es, paradójicamente, la prisa por ponerse al día siguiente al frente de la pancarta contra los recortes. Y esta es una actitud que solo se puede calificar de cínica.

Por eso es tan necesario hablar claro, lograr que la gente entienda lo que nos está pasando. La situación económica y social es dramática y el Gobierno español no hace más que agravarla con una política deliberada de asfixia de las finanzas catalanas. Bruselas determina el techo de déficit para el Estado español, pero es Madrid quien, en contra de lo que recomienda la propia UE, de un límite del 4,5% solo reserva a Catalunya el 0,7% (o un 1,2% según la última previsión), aunque es el Govern quien asume todo el gasto en sanidad, educación y servicios sociales.

De hecho, el problema de fondo, el problema estructural, es que los impuestos que pagamos los catalanes no se quedan en Catalunya. Y por eso nos vemos obligados a endeudarnos cuando, precisamente, no habría que hacerlo si no sufriéramos el expolio fiscal que sufrimos y los incumplimientos flagrantes y reiterados de cada uno de los gobiernos españoles. Es decir, podríamos aceptar un límite de déficit del 0% si recaudáramos y gestionáramos todos los impuestos. O dicho de otro modo, por mucho que nos aumenten el límite de déficit, si no controlamos nuestros ingresos nunca saldremos del círculo de deudas y tensiones de tesorería del que somos prisioneros.

CUANDO LOS últimos datos de la encuesta de población activa dicen que ya hay más de 900.000 catalanes en paro o que una de cada cuatro personas en edad laboral no tiene trabajo, aceptar estos presupuestos es una irresponsabilidad sin precedentes. Cada día que pasa Europa es más consciente de la locura que representa asfixiar la economía catalana, que es la que aporta una cuarta parte de todos los ingresos fiscales del Estado español. Por eso seguiremos haciendo lo que toca, con la convicción de que cada día hay más gente que lo entiende.

El país está en una situación límite. Y ante esto solo se adivinan dos estrategias a corto plazo. Una es la que venden aquellos que presionan al Govern de la Generalitat para ejecutar de forma inmediata los presupuestos devastadores de Montoro. Y una segunda, trasladar la presión al Gobierno español (que es quien gestiona con exclusividad y discrecionalmente nuestros recursos) para exigir un trato fiscal y económico justo para la sociedad catalana. La disyuntiva es bastante clara. O podemos ponernos al servicio de las necesidades de la sociedad catalana o podemos hacer el caldo gordo al Gobierno del PP. Nosotros, por lo menos, lo tenemos claro y nadie nos hará cambiar el rumbo.