Análisis

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Beatrizde Holanda ha culminado 33 años de reinado con una transición discreta y sobria. La previsibilidad y cautela en el proceso, y buenas dosis de profesionalidad y mesura han permitido una abdicación serena y normalizada con unos índices de popularidad del 70%. Lareina de la sonrisacede el trono, sin traumas ni excesos, a sus 75 años.

La monarquía holandesa ha hecho, en parte, los deberes para actualizar su encaje institucional en una sociedad democrática y moderna. Primero, cambió la Ley en el 2002 para permitir que una mujer, la primogénita del nuevo rey,Amalia,fuera la primera Princesa de Orange en 200 años de monarquía.

El éxito de Máxima

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Segundo, ha secularizado la corona, como en otras monarquías europeas a través del matrimonio de sus herederos.Máxima Zorreguietahabía desarrollado con éxito su vida profesional como economista, antes de formar parte de la realeza. Su preparación para ser reina ha sido intensa y no exenta de sacrificios, también familiares (alejando de su entorno a su propio padre, alto cargo durante el régimen dictatorial deJorge Rafael Videla).Máximaaprendió holandés en muy poco tiempo, sin renunciar a hablar en español a sus tres hijas. Un ejemplo para países con varias lenguas oficiales, como es el nuestro. Su sencillez y timidez la han convertido en una persona muy popular, querida y respetada.

Tercero, ha optado por la moderación en un contexto de crisis. La ceremonia de entronización ha sido contenida a pesar del glamour. Holanda ha buscado incluso patrocinadores para pagar los 11 millones presupuestados, con el objetivo de lastrar al mínimo el erario público. No habrá regalos para la monarca saliente ni para los entrantes, que ya han rechazado presentes para evitar gastos extraordinarios. No es mucho pedir, aunque imposible de obtener sin ejemplaridad. Lecciones holandesas.