Ir a contenido

MIRADOR

Consulta consultiva

Rosa Paz

Ahora que Artur Mas se ha lanzado a la geometría variable de pactos, es decir, a buscar en Mariano Rajoy oxígeno para la economía, en Pere Navarro estabilidad para gobernar la crisis y en Oriol Junqueras el pilar que le apuntala al soberanismo -en un intento de pactar con todos sin renunciar a nada-, se empiezan a oír voces tan solventes y próximas al president como la del conseller de Justícia, Germà Gordó, que parecen tratar de recolocar la consulta prometida, no para guardarla en el cajón, pero sí para rebobinar y explicarles a los catalanes que solo se puede hacer si es legal. Así que pasados casi cinco meses desde las elecciones, aquello del referendo legal o ilegal para que Catalunya se convierta en un nuevo Estado de la UE se va matizando. Con cuidado, porque la modulación de la propuesta puede provocar mucha frustración entre los ciudadanos que surfean la ola del soberanismo convencidos de que desembocará en la tierra prometida.

Dadas las condiciones objetivas, políticas y sobre todo económicas, parece más lógico que el Govern intente negociar con el Gobierno de Rajoy la celebración de una consulta legal antes de ir a un choque de trenes entre Catalunya y España que no conduciría más que al descarrilamiento. Quizás se podría haber empezado por eso -por pactar, no por descarrilar-, aunque es evidente que es tarea difícil, porque ninguno de los dos grandes partidos españoles están por la labor de preguntarles a los catalanes su opinión sobre seguir juntos o separarse y si no cambian no será factible convocar un referendo con permiso de las Cortes Generales. También es una triste verdad que tanto tiempo de compartir Estado, Constitución, pactos políticos y vaivenes económicos no haya servido para mejorar ni la comprensión ni el cariño mutuos y sí para acrecentar los recelos.

Falta conocimiento y pedagogía y, así las cosas, en Madrid y en Barcelona se sigue viendo la consulta como el punto de no retorno de la independencia de Catalunya cuando parecería más inteligente para todos plantearla como lo que parece que es, un referendo consultivo para conocer la opinión de los catalanes sobre irse o quedarse. Lo escribía recientemente el profesor Francisco Rubio Llorente, expresidente del Consejo de Estado, que ya hace meses precisó cómo se puede legalizar la consulta, lo que, por cierto, demuestra que en Madrit también hay personas que parecen entender la sensibilidad catalana. En la misma línea se expresó ayer el primer secretario del PSC, Pere Navarro, en un hotel madrileño a pocos metros del Congreso de los Diputados, ante buena parte de la dirección del PSOE, que no comparte esa idea suya de que la consulta no es un instrumento para la independencia, solo de democracia.