30 sep 2020

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Peccata minuta

La movida catalana

Joan Ollé

Se puede vivir intensamente España atiborrándose de telediarios desde un pueblecito de montaña catalán o vasco con una vaca como alcalde y, en cambio, ignorarla del todo viviendo a medio kilómetro del Kilómetro Cero, a condición de tener la caja tonta bajo cerrojo y cerrar los ojos a la tentación de cualquier quiosco de prensa. Y aquí estoy, en el Foro, tan ricamente instalado en la ficción de la obra teatral La Chunga de Mario Vargas Llosa, sin tan solo saber si la familia real va capeando su triste realidad o si ella misma ya ha proclamado la República.

Algunos cosmopolitas cuya imaginación empieza y caduca en el felpudo de su portal me lo reprochan: «Pero ¿qué coño se te ha perdido a tí en Madrid?». Coño, de momento, ninguno; pero sí y para siempre la más leve sospecha de que la bondad o maldad del personal se organice geográficamente. España es estupenda; lo que es altamente insultante es el Estado español, es decir, el conjunto de sus instituciones y aquellos que las guían. ¡Atención, españoles! Abróchense los cinturones: los buenos madrileños, hartos de tanto botellón, andan ya trabajando una nueva movida.

Y desde aquí, y gracias a eso de internet, me entero de que también hay movida catalana: que la monja Teresa Forcades y mi amigo Sant Arcadi Oliveres han unido sus activos para reproclamar urbi et orbi que su reino es de este mundo y el infierno son los otros. Y a ellos se ha unido Itziar González, hija del viejo profesor y astrólogo católico-marxista González Casanova, y junto a Ada Colau, inmobiliaria no inmovilista, han invitado a los descamisados de las CUP y a los descorbatados de Iniciativa a volver a sacar a patadas a los mercaderes del templo.

Los encantos de 'El padrino'

Se está bien en Madrid: la primavera empieza a pasearse en minifalda por la Castellana y compartimos con Iban, mi amigo y compañero de exilio teatral, un pisito de estudiantes con hijos delante del mercado de San Miguel. Ya llevamos tres noches sin salir: él cocina unos espaguetis sensacionales, yo descorcho una botella de tinto y, juntos, nos rendimos a los encantos de El padrino, milagro trágico que ya hubieran querido para sí los tres grandes maestros: Eurípides, no me Sófocles que te Esquilo. ¿Por qué nos caen tan y tan bien Brando, Pacino y De Niro si son unos grandísimos cabronazos, primos hermanos de los putos mafiosos que obligaron a Itziar, concejala denunciadora de la economía criminal del Raval, a tener que ir con guardaespaldas? Quizá por aquello de la Família, de la Sagrada Família.

Se está bien en Madrid, pero ya me va bien volver a casa para ponerme a las órdenes de la monja alférez, de Sant Arcadi, de la arquitecta González y de la Colau para intentar un cristianismo indignado y eficaz que no pase por Pallerols.