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Los jueves, economía

Gobiernos suicidas, mercados miopes

Antón Costas

Nuestros ejecutivos actúan como chamanes aztecas cuando practican el sacrificio ritual del recorte

Paul de Grauwe, uno de los economistas europeos de más prestigio, acaba de publicar un trabajo que está teniendo una gran influencia. Sostiene que la austeridad está conducida por el miedo y el pánico de los gobiernos a los mercados. Este pánico provoca una austeridad excesiva en el sur, mientras que falla en impulsar una política compensatoria de estímulos en el norte. El resultado es que la austeridad es «self-defeating». Es decir, provoca un sesgo hacia la deflación, que es algo así como la anorexia económica. Este sesgo ha metido a nuestras economías en una doble recesión, y quizá tenga aún peores consecuencias. Para De Grauwe es obvio que la austeridad produce un sufrimiento innecesario y hace que millones de europeos deseen liberarse de los «grilletes del euro».

ESTA OPINIÓN es solo un ejemplo de una amplísima literatura económica que proclama que la austeridad compulsiva es una política suicida. Hasta el propio FMI lo ha reconocido. Su economista jefe, Olivier Blanchard, uno de los macroeconomistas de mayor prestigio en el mundo, acaba de publicar un artículo en ese sentido. Créanme, tal como les he venido diciendo desde hace años en estas páginas, el conocimiento económico disponible no apoya la medicina del rescate. De la misma forma que la medicina no recomienda el uso de antibióticos para tratar una hepatitis vírica porque no son eficaces frente a los virus y, por el contrario, debilitan al paciente, la economía no recomienda la medicina de la austeridad.

La austeridad no funciona en situaciones de recesión y elevado sobreendeudamiento. El motivo tiene que ver con lo que se llama el multiplicador fiscal. Cuando el multiplicador es mayor que 1 significa que la ganancia que se obtiene con un recorte del gasto es menor que la pérdida de ingresos que ocasiona la caída de la actividad económica. Hay evidencia económica que dice que cuando los países están en recesión y sobreendeudados y el grifo del crédito se ha secado, como es el caso, el multiplicador del recorte de gastos es mayor que uno. Por eso los recortes no funcionan.

Sin embargo, nuestros gobiernos siguen tercamente empecinados en aplicar más recortes. Comenzando por el más cercano, el de la Generalitat. ¿Por qué? Para ganar la confianza de los mercados financieros. Pero no solo. En los recortes también hay una fruición ideológica. La política de recortes se parece cada vez más a los rituales de sacrificios de los indios aztecas. Los chamanes hacían sacrificios humanos para aplacar la furia ocasional de sus dioses. Nuestros gobiernos se comportan como chamanes aztecas cuando practican el sacrificio ritual de los recortes. De hecho, son sacrificios humanos, porque detrás de muchos recortes hay sufrimiento de personas y familias que se quedan desamparadas y sin posibilidades de mejorar sus condiciones personales para enfrentarse al futuro. Los gobiernos que practican los recortes buscan ganar la confianza de los mercados financieros y que estos, a cambio, les sigan prestando dinero a tipos de interés más bajos. Pero los mercados en vez de rebajar el coste de sus préstamos lo elevan. ¿Por qué los mercados no confían en los gobiernos que practican los recortes? Los economistas dicen que es porque los mercados son miopes. En vez de mirar los recortes con buenos ojos, como signo de confianza de los gobiernos, los prestamistas otorgan más atención al hecho de que la austeridad produce recesión y paro. Es decir, impide el crecimiento. Quizá porque saben que si un país no crece, no paga. Es decir, serán miopes, pero son listos.

HAY QUE PARAR esta espiral infernal entre gobiernos suicidas y mercados miopes. No solo nos lleva a la recesión prolongada, al paro, a la desigualdad y a la pobreza de muchos; también nos lleva a la ruina política y moral. Porque una sociedad que no es capaz de proteger a sus ciudadanos más débiles y darles oportunidades para que se puedan ganar la vida no es una sociedad ni decente ni libre. Amartya Sen, premio Nobel de Economía, ha explicado convincentemente que las personas solo pueden ser libres si poseen los medios para vivir decentemente y oportunidades para ganarse la vida con su esfuerzo, inteligencia y trabajo. Los recortes les niegan esa libertad a muchos.

Confieso mi incomodidad como economista. Elegí esta profesión porque la economía es una disciplina que, desde sus orígenes liberales en Adam Smith, puede contribuir a mejorar el bienestar de las personas. Pero nuestros gobiernos están usando el nombre de la economía en vano, para defender políticas suicidas. Acusen a los gobiernos, no a la economía. Significa desconocer que en la actual situación, sean cuales sean las causas, tenemos que hacer esfuerzos, sacrificios y cambiar muchas de nuestras pautas. Pero los recortes de nuestros gobiernos no son las reformas que necesitamos.Catedrático de Política Económica (UB).

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