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Los efectos de la austeridad

Los fantasmas que recorren Europa

Carlos Carnicero Urabayen

Las elecciones al Europarlamento del 2014 pueden alterar profundamente el mapa político de la UE

Muchos sacrificios han sido invocados para salvar el euro. Los líderes europeos quizá lo consigan, pero ¿a qué precio? Si no cambian sus políticas porque se lo pidan prestigiosos economistas, por la falta de crecimiento ni por las demandas sociales, quizá debieran hacerlo por propia supervivencia. Nada gusta más que el ejercicio del poder.

Está constatado que esta austeridad es el mejor caldo de cultivo para populismos que amenazan el proyecto de Unión. La subida progresiva de estos nuevos partidos, una suerte de fantasmas que recorren las capitales europeas, muerde las tartas de poder de los partidos tradicionales. O reaccionan y cambian, o serán invisibles.

La Troika continúa haciendo meticulosamente su trabajo: exige a los países endeudados recortes, pero se desentiende de sus efectos. Si Rajoy, como dice, no puede cumplir sus promesas pero cumple con su «deber», ¿para qué apoyar a quien no tiene autonomía para decidir?

El fallo del Tribunal Constitucional portugués anulando algunos recortes ha recordado que no todo vale en un Estado de derecho. En respuesta, el Gobierno de Passos Coelho ha anunciado otra tanda de recortes, que afectan sobre todo a educación y sanidad.

En Chipre, de nuevo el interés nacional alemán, con elecciones en septiembre, ha vuelto a marcar los tiempos y los contenidos para resolver su crisis bancaria, igual que ocurrió cuando se abordó por primera vez la crisis de la deuda griega. Los resultados obtenidos están a la vista en las calles de Atenas.

En este clima, los fantasmas se frotan las manos con las elecciones al Parlamento Europeo de mayo del año que viene. Estos espectros no proliferan solo en el sur de Europa, epicentro del austericidio europeo. También está convulso el mapa político en el eje norte, incluso fuera de la zona euro.

Beppe Grillo ha hecho una demostración de fuerza en Italia. Su partido de la «gente normal» ha sacado una cuarta parte de los votos. A Grillo es más fácil llamarle payaso, como han hecho The Economist y un desubicado Peer Steinbrück, candidato socialdemócrata alemán a las próximas elecciones alemanas, que combatir las causas de su emergencia. La resaca que ha dejado el éxito de Grillo ha dado alas a otros outsiders. Marine Le Pen ha declarado que es la Grillo francesa y subraya que ambos comparten una filosofía antisistema. Exige un referendo sobre la permanencia de Francia en la UE, lo que será su bandera electoral para las euroelecciones. La bajísima popularidad de Hollande y la retórica antieuropea en ascenso vaticinan extraordinarios resultados lepenistas en Francia.

En el Reino Unido también hay otro Grillo en ascenso. El europarlamentario Nigel Farange, locuaz orador e impertinente azote de comisarios y altos representantes, lidera el UKIP, el partido por la independencia del Reino Unido, que ya en las elecciones europeas del 2009 quedó segundo. Su resultado el año que viene solo puede mejorar. De momento, ha empujado a Cameron hacia posiciones más euroescépticas anunciando un referendo para el 2017.

Amanecer Dorado no es la última película de Ridley Scott. Es el nombre del partido neonazi en ascenso en Grecia. Desde que irrumpió en la Cámara griega el pasado junio ha logrado que la mayoría de las encuestas le otorguen una intención de voto del 10%, lo que le convertiría en la tercera fuerza del país, solo por detrás de Nueva Democracia (ND) y de Syriza, y por delante del noqueado Pasok, el partido socialista griego.

En Alemania se ha creado recientemente el partido Alternativa por Alemania, formado por algunos exmiembros del partido democristiano, que defiende la salida de Alemania del euro y la vuelta al marco. O la creación de una moneda común con los triple A del norte. Es pronto para calibrar su éxito electoral, pero desde luego forzará a Merkel a dogmatizar todavía más sus posiciones sobre Europa.

En España no hay de momento partidos que defiendan la salida del euro o incluso de la propia UE. Es cuestión de tiempo. Pero el mapa del bipartidismo se ha resentido mucho y el resultado de las elecciones europeas puede ser insólito; una especie de puesta de largo del nuevo mapa político español.

¿Hay riesgo de repetir los años 30 en Europa? Probablemente no. Como ha dicho Gideon Rachman en el Financial Times, no se dan algunas circunstancias importantes, como la cercanía de la primera guerra mundial. Pero no cabe duda de que estos populismos alimentan peligrosamente las inercias de esta suerte de guerra geoeconómica que nos divide a los vecinos del norte y del sur de Europa, cuyas consecuencias últimas están aún por descubrir.

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