Estrategias oblicuas

Bárcenas y los hechos probados

2
Se lee en minutos

Para explicar lo que está pasando con los papeles de Luis Bárcenas en la trastienda de la Audiencia Nacional, basta con aplicar una herramienta tan contundente como difícil de manipular: el calendario. Es suficiente con repasar las fechas de cada auto, cada recurso y cada movimiento en este trascendental proceso judicial, para que las vergüenzas de la fiscalía y del Gobierno queden en evidencia. Es un escándalo imposible de tapar.

Las fechas hablan solas. El 31 de enero, El País publicó los papeles de Bárcenas y en la Audiencia Nacional los recibieron como el que oye llover. El 5 de febrero, el juez Pablo Ruz aseguró que no tenían nada que ver con la Gürtel. «No resulta suficientemente acreditada la conexión», despachó en un auto. Y el 21 de febrero, en otro auto, lo volvió a repetir. En ambas decisiones, Ruz fue respaldado por la fiscalía, que por más que investiga tampoco ve relación. Todo esto cambia un día: el 1 de marzo, cuando la querella de Izquierda Unida acabó por sorteo en el temido (por el PP) Juzgado Central de Instrucción número 3, el de Javier Gómez Bermúdez. Horas después -¡oh, casualidad!- la fiscalía y Ruz empezaron a dar marcha atrás y, tras negarlo por dos veces, de repente encontraron esa conexión con la Gürtel que permitía disputar el caso a Gómez Bermúdez.

Noticias relacionadas

Las casualidades que demuestran hasta qué punto el Gobierno está maniobrando para que solo sea Ruz quien investigue los papeles de Bárcenas no terminan aquí. Unas son cómicas, como ese recurso que el PP presentó el 11 de marzo contra la decisión de Ruz de asumir la competencia por los papeles de Bárcenas... y que retiró una semana después al darse cuenta que, si el juez aceptaba su petición, el caso Bárcenas tenía que quedar en manos de Gómez Bermúdez. Otras dan mucho miedo a los que aún creemos en Montesquieu, como que el mismísimo presidente del Gobierno telefonee al CGPJ para interesarse por «el espectáculo que está dando la Audiencia Nacional». Y algunas rozan incluso la prevaricación, como esa inédita maniobra de la sala para bloquear el interrogatorio de Gómez Bérmúdez a Bárcenas, un imputado que se niega a responder ante la Audiencia Nacional, pero que concede simpáticas entrevistas en televisión.

En el fondo del pantano, lo que se esconde es el miedo cerval del PP a que su extesorero estalle la bomba atómica que dice poseer. En el Gobierno aterraba la posibilidad de que Gómez Bermúdez, tras tomar declaración a Bárcenas, ordenase su entrada en prisión y eso provocase una guerra nuclear. Sin embargo, la apuesta del PP por Ruz les puede salir mal. La competencia mejora la eficiencia, también en los juzgados. Y en esta batalla por el caso Bárcenas, el juez Ruz tiene hoy muchas razones para querer demostrar que no es ninguna marioneta en manos del Partido Popular.