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Nacho Cerdà: «Es un homenaje al cine de barrio de mi infancia»

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Nacho Cerdà: «Es un homenaje al cine de barrio de mi infancia»

MARTÍ FRADERA

-Mi objetivo ha sido siempre reproducir lo que todos tuvimos de pequeños: el cine de barrio. Recuperar esa manera de ver cine, ese ritmo, que es distinto, menos mercantilista y más romántico. Un tema de nostalgia.

-Deduzco por lo que me dice que la manera en que se ve hoy el cine no le gusta. No especialmente, al menos.

-Creo que el acto de ir al cine se ha convertido en algo mecánico. Cada semana se estrenan ocho películas: alguien al que le guste el cine difícilmente puede verlas todas. Hay saturación. Además, las salas de antes tenían personalidad, tú sabías qué podías encontrar en cada una. Ahora, salvo excepciones, todo son multicines, y en todas partes te ofrecen lo mismo. Es aburrido, no tiene alma.

-Y lo que usted propone es…

-Sesiones de cine como las de antes. Y con películas de antes.

Nacho Cerdà: cuando dice que lo suyo es el cine, la afirmación, por amplia, es estentórea. «Siempre ha sido mi vocación, y lo ha sido en todas sus vertientes, la dirección, la producción, la distribución, y, como en este caso, la exhibición». Lo importante es que tenga que ver. En la práctica supone haber firmado tres cortometrajes en los 90 y un largo hace seis años, Los abandonados, y que desde hace dos se haya inventado esto, que llama Phenomena Experience y que, básicamente, consiste en un viaje (cinematográfico) al pasado.

-Explíqueme cómo funciona. Qué hace.

-Como le digo, es un homenaje al cine de barrio de mi infancia. Ese es el principal, aunque no el único criterio: en el equipo hay una parte que somos de la generación de los 70 y otra que es de los 80, y muchas de las películas que exhibimos es porque las proponen ellos, los ochenteros.

-¿De qué películas hablamos?

-Hablamos de TiburónTiburón, de hecho, fue la película que me insufló el amor por el cine, cuando era niño; Tiburón, Alien, Desafío total, Regreso al futuro, ET, Taxi driver, Terminator, El precio del poder, Los Goonies, Willow… Y casi todo en 35 mm, como antes.

-O sea, que buscan las copias… ¿Dónde están esas copias?

-Bueno, eso es un pequeño secreto bien guardado. Gracias a mi trabajo en el cine conozco a personas del medio, y digamos que tengo acceso a una red de contactos y catálogos. Es una especie de arqueología cinematográfica que exige mucha dedicación y paciencia. Y aun así, hay algunas películas que se nos resisten.

-¿Por ejemplo?

-Por ejemplo, Mad Max: tenemos localizadas dos copias, pero ninguna está en condiciones. También tengo muchas ganas de proyectar Star wars, pero la copia está bajo llave y simplemente no la dejan exhibir. Otra que se nos resiste es En busca del arca perdida, aunque ya estamos en ello. Superman tardamos nueve meses en conseguirla. ¡Nueve meses!

-Cuénteme, ¿dónde las exhiben?

-Principalmente en Barcelona, en el Palau de Congressos y en los cines Comedia, y también en Madrid. Aunque hemos hecho exhibiciones puntuales en otras ciudades.

-¿Cómo convocan?

-Básicamente, a través de las redes sociales.

-¿Y con qué otros ingredientes, aparte de la película en sí, recuperan el sabor del cine de barrio?

-Bueno, intentamos que sea un ritual social, así que tratamos de dar otros estímulos: por ejemplo, si la película es del año 86 pasamos tráileres de películas que se estrenaron ese año. O hacemos sorteos, porque antes en los cines había concursos y se sorteaban cosas. O ponemos la sintonía del Movierecord, que, ya ve, algunas veces la gente canta a coro.

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-Todo esto lo hace en parte para recuperar algo de su niñez. ¿Se emociona en la sala?

-¡Claro! Creo que en cada sesión recuperamos el cine como ritual, como actividad compartida. Cada pase es único, como antes. A mí me hace feliz. De niño invitaba a mis amigos a casa a ver películas de super-8 y me encantaba compartir con ellos eso, y al ver a la gente que viene a disfrutar y compartir, en definitiva vuelvo a ser niño; y qué mejor que eso.