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Lidia León: «Antes que una persona sordociega, yo soy la Lidia»

'La Lidia'. Solo un 10% de su diagnóstico ya hundiría al más pintado, pero ella grita a los cuatro vientos que aún tiene '¡Mucha guerra por dar!'

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Lidia León: «Antes que una persona sordociega, yo soy la Lidia»

jordi perdigó

La mayor parte de esta conversación transcurre a través de Joan Gil, guía intérprete de la lengua de signos catalana, pero también le planteo preguntas a Lidia escribiendo en su ordenador y dibujando letras mayúsculas en la palma de su mano. La comunicación profunda, sin embargo, no la propician las palabras ni los signos, sino el abrazo espontáneo con el que ella se despide. Este gesto transmite toda la fuerza, el cariño y la ilusión de una mujer que relata sus años más duros en ¡Mucha guerra por dar! (Editorial Salvatella), el primer libro totalmente accesible que no hace distinción entre videntes, sordos, ciegos y sordociegos.

-Si rodara una película sobre su vida, ¿cuál sería la primera escena?

-Unas vacaciones con mi familia. Tenemos una caravana y siempre salimos de viaje con mis padres. Con su ayuda y la de mis amigos puedo ir a donde sea si está adaptado. Incluso al Tibidado, donde me lo paso bomba.

-Es su gran logro: hacer de todo.

-Estoy muy orgullosa porque, siendo sordociega y sin lengua de signos, fui a la universidad y me diplomé en Educación Social. He estudiado, he trabajado, he viajado, he tenido pareja, me he separado, como todos.

-Solo que a usted le cuesta muchísimo más. ¿De dónde saca la fuerza?

-Me sale, es mi carácter, soy muy vital. Tengo ganas de vivir y creo que eso es un don.

-¿De niña ya era así?

-Era igual de vital y tenía el mismo genio, pero no era tan positiva. Mi problemática me ha hecho reflexionar sobre qué es lo importante de la vida y eso me ha hecho más sabia. Es normal que tenga altibajos, porque tengo un gran problema, pero siempre salgo adelante. La familia y los amigos me ayudan, me cuidan, me miman pero, ¡ojo!, sin sobreprotegerme. También está Nayima, que me acompaña a comprar y está conmigo las 24 horas. Nunca estoy sola.

-¿Con qué pensamiento se levanta cada mañana?

-Pienso que empieza otro día, otra aventura, otra lucha, pero en positivo. A veces me levanto de mala leche, normal, con mi carácter...

-Mejor no estar a su lado cuando se cabrea.

-Uf! (se lleva las manos a la cabeza) Tengo un carácter muy, muy fuerte, para bien y para mal, porque me lleva a luchar mucho pero también a no callar nunca. No soy nada conformista y siempre tengo que hacer lo que yo quiero [ríe]. Antes que una persona sordociega con una dura enfermedad, yo soy la Lidia.

-Tiene genio y sentido del humor. ¿Qué es lo que llama «la Nefi»?

-A los 17 años me diagnosticaron una neurofibromatosis tipo II. Es una enfermedad hereditaria, progresiva y degenerativa. Me salen tumores por el cuerpo y voy perdiendo facultades físicas. Me han operado muchísimas veces. A los 20 años me quedé sordociega, apenas veo contornos con el ojo izquierdo, y no puedo caminar. Por si fuera poco, también pasé una leucemia. Mi problemática no tiene solución, pero lo he asumido y me adapto a los cambios.

-¿Qué memoria tiene de la infancia y la juventud?

-Me veo en el campo, jugando con mis primos, jugando sin parar. También tengo grabadas las voces de mi madre y de mi padre, el sonido del agua, algunas canciones... Me encantaba Mecano y conservo sus discos: Hijo de la luna, Aidalai... Leo estas canciones y me pongo a cantar y a bailar. Son momentos de felicidad, pero la felicidad eterna no existe.

-El día 28 de este mes cumple 41 años. ¿Qué regalo pediría?

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