18 sep 2020

Ir a contenido

CAMBIOS EN LA CÚPULA DEL CATOLICISMO

Respuesta a una bonaerense sobre Francisco y Juan Pablo II

Iñaki Anasagasti

"Veremos, señora, si el nuevo Papa está a la altura de la expectación levantada, pero le recuerdo su pasividad durante la dictadura de Videla"

La señora Susana Paz me escribió estas líneas en EL PERIÓDICO por el artículo '¡Menuda patada a Juan Pablo II!', que publiqué en la web: "Buenas tardes mías y buenas noches suyas. Soy argentina, vivo en Buenos Aires y buscando leer lo que decían los diarios europeos sobre 'mi' cardenal Bergoglio (ahora papa Francisco) leí su artículo en EL PERIÓDICO DE CATALUNYA. Debo confesarle que me cuesta entenderlo. Volveré a leerlo Inclusive leeré algo también de su blog, así voy entrenándome con su léxico. Creo que eso es lo que me ha "cerrado" para comprenderle. Lamento que mi Papa no eligió nombres que a usted le gustaran. ¿Son vascos? ¿jesuitas vascos tal vez?. A mí, el nombre Francisco me encanta, y no porque mi primer novio se haya llamado así sino por san Francisco de Asís. Ahora, ¿cuál fue la patada a Juan Pablo II? Gracias. Muy atentamente, Susana".

Trataré de explicarme. Vaya por delante que monseñor Bergoglio puede elegir el nombre que más le guste, más le agrade, más le represente. Pero así como él puede hacer esto, habida cuenta que es una personalidad pública, los demás podemos opinar sobre ella. Y lo hago.

El papa Bergoglio fue jesuita antes que Papa y si lo fue, y no franciscano, demuestra que entre san Francisco de Asís y san Ignacio de Loyola eligió de joven la Compañía de este último. Fue una opción de vida. ¿Por qué ha elegido Francisco como nombre y no Ignacio? A mi entender por cálculo eclesial, porque tan pobre y humilde fue Francisco como Ignacio, pero el de Asís fue italiano, se le considera el santo de los animales y de los pobres y no causa rechazo. Ignacio fundó una Compañía para combatir el protestantismo de Lutero, en sus votos añadió el cuarto de obediencia al Papa y sus jesuitas han sido expulsados varias veces de distintos países.

No dejan indiferente a nadie en su militancia, en su teología de la liberación con Ellacuria, en sus universidades y casas de estudio. De ahí que el nuevo Papa, ante los recelos que podría causar en el Opus Dei, en los neocatecumenales, en todos los movimientos eclesiásticos, eligió aquel con quien mejor podría emitir su mensaje como lo está haciendo, porque no se me dirá el jesuita que san Francisco Javier, otro Francisco, murió en la abundancia. Tan pobre este navarro como el Francisco de Asís.

Y, si uno de joven elige Ignacio para toda la vida y cambia a los 76 años a Francisco, lo hace por cálculo, legítimo, pero cálculo. Por eso dije que para mí hubiera sido más valiente se hubiera llamado Ignacio. Este lo merece.

Malas relaciones con el padre Arrupe

Y en lo referente a Juan Pablo II la historia está ahí. Sus relaciones con el prepósito general padre Pedro Arrupe fueron muy malas. El Papa polaco era un señor autoritario y poco dialogante que trató de humillar al padre Arrupe, como lo hizo con Ernesto Cardenal, y entre las causas para su beatificación constan las humillaciones que tuvo que soportar de Karol Wojtyla.

Baste recordar que cuando el padre Arrupe fue constreñido a dimitir por motivos de salud, el papa Wojtyla no aceptó que fuese superior vicario --como le hubiese correspondido-- el primer consejero, el norteamericano padre Vincent O'Keefe, y nombró dos comisarios en las personas de los jesuitas italianos Paolo Dezza y Giuseppe Pittau. El primero, un hombre anciano de gran prestigio, y el segundo, un sardo joven a quien Juan Pablo II designaba prácticamente como su delfín.

Pero aquel gesto del papa Wojtyla hirió a la Compañía de Jesús, la cual obedeció, pero al mismo tiempo, cuando llegó la hora de las elecciones en el nuevo capítulo general, no tuvo en cuenta las indicaciones del Papa y no solo no nombró general a Pittau, sino que ni siquiera salió elegido como consejero general por el capítulo. Solo más tarde lo eligió personalmente el nuevo padre general.

Además, la elección del nuevo general tuvo lugar mientras Juan Pablo II estaba de viaje. Cuando los periodistas que viajaban con él le preguntaron qué pensaba del nuevo superior jesuita, el papa Wojtyla se limitó a decir: "No lo conozco". Y cuando en Roma un periodista preguntó a un jesuita de Radio Vaticana su opinión sobre el nuevo elegido, su respuesta, significativa, fue: "Está muy preparado. Sabe casi todas las lenguas, menos el polaco".

Señora Susana Paz, esta es la explicación a mi comentario. Entiendo que tenga usted en alta estima al papa Francisco. Veremos si está a la altura de la expectación levantada, pero le recuerdo su pasividad durante la dictadura de Videla. Y queda también éste cálculo italiano de llamarse Francisco para no irritar a la Curia italiana. A mí me hubiera dicho mucho más si hubiera optado por llamarse Ignacio. Hubiera sido toda una apuesta de valentía y de justicia con la historia. Por eso no me ha gustado el populismo de monseñor Bergoglio.