10 abr 2020

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EL DEVENIR DE LA UNIÓN

Tres temas primordiales sobre Catalunya, España y Europa

Jordi Pujol

"El relación norte-sur dentro de la UE, que durante muchos año ha funcionado bien gracias al eje franco-alemán, ahora chirría, porque Francia está que si se cae o no se cae"

Imaginemos que la UE fuese una unidad política, en la que el peso de los estados del sur en la toma de decisiones políticas y económicas fuese muy determinante. Y especialmente en lo que atañe a infraestructuras, promociones de la actividad económica y, en general, iniciativas que pueden repercutir en el PIB y en la renta de los diferentes territorios.

En parte, la unidad política ya existe, fruto de muchos acuerdos sectoriales y de un denso tejido institucional supraestatal. Y uno de estos elementos de unidad, muy importante, es el euro, que condiciona la política económica y financiera de los estados. Por ejemplo, que un país no pueda devaluar condiciona mucho su política económica y social. España, por ejemplo, si no estuviera en la UEM, es decir, en el euro, podría recuperar competitividad devaluando la moneda. Ahora lo debe hacer, haciendo lo que se denomina una "devaluación interior" (recortando gastos --también sociales--, bajando sueldos, suprimiendo empresas no competitivas con el riesgo de generar desempleo...).

Predominio claro del norte

La UE no es ahora una unidad política del todo, pero debido a la hegemonía económica de Alemania (acompañada de tres o cuatro países más) en parte sí que lo es. Y lo será más si, como es probable que suceda, Alemania consigue que la política presupuestaria de los estados de la Unión quede supeditada al visto bueno de Bruselas. Esto condicionará mucho la política económica de desarrollo, pero también social, en todas sus aplicaciones de los estados. Pero cabe decir que, en el momento actual, en la UE existe un predominio claro de los países del norte (Alemania y asociados), que aceptaron, y siguen aceptando, que uno de los objetivos de la Unión debía ser y debe ser el crecimiento económico y el progreso social del conjunto de todos los países que forman parte de la UE. Con especial atención a los que están por debajo del promedio. En terminología muy española, deberíamos decir que la Unión (también los países del norte) asumieron la idea y el compromiso de la solidaridad.

Los fondos estructurales y los fondos de cohesión son dos elementos muy importantes, decisivos, de esta política, pero no son los únicos. El caso es que durante décadas los países del norte han contribuido mucho --en algunos casos, muchísimo-- al desarrollo económico y social del sur.

El eje franco-alemán

Este esquema se ha visto facilitado durante muchos años porque normalmente el eje franco-alemán ha funcionado bien o lo bastante bien. Este mecanismo ahora chirría. Chirría sobre todo económicamente porque Francia está frenada. Está que si se cae o no se cae, en lo que ellos denominan la 'déclin', el declive, el retroceso. Por lo menos, relativo. Esto refuerza el liderazgo económico alemán, pero también, más moderadamente, el político. Es un criterio general que Francia es una pieza insustituible para la Unión Europea, pero ahora no con la misma fuerza e influencia que Alemania. Lo que hace que ahora en parte --tan solo en parte-- Francia tenga que ser considerada un país del sur.

Norte y sur. Disciplina fiscal, reforma laboral, prioridad para la productividad y la competitividad, adaptaciones del Estado del bienestar al cambio económico que se ha producido en los últimos diez años. Todo esto en el norte. Y resistencia en el sur a entrar por este camino.

En la práctica, esto hoy resulta muy evidente --entre otras cosas-- con la presión que los países del norte realizan sobre los del sur para imponer políticas de ahorro y en todos los terrenos: gasto administrativo, rebaja de sueldos y de plantillas, rebaja de las transferencias a través de los fondos europeos, supresión o disminución de determinados servicios sociales, etc. Un mecanismo principal de aplicación de esta política es la exigencia de cumplir las condiciones de deuda y de déficit presupuestario.

Una política así tan solo es posible a través de lo se conoce como "la presión de los mercados" y de la superior fuerza económica y finalmente política del norte. Los países del sur protestamos y nos resistimos, pero en mayor o menor medida --a la larga, bastante-- nos tendremos que adaptar. Esto ahora mismo es doloroso. Pero probablemente a medio y largo plazo será positivo. Porque el sur --España, Italia, Irlanda, etc.-- terminará reaccionando. Y esperemos que Francia no solo desmienta las predicciones fúnebres del 'The Economist', que decía que Francia es una bomba de relojería en el corazón de la Unión Europea, sino que supere la etapa de estancamiento que está viviendo. Si quiere, lo puede hacer.

¿Comprensión desde Europa e incomprensión desde Catalunya?

Sobre todo esto, recientemente, ha escrito un excelente artículo el profesor Alfred Pastor en el periódico 'Ara', el pasado viernes, 8 de marzo de 2013. Que merece un comentario más completo que este (y que ya harán). Y que, de paso, con o sin intención (esto solo lo debe saber él) dice tres cosas muy importantes, aplicables a Europa y a España (y a Catalunya). Las dos primeras sobre todo a Europa y a Catalunya. La tercera sobre todo a Europa.

1. "Que los países del sur tengan que recibir una cierta ayuda de los del norte parece indispensable: pero a la vez esta crisis pone de manifiesto lo que debe ser uno de los principios de una Europa más unida: las ayudas deben ser extraordinarias y, como tales, transitorias".

2. "Si desde aquí miramos con suspicacia el uso que hacen de nuestras transferencias otras regiones de España, no esperemos más comprensión de los vecinos de otros países".

3. "Europa no es tan solo fruto de los triunfos superficiales de la civilización moderna sino de fuerzas sociales y espirituales que han contribuido a construirla".

Tres temas que no se pueden comentar telegráficamente. Y este artículo ya es demasiado largo. Los comentaremos la próxima semana.

http://www.jordipujol.cat