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La rueda

Catalanismo y españolismo en la actualidad

Enric Marín

Gustará más o menos, pero no hay que estar dotado de una gran perspicacia analítica para entender que el soberanismo se ha instalado en el centro del debate político en Catalunya. Y no es una moda o un suflé. El debate está impulsado por razones objetivas de orden económico, político y de identidad cultural. Pero al margen de estos fundamentos objetivos también influyen las evoluciones dispares e incompatibles del catalanismo y del españolismo. En el campo del catalanismo, en los últimos 10 años se ha abierto camino una revolución conceptual en torno al derecho a decidir y a la noción misma de pertenencia nacional, que ha perdido el lastre del romanticismo esencialista propio de los nacionalismos tradicionales. El catalanismo ya responde a los esquemas de lo que Manuel Castells llama identidad-proyecto. Es inclusivo, no étnico; proyecto inacabado, no voluntad de reconstrucción nostálgica. Así pues, sobre la base de la reivindicación cultural, las dos señas de identidad más relevantes del catalanismo del siglo XXI son de carácter democrático (derecho a decidir) y social (proyecto colectivo e inclusivo).

En contraste, en los últimos 20 años el españolismo hegemónico ha asumido los postulados de un nacionalismo de matriz neofalangista torpemente barnizado con retórica pretendidamente liberal. Un singular y castizo liberalismo paradójicamente autoritario que confunde libertad con desregulación. Más allá de este barniz seudoliberal, el españolismo mayoritario ya está marcado con hierro candente por este nacionalismo neofalangista. No es ninguna metáfora. Tampoco un insulto. Es un hecho que ilustra con solvencia un elemental análisis semántico de los discursos e intervenciones públicas de políticos como Fernández Díaz, Wert, Montoro, Bono o Rodríguez Ibarra. Y el listado no es exhaustivo.

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