03 abr 2020

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LA CRISIS SOCIOECONÓMICA

Las migraciones (2)

Jordi Pujol

"El resultado es que en España no solo se ha producido una 'burbuja inmobiliaria'. También hay una 'burbuja" laboral'. Tenemos más gente de la que el país y la economía del país necesitan"

Como decíamos la semana pasada, las migraciones y sus causas --desequilibrio muy fuerte entre países ricos y pobres, entre riqueza y miseria, también desequilibrios demográficos...-- y consecuencias --problemas de convivencia, choques y tensiones étnicas, culturales, religiosas, etc.-- constituyen un problema de máxima importancia en el mundo. Que, en cada nivel local, tiene sus características.

En Europa, por ejemplo, conviven una actitud aparentemente abierta respecto a la inmigración y una seria preocupación de fondo. Un discurso abierto y receptivo --sobre todo, en algunos sectores políticos y sociales de izquierda y en ámbitos de fuerte sensibilidad religiosa (católica y protestante)-- a menudo definidos como buenistas, y otro discurso mucho más restrictivo respecto de la venida de gente de fuera de otros países europeos --por ejemplo, del Este de Europa o de otros continentes. Con un predominio menos aparente en lo que podríamos llamar el 'establishment' cultural e intelectual de la primera posición, y con una actitud más de toque de alarma en el resto.

Probablemente, a estas alturas, esta segunda posición es predominante en la sociedad, aunque los altavoces del sector, a menudo calificado de progresista, son más potentes. Pero es en Francia donde un político socialista muy importante dice que los socialistas --se supone que franceses-- no se han planteado nunca seriamente el problema de la inmigración. Les ha dado miedo encararse con él. Y son Dinamarca y Suecia los países que hace años que se esfuerzan por encontrar un equilibrio entre la mentalidad de acogida y la imposición de unas normas de convivencia que preserven la identidad del país. Y al final resulta que tanto en Francia como en los países nórdicos los partidos reticentes u hostiles a la inmigración tienen altos porcentajes electorales. Y condicionan negativamente la política general del país.

Y muy recientemente uno de los temas polémicos en Alemania ha sido, y es, el de la inmigración. El de la inmigración de los países del Este de Europa.

El caso español

Pero hablemos de España. En términos generales, este tema ha sido tratado con superficialidad y negligencia. Esto se puede entender, quizá, porque España tradicionalmente no había sido un país de inmigración sino de emigración. El caso es que alrededor de 1990 eso cambió. Sobre todo, por el crecimiento económico que hubo, que era un crecimiento que necesitaba mucha mano de obra barata y poco cualificada. A este motivo económico --de beneficio económico muy rápido-- se añadieron los argumentos que antes hemos calificado de buenistas y también la idea de que permitir una inmigración muy masiva y, en conjunto, bastante joven sería un antídoto para el problema de la baja natalidad y el envejecimiento españoles.

Un muy importante político español decía: "La inmigración, tal como viene, compensa la muy baja natalidad que tenemos, rejuvenece una población que tiende a envejecer mucho y hace menos urgente la reforma de las pensiones que algún día tendremos que hacer y que será de difícil aceptacion social". Al argumento de que todo esto también se resolvería con una buena política de apoyo a la familia y a la natalidad como hacen Francia y los países nórdicos, me dijo que esto sería muy caro y de efectos lentos, y que lo que de una manera rápida necesitábamos era mano de obra. (Y no lo dijo, pero seguro que pensó "y barata").

'Burbuja laboral'

El resultado es que en España no solo se ha producido una 'burbuja inmobiliaria'. También hay una 'burbuja laboral'. Tenemos más gente de la que el país y la economía del país necesitan. O en la que normalmente puede dar trabajo. Ahora, y hace cinco o diez años, si la orientación económica hubiera sido equilibrada y sensata. Y es por eso que el paro en España es exageradamente alto, más del doble del de la Unión Europea. Y que tardará mucho en bajar a cifras normales. España tiene más población de la que necesita. Una parte, bien preparada, pero otra parte, no.

Pero el problema es el que es y nos compromete a todos. A las administraciones y a la sociedad. A quienes reclamaban más inmigración y a los que eran partidarios de prevenirla. Y también a los inmigrantes. Es decir, ahora toda esta gente está aquí y somos responsables. Estamos obligados. Y, como decíamos la semana pasada, de ellos se debe esperar también un esfuerzo de incorporación a su nuevo país. Y la mejor manera de alcanzar este doble objetivo es la de integración --es decir, no perpetuar sociedades diferenciadas y poco permeables, sino la paulatina interrelación y gradual mezcla. Y facilitar el ascensor social.

La cohesión social en Catalunya

Una referencia a Catalunya, que hace muchos años --más de cien-- que recibe mucha inmigración, a menudo en condiciones sociales, económicas y políticas difíciles. A menudo, en condiciones de gran precariedad, también desde el punto de vista de la identidad del país. Y situados en el año 2000 podíamos decir que en términos generales el país --todo el país, toda la gente que vivimos en él-- había resuelto positivamente en conjunto los retos de la convivencia, del ascensor social y de la cohesión. Que había hecho realidad aquel viejo eslogan del PSUC, 'Catalunya, un sol poble'. O de Candel. Y de tanta gente diversa que respetando el pasado puso el acento en el futuro, en las generaciones futuras y en la necesidad que tendrían de cohesión. Y eso había funcionado bien.

Ahora tenemos un nuevo reto inmigratorio. En diez años hemos pasado de 6,3 millones a 7,6 millones. Los especialistas que lo miran desde fuera --algunos, muy cualificados-- dicen que es casi imposible mantener la cohesión del país. Y la identidad. Por nuestra experiencia, nosotros creemos que sí. A poco que disponemos de las herramientas políticas, sociales y económicas necesarias. Que es lo que ahora Catalunya está reclamando.

En todo caso, este debe ser nuestro objetivo. Por razones diversas, pero sobre todo humanas.

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