La rueda

Inundación ciudadana e intolerancia

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En España, a las sequías suceden inundaciones. Forma parte de nuestro fatalismo geográfico. Es incomprensible que no se haya producido una explosión social en un universo de seis millones de parados. Muchas de las legítimas reivindicaciones de los ciudadanos promueven explosiones de indignación.

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Ahora las mareas desbordan las calles. Contra los desahucios, contra los recortes y privatización de la sanidad. Contra una corrupción que se demuestra intolerable. La falta de respuesta de las instituciones se hace insoportable. Los insultos y zarandeos a dos dirigentes socialistas que participaron en la manifestación de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca son síntoma de que la inundación de la indignación promueve rasgos preocupantes de intolerancia. ¿Está el PSOE descalificado de por vida por los errores que cometió en el Gobierno? ¿Hay voluntarios para expedir carnets de legitimad para cambiar sus posiciones políticas? El corolario de este análisis es la falta de legitimidad que aplica un sector de la ciudadanía incluso a los partidos tradicionales de izquierda. La crisis política no es menor que la económica.

Todo movimiento, hasta el más radicalmente revolucionario, exige organización, liderazgos reconocidos por los ciudadanos y un plan de actuación. La explosión de la calle tiene que tener vectores de control si no quiere acabar en un desorden generalizado que convoque a los salvadores que siempre están presentes en la historia esperando su oportunidad. Ocurrió en la Alemania desbordada que dio paso aAdolf Hitlery en el golpe de Estado deFranco. Los golpistas siempre invocan el desorden que necesitan para tratar de justificar su intervención. El PSOE tiene que recuperar un crédito perdido entre sus parroquianos. Pero no parece razonable que, cuando empieza a rectificar, se agreda a sus representantes.