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Largo plazo

Gracias, Josep Ibern, gracias, Pere Antoni Dòria

Olga Grau

Caixa Laietana con 150 años de historia estrenó el 22 de junio del 2007 una flamante sede corporativa en Mataró que supuso una inversión de 40 millones de euros. Faltaba apenas un mes para que estallara la crisis de las hipotecas subprime en EEUU, pero en España las cajas de ahorros vivían peligrosamente, ajenas a las consecuencias de la burbuja que tenían larvada en sus tripas.

El día después de la inauguración, el director general de la caja anunció que se jubilaba tras una trayectoria de 31 años. Pere Antoni Dòria construyó en tres décadas una caja mediana con tentáculos fuera de Catalunya, que pasó de 25 oficinas a 275. Controlaba el consejo de administración en el que había representantes políticos y de entidades sociales, y designó como sucesor a su director general adjunto, Josep Ibern, un hombre de la casa.

Ibern, que formó tándem con Dòria en la asunción de riesgos excesivos, tuvo un papel definitivo en lo que ha sido el final más triste de todas las cajas catalanas. En el 2009, en plena crisis financiera, la caja ávida de financiación lanzó una colocación de 27 millones en participaciones preferentes.

De todas las propuestas realizadas por muchas otras cajas, la oferta de la caja catalana era la de mayor diferencial: ofrecía una rentabilidad del euríbor a tres meses más el 8,55% (con un mínimo del 8,90%) a partir de octubre del 2011. No fue la única emisión, hubo más antes.

Ibern y su consejo de administración pasarán a la historia por trasladar el riesgo a los clientes que confiaban en su caja de toda la vida y por el negacionismo con el que afrontaron la crisis y el proceso de concentración del sector.

Laietana tuvo la oportunidad de integrarse con Sabadell, Terrassa y Manlleu y formar Unnim. Ibern los dejó plantados la semana antes porque quería seguir solo o porque no se garantizaba un puesto ejecutivo. Es cierto que Unnim ha acabado en manos del BBVA, pero sus clientes han recuperado casi el 100% del valor de sus preferentes. También plantó a Caixa Penedès y así sucesivamente hasta que, finalmente, en junio del 2010, el consejo votó por unanimidad integrarse en la fusión liderada por Caja Madrid y Bancaja, embrión de Bankia. Ibern fue nombrado nuevo presidente de Caixa Laietana, con coche oficial y despacho. A los clientes de Laietana les canjearon sus preferentes por acciones de Bankia, antes de conocerse el agujero. Ibern dimitió a finales del 2012 con una indemnización de medio millón de euros más el plan de pensiones, que le garantiza dos millones a partir de que se jubile. Los tenedores de preferentes lo han perdido todo. La acción de Bankia vale cero. Y nadie ha sido acusado de estafa.

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