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Los jueves, economía

Déficit de sentido común

Antón Costas

Los gobiernos se empecinan en debilitar aún más la actividad económica con una austeridad inclemente

Bien mirado, nuestro principal problema en Europa no es el déficit público y la deuda. Es el déficit de sentido común de nuestros gobiernos. Para muestra, dos nuevos ejemplos. El primero es el presupuesto europeo. El segundo, la guerra de divisas y la revalorización del euro. Cuando una persona está débil, el buen sentido aconseja que se le administre algún reconstituyente que la ayude a recuperarse lo antes posible, aunque haya que pagar la medicina a crédito. De la misma forma, cuando una economía está débil el sentido común aconseja que se la ayude para evitar que empeore, aunque eso signifique no poder reducir el déficit público y la deuda al ritmo que uno quisiera. Nuestros gobiernos hacen todo lo contrario.

DESDE MEDIADOS del 2010, los gobiernos nacionales, en vez de ayudar a la economía a superar los efectos de la crisis financiera del 2008 se empecinaron en debilitarla más con una austeridad inclemente. El resultado ha sido perjudicial, por doble partida. Primero, los recortes han autoinfligido una segunda recesión y provocado el aumento del paro. Segundo, la recesión y el paro han agravado los problemas que se querían solucionar, la deuda y el déficit. Un círculo infernal.

Los datos publicados por la propia Comisión Europea a finales del 2012 señalan que el efecto depresivo de la austeridad en la demanda domina sobre cualquier otro efecto positivo que pudiera tener respecto del déficit. El FMI dice lo mismo. Cualquier persona sensata esperaría que esto fuese suficiente para que nuestros gobernantes tratasen de enmendar el rumbo y buscar una estrategia que permita reducir la deuda sin debilitar más la economía.

Pero hete aquí que la semana pasada el Consejo Europeo, formado por todos los gobiernos de la UE y la Comisión Europea, ha aprobado el nuevo presupuesto europeo para el periodo 2014-2020. Más de lo mismo. Seis años más de austeridad, que sumados a los cuatro que llevamos significarán que la economía europea habrá estado una década sometida a una medicina de caballo que, encima, no cura. No hay cuerpo que lo aguante. Solo queda la esperanza de que el Parlamento Europeo, que ha de aprobar ese presupuesto, tenga algo de sentido común y lo enmiende. La segunda muestra de falta de sentido común es lo que está ocurriendo con la cotización del euro. En este momento, la Unión Europea es la única área económica del mundo que está en recesión. Cuando una economía está débil, la teoría económica predice que su moneda se debilitará. Eso favorece las exportaciones y, a medida que aumentan, ayudan a recuperar la economía. Pero el euro es la única moneda que se está apreciando, con probabilidad de acercarse a 1,40 dólares por euro. Economía débil y moneda fuerte: el peor de los mundos.

¿Cómo explicar esta paradoja? La causa es que la batalla entre los países para repartirse los costes de la crisis del 2008 ha entrado en una nueva fase: la guerra de divisas. Manipulando el valor de la divisa, algunos países tratan de vender más a los demás para así crecer y crear empleo propio. Es decir, exportan su crisis y su paro a otros países. Ya ocurrió en los años 30. La economista inglesa Joan Robinson las llamó políticas beggar-thy-neighbours, de empobrecimiento de los vecinos.

A través de diferentes estrategias, los gobiernos y bancos centrales están manipulando sus monedas a la baja. Japón, China, EEUU y el Reino Unido, inyectando más dinero en la economía. Suiza y algunos países emergentes, mediante controles. Los únicos gobiernos que no hacen nada son los europeos. Pero no hacer nada es empeorar aún más las cosas. Esta situación es injustamente perjudicial para la economía española. A los trabajadores se les impone una reducción drástica de salarios para mejorar la competitividad. Pero esta ganancia de competitividad queda anulada por la pérdida de competitividad que provoca la apreciación del euro. Cornudos y apaleados.

¿NO HAY alguien en la eurozona que tenga algo de sentido común? Afortunadamente, parece que sí. Es Mario Draghi, el presidente del Banco Central Europeo. Su declaración del año pasado diciendo que el BCE iba a hacer todo lo necesario para salvar el euro tuvo un efecto relajante sobre la prima de la deuda. La semana pasada insinuó que no se iba a quedar quieto en esa guerra de divisas. Draghi ha estado en Madrid y Barcelona estos días. Según su declaración, viene a escuchar. Hay que aprovechar para explicarle el perjuicio que esa guerra de divisas provoca a España y para animarle a continuar el camino iniciado el año pasado. Encomendémonos, por tanto, a san Mario Draghi, porque es lo único sensato que tiene la política europea en estos momentos. 

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