31 may 2020

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Saül Gordillo

No lea este artículo porque no corresponde con la dura realidad mediática, la de los escándalos de corrupción y los políticos que roban. No lea más porque habla de dos concejales de L'Hospitalet de Llobregat que viven pendientes de sus vecinos y se esfuerzan por acercar los problemas de la comunidad a las posibles respuestas municipales. No va de paraísos fiscales en Suiza ni de caligrafía corrupta, va de dos militantes socialistas que entraron de ediles en 2011 y atienden los distritos más densos de una ciudad muy poblada. Quizá la densidad urbana más alta de Europa, en el Brooklyn de la Gran Barcelona.

Jesús Husillos es concejal de distrito de Collblanc y La Torrassa, con 52.000 habitantes en un kilómetro cuadrado. Su función, como la de todos los concejales de distrito, es canalizar la problemática de su barrio en el Ayuntamiento, a través de los departamentos municipales. La proximidad, esa palabra gastada en época de bonanza y ahora tan vital, porque a falta de dinero solo nos queda la amabilidad en el trato, la atención personalizada, es el eje de la acción pública de Husillos. Se define como un "médico de cabecera" que atiende a sus pacientes todas las horas del día todos los días de la semana. "Cuando la alcaldesaNúria Marín, me propuso ir en la lista del partido y después ser concejal lo tuve que hablar con mi familia. Se hacen horarios intempestivos y siempre tienes que estar al pie del cañón."

Contenedores, problemas de convivencia y un sinfín de frentes abiertos forman parte del 'curro' de un edil de L'Hospitalet. Husillos recibe visitas en el despacho, pero también 'hace domicilios' como los médicos de antes. "La receptividad de los vecinos es total, cuando les explicas las cosas se hacen cargo", comenta el concejal que milita en el PSC desde el 2001. Con su Blackberry del consistorio, no para de responder correos, incluso en Año Nuevo. A falta de redes sociales --aún no se ha atrevido a dar el salto--, el móvil y el correo forman parte de su 'modus operandi'.

José Castro se encarga ni nada más ni nada menos que de la Florida, las Planes, Pubilla Cases y Can Serra, los distritos 4 y 5 de L'Hospi. Estamos hablando de 85.000 habitantes. Exmilitante del PSUC, ay, el PSUC, y dedicado a la alfabetización y la educación social, Pepe Castro trabajó en el otro lado de la trinchera, en la vecinal, con los alcaldes Juan Ignacio Pujana --perdón, dije que no hablaría de corrupción-- y Celestino Corbacho, que en el 2005 le reclutó para los planes de barrio y fomentar la participación ciudadana. Corbacho le puso al frente de una de las mayores crisis de la ciudad, entre el 2007 y el 2008, con las obras accidentadas del AVE en Bellvitge y Gornal.

De aquella crisis surgió un vínculo de confianza con el alcalde, que cuando fue nombrado ministro de Trabajo en la peor etapa de un ministro de Trabajo se marchó a Madrid con Corbacho. La combinación de líder vecinal, militante de izquierdas y cargo ministerial en la Villa y Corte ha convertido a Pepe Castro en uno de los puntales de la alcaldesa Marín, que es muy avispada y ha sabido aprovechar los mejores de Corbacho. Si un día quieren saber qué hace Castro, no se conformen con esta pieza. Llámenle y queden con él. Sí, sí, tan fácil. Hasta 3.000 vecinos de L'Hospitalet tienen el móvil de Castro, que repartió tarjetas con su número y también recibe mensajes en su Facebook.  

Para ser novato en el consistorio, Castro demuestra tener un discurso político muy sólido. Detrás de la cercanía hay relato. Los que no roban tienen principios, pero salen menos en los medios...