20 sep 2020

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LOS ESCÁNDALOS DE CORRUPCIÓN

Lo que no decían los del PP sobre los sueldos parlamentarios

Iñaki Anasagasti

Con unos medios de comunicación vigilantes, y con una justicia como Dios manda y un Tribunal de Cuentas con consejeros vitalicios y sin estar al albur de los partidos, la corrupción en España no hubiera alcanzado las actuales dimensiones siderales.

¿Alguien se acuerda de lo que le pasó al juez Baltasar Garzón por meter sus narices en el 'caso Gürtel'? ¿Alguien cree que en un país democrático los tesoreros y conseguidores del PP como Rosendo Naseiro y Sanchís hubieran seguido libres y forrándose?

Y una experiencia personal.

La transición comenzó pagando a diputados y senadores cuatro perras. No era bien visto que de la política se viviese. Esa era la mentalidad del franquismo donde todo se complementaba y completaba con consejos de administración y otras canonjías.

Y para ir subiendo los sueldos se fueron añadiendo conceptos varios que dejaran un sueldo bien apañado, pero completado con dietas por vivir o no en Madrid, ser portavoz o no de una comisión, presidir una ponencia, ir a un viaje, cosas así.

Nosotros reivindicábamos, desde siempre, sincerar esta cuestión. Que la gente supiera lo que se ganaba y que además se dijera que la política democrática debía estar bien pagada para que a ella fueran los mejores y que no había que tener complejo por ello.

Todos los intentos chocaban contra el muro del PP. ¿La razón? Había dos tipos de parlamentarios. Los de la base y los grandes elefantes que recibían sobresueldos y lógicamente estos no querían que nada se tocara. Rato, Trillo, Mayor Oreja, Arenas, Acebes, Cascos, Rajoy... todos los que estaban en primera y segunda fila de asientos del hemiciclo. No me extraña pues que el concejal del PP de Galdakao dimita. Él era un 'pata a la llana', frente a los 'patas negras'. Los que cobraban.

Y esto ha funcionado así por dos razones.

Por unos medios de comunicación sobornados y por un poder judicial corrupto, incluyendo a un Tribunal de Cuentas que ha sido un Tribunal de Cuentos chinos.

Ha sido el trabajo de la picaresca española a tope y una transición política de la democracia a la dictadura, de vergüenza. Menos mal que ha hecho crisis.

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