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Gente corriente

Christine Hart : «Desfilé en el búnker de Gadafi, muerta de miedo»

NÚRIA NAVARRO

Christine Hart (Bad Homburg, Alemania, 1971), madre de dos hijos, se apuntó a un taller de escritura en el Ateneu Barcelonès. Quería armarse para contar las interioridades de su etapa como modelo. El resultado: Lo que las modelos callan.

-Acabé la carrera de Derecho y, con 25 años, me metí en la moda porque quería viajar. En la agencia Elite Barcelona me dijeron que, con mi físico, solo podría anunciar pañales y tampax. Una semana después probé suerte en Elite Italia y el fotógrafo Helmut Newton me eligió para Montblanc. Eso me dio fuerzas para no hacer caso de lo que me dijeran.

-Delante de Newton no posaba cualquiera, no. Y logró viajar al fin...

-Sí. Me instalé en Sídney un par de años, viví en Nueva York y en Miami. Pero nunca me sentí modelo. Era una forma de vivir muchas vidas. Me lo tomé como si fuera un teatro: subía al escenario y hacía mi pieza.

-Se codeó con Elle MacPherson y Karen Mulder, en Saint Tropez.

-Para mí eran iconos de los 80. Pero me sorprendió su fragilidad. Elle fue a comprar un osito de peluche y se pasó toda la tarde achuchándolo. Y Karen, que es muy dulce, estaba en su declive. Recuerdo que íbamos de compras, entrábamos en tiendas y se lo dejaba todo, el bolso, las compras...

-También leo en su libro que desfiló para Muamar Gadafi.

-Fue después de la caída de las Torres Gemelas. En teoría, la agencia nos envió a desfilar en la Embajada de España en Trípoli. Pero en el aeropuerto intentaron sacarnos los pasaportes. Nos metieron en un avión ruso y nos llevaron al desierto. Allí nos encasquetaron pelucas y unos trajes como para ir a los Oscar y desfilamos en el búnker ante Gadafi y otros sátrapas africanos. Luego el coronel nos hizo preguntas políticas sobre España, tomamos café y adiós. Yo estaba muerta de miedo.

-No me extraña ni un pelo.

-Lo más sorprendente es que, a la vuelta, ninguna de las chicas me apoyó para denunciar a la agencia. Todas volvieron pensando que veníamos de Disneylandia. Ni una consideró que fue una aventura peligrosa. ¡Nos podían haber violado o vendido! La juventud está asociada a la inconsciencia. Son tales las ansias de ser modelo, de llegar a ese mundo irreal del glamur, que las niñas no ven los peligros. Y ahora que soy madre me veo en la obligación de contar esos peligros.

-Repasémoslos aquí.

-La moda es una industria que mueve millones, y lo básico es que las chicas sean jóvenes y manipulables. En las macroagencias, las chicas de 15 o 16 años están solas en los apartamentos, las invitan a fiestas y se exponen a riesgos. Como quieren triunfar, aceptan lo inaceptable y no se quejan ni denuncian. Nadie les pregunta cómo se llaman ni qué tal están. Algunas consumen cocaína para perder el apetito y cumplir el canon de la talla 34. Mire, los enemigos inherentes al oficio son el rechazo y el miedo a envejecer. La dictadura de la belleza te somete a un estrés constante. Cuando yo estaba en Nueva York, el rostro de Nina Ricci se tiró por la ventana. Tenía 21 años.

-Espantoso.

-Por eso reclamo que las niñas empiecen más tarde y tengan formación. Solo las fuertes salen reafirmadas de un oficio que también te permite vivir situaciones maravillosas y conocer a gente muy interesante.

-Bueno, compartió noche estrellada con George Clooney en Cannes...

-Sí. La gente tiene idealizadas las fiestas, pero sueles pasar la noche aguantando la copa, sonriendo y dejándote ver. El ambiente estaba cargado, salí a tomar el aire, me senté en unas escaleras y allí estaba él. Parecía aburrido de la soirée. Charlamos un rato y luego, automáticamente, se puso su sonrisa y entró en la fiesta. Pensé: «¡Qué gran profesional!».

-¿Por qué dejó ese mundo irreal?

-Por amor. Tenía 35 años, vivía en Nueva York y estaba cansada de viajar, de estar sola, de no sentir la solidaridad de las compañeras. Quería encontrar al hombre de mi vida, pero en mi entorno eran una panda de buitres. Conocí a mi marido en París y a los tres meses de estar casados me quedé embarazada y me olvidé de la moda. Es un libro cerrado que soy incapaz de volver a abrir. Soy mamá y estoy centrada en la escritura.