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La rueda

¿Choque de trenes?

Enric Marín

En los últimos meses se ha generalizado el uso de la metáfora del choque de trenes para referirse a las consecuencias del proceso soberanista. El último en referirse a ella ha sido Gay de Montellà, presidente de Foment. Siempre me ha parecido una metáfora muy inadecuada. En primer lugar, porque el choque de trenes no sería la consecuencia del proceso soberanista catalán. En todo caso, sería el origen. Tal y como el conseller Homs recordaba en la entrevista en EL PERIÓDICO el domingo, el choque de trenes fue la sentencia del Constitucional sobre el Estatut. Efectivamente, la sentencia fue como deshuesar una propuesta votada por el pueblo catalán cuando las Cortes españolas ya habían pasado el cepillo con entusiasmo digno de mejor causa. Aquello fue un choque de legitimidades, con una lectura que no admitía dudas: tal y como el Parlamento lo ha definido, Catalunya no tiene cabida en España. Al día siguiente de la sentencia, una persona poco sospechosa de separatista radical como Miquel Roca escribió: España tiene un problema. Y como el tiempo está demostrando, no es un problema menor. Es verdad que los políticos y los creadores de opinión de aquí y de allá han tardado muchos meses en tomar conciencia.

Hay una segunda razón que hace inadecuado el uso de la metáfora del choque de trenes. De hecho, una vez producido el choque de legitimidades, solo hay dos salidas posibles: o las élites económicas, políticas y culturales radicadas en Madrid son capaces de ofrecer una propuesta muy atractiva para favorecer el encaje de Catalunya o la alternativa es que la sociedad catalana encuentre su propio camino, su vía, con procedimientos escrupulosamente democráticos. No creo nada probable que el PP y el PSOE sean capaces de liderar ninguna reforma de España capaz de permitir una mínima confortabilidad en Catalunya. Ninguno de los dos escenarios se ajusta a la imagen tremenda de un choque de trenes.

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