24 nov 2020

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JÓVENES (SOBRE)SALIENTES

La revolución de las gafas de madera hechas en un garaje

Anna Pacheco y Andrea Gómez

"Es un chico con la cabeza repleta de ideas y pasión por las cosas nuevas. Un aventurero. De los de lanzarse a la aventura sin mirar atrás"

Dicen que viajar abre miras. Óscar Palencia, de 26 años, estudiante de educación social en la Fundació Pere Tarres, lo corrobora. Ha llevado su mochila a Australia, India, Nueva York, Miami, Nicaragua, Costa Rica, México, Marruecos, Guatemala y algún que otro rincón del planeta. Y él, el chico que ahorra durante todo el invierno para poder dar vueltas en verano, dice que en el exterior solo veía negocios viables para traer aquí. Y así lo ha hecho. ¿Por qué no mezclar madera y gafas de sol? Y aquí la idea, y luego el éxito. Palens podría decirse que está de moda, o en términos de moderneo, ahora mismo es 'lo más'. Dicen de Óscar que es informal, simpático y amigo de sus amigos, añadimos humilde como aportación propia. Profesa amor incondicional por el 'magret' de mamá, solo de mamá, y por su hermano pequeño, otro cerebrín de los negocios con tan solo 19 años.

Él empezó por la vía formal. La del buen hijo universitario. En su formulario post-selectividad apuntó ADE en el Instituto Químico de Sarrià. Aguantó dos meses. Le gustaban las salidas laborales, pero no la teoría. Optó por irse a Australia seis meses, con aquel bonito pretexto de aprender algo de inglés (tierna excusa que siempre funciona). Volvió moreno y con la mente algo más abierta y decidió entonces hacer un grado superior en márketing. Le gustó, esta vez sí, y trabajó un tiempo de comercial. Pero se cansó del trabajo (¿hemos comentado ya el perfil 'culoinquieto' como punto en común de estos jóvenes?) y empezó en la Fundació Pere Tarrés un curso de educación social. Hasta aquí un currículo la mar de variado y completo. Pero el problema es que Óscar siempre ha sido de tener muchas ideas. De este tipo de gente que se levanta con miles de nuevos proyectos en la cabeza. Si le sumamos el hecho de que siempre ha sido algo manitas y que de vez en cuando echa una mano a su madre con arreglillos y cosas de parquet, fue ahí cuando se iluminó. ¿Por qué no trabajar con madera y hacer gafas de sol?

La idea puede sonar algo descabellada, pero él lo vió fácil desde un principio. Estudió la competencia, las posibilidades y el mercado. Llegó a la conclusión que con 500 euros de inversión inicial y un mes, estaría hecho. Ya nos avisa él que lo suyo no son los números. Esos 500 se multiplicaron y lo del mes, bueno, suma y sigue, ha estado trabajando hasta este agosto. Un año de trabajo para conseguir un buen resultado. ¿Y cómo se consigue el capital inicial? ¿A quién hay que engatusar? Nada de niño de papá, ni rondas de inversiones, ni becas de ningún banco bueno/malo. Nada de eso. El sueño de Óscar era dar la vuelta al mundo en vela. Llegó a firmar en una servilleta con su amigo Iñaki que antes de los 27 se lanzarían a la aventura. Durante años estuvo ahorrando, era su sueño. Y cuando ya tenía bastante dinero acumulado para el “viaje de su vida” decidió que no, que Palens iba a ser su aventura. Iñaki, el amigo-firma-servilletas, está ahora mismo dando la vuelta al mundo. Oscar no se arrepiente, promete ir a verlo en alguna isla chula, así se salta la parte laboriosa y pasa directamente al daikiri en cualquier cala de por ahí.

El cliente Risto Mejide

¿Por qué este nombre? Típica pregunta 3.000 veces contestada. De apellido Palencia y sus amigos le llaman Palens. Fácil. Pero más importante aún, Palens en Google no daba ni un solo resultado. Ahora sí. Cuestión de éxito. Son seis en el equipo, pero es sincero "yo pringo, como mínimo de momento, me levanto a las 8.30 y a las 9 todo el mundo en el taller, y me estoy hasta las 11-12 de la noche, esto un día normal, sino hasta más tarde". Este es el horario de oficina de alguien que cree en su sueño. ¿Y el taller? menudo taller. Se cambian dentro de muy poco, se les ha quedado pequeño. Pero no hace falta que juren eso de 'handmade sunglasses', con una vuelta por el taller puedes comprobar que cada paso está hecho a mano. Hay serrín por todas partes. La madera llega de Brasil y América, y a partir de aquí todo se hace a mano. Cortar, dar forma, diseñar, pegar, lijar, añadir las lentes, las bisagras. En un principio creyó que podía hacerlo solo. Hizo un estoc de 100 gafas de sol y se paseó por tiendas de Barcelona para vender el producto. “En una semana las 100 gafas volaron y yo creía que durarían hasta Navidad”. Lleva hechas 1.600 gafas a mano en cuatro meses, llegando a 300 en una sola semana justo antes de Navidad. De ahí la ampliación de equipo y el cambio de local. Y oye, que Risto Mejide le ha comprado unas para lucir en la televisión, "me las ha pagado y todo", dice entre risas.

Él sigue estudiando para ser educador social, por eso de tener contenta a la familia haciéndoles creer que es un chico de bien. Pero reconoce que no se lleva nada de su paso por la universidad. El hermano mediano montó su negocio a los 18 años (¿habrá un código genético para la emprendeduría?) y ahora le va de maravilla, vamos, que gana mucho dinero, y su consejo para el hermano fue: "La universidad no sirve para nada". Óscar no quiere sonar drástico pero reconoce "si eres un tío un poco espabilado, puedes tirar un negocio adelante, la universidad te dará teorías y como hacer un plan de empresa", pero el tema práctico ya lo pone cada uno. De su aprendizaje como educador social se lleva la apertura de miras. Las cajas de madera que acompañan las gafas las hace una fundación social que trabaja con discapacitados en Lleida. Quiere hacer más colaboraciones como esta, ya tiene algunas ideas. "Es un paso pequeño, pero mira". Pues sí, menos es nada.

Preguntamos ¿emprendedor o empresario? No le gusta ni una palabra ni la otra. "Hoy en día está de moda ser emprendedor, empresario es cuando ya te va muy bien todo". Reconoce que ser joven le ha beneficiado. "Soy un chico que hace gracia, con un producto hecho en Barcelona, pero no creo que me hubieran entrevistado en 'La Vanguardia' con 40 o 50 años". Algo de razón tiene. ¿Y lo malo de ser joven? Poco, que eres un "niñato cuando llamas a las empresas al principio, y muy educadamente te dicen que no”. Las mismas empresas que con la misma educación pero sin ningún reparo le llaman ahora tras ver la entrevista en un periódico de tirada nacional.

Hermanos pequeños

Su mano derecha, un jovenzuelo como él, le dice que se lo tiene que creer más, que tiene algo grande entre manos. Pero él va con pies de plomo. Crecer sí, pero con prudencia. “Nos han puesto mucho dinero sobre la mesa, pero ¿100 o 200.000 euros? ¿para qué? ¿una nave? ¿unas oficinas bonitas con Macs? No es el momento". Lo suyo es el paso a paso y buena letra. De momento abrirse al mercado europeo, buscar nuevas técnicas para trabajar la madera y “alguna idea que tengo en cabeza, que gustará, pero que no puedo decir aún". No tenemos exclusiva, pero visto lo visto, triunfa seguro.

Habla de 'sus gafas' como un papá orgulloso. Le gusta recibir 'mails' de Berlín de tiendas interesadas por sus gafas. Le gusta ver como un chico le viene a buscar gafas de sol para su abuela. Le gusta hablar de pesca, mar y mundo. Le gusta hablar de sus hermanos pequeños a los que admira con devoción. Le gusta hablar de su equipo y de su paciencia a la hora de lijar, limpiar lentes o poner pegamento. Le gusta hablar de los mails que recibe de ingenieros que se ofrecen para echar una mano, aunque sólo les pueda ofrecer lijar.

No es licenciado, ni tiene una oficina con acabados de metal, no tiene un zona de relax para sus empleados, ni tan siquiera lleva sus propias gafas. Pero es un chico con la cabeza repleta de ideas y pasión por las cosas nuevas. Un aventurero. De los de lanzarse a la aventura sin mirar atrás.

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