La fuerza de la pasión y el papel

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Michele Catanzaro, Angela Biesot, Óscar Sánchez y Antonio Baquero, ayer en la redacción de EL PERIÓDICO.

Michele Catanzaro, Angela Biesot, Óscar Sánchez y Antonio Baquero, ayer en la redacción de EL PERIÓDICO. / FRANCESC CASALS

Les han dado un premio. Nos han dado un premio. Se han ganado un premio. Nos hemos ganado un premio. El premio es de ellos, sí, vaya, pero es de todos. Siempre se dice que los premios han de ser compartidos. Pero, en este caso, es pura realidad. Porque fue pura cotidianidad. Porque es, desde luego, mérito de ellos tres ¡y vaya tres!, cada uno hijo de su madre, de procedencia, formación y profesionalidad diversas, pero ellos podrán contarles que siempre, siempre, se sintieron apoyados, ayudados y, sobre todo, respaldados por esta redacción, por sus jefes más inmediatos y, por descontado, por la dirección deEL PERIÓDICOque siempre, siempre, creyó no en la historia, no en la investigación, no en la persecución de la verdad, sino enla inocencia de Óscar Sánchez, el lavacoches que vivía en una prisión de Nápoles.

Lo queÁngela Biesot trajo un día a la redacción no fue una noticia, ni siquiera una historia, era una injusticia. Lo que intentaba la perspicaz Ángela no era recibir un premio, ni siquiera abrirse camino en la profesión. ¡Que va! Ella pedía ayuda para salvar una vida y, sobre todo, para devolver a Óscar a su vida de siempre, demasiado normal, demasiado cotidiana, como para que alguien, con dos dedos de frente y ganas de hacer justicia, pudiese pensar, sospechar, que aquel hombre era el malo de la película. Pero el malo muy malo. Y eso, convencernos, bueno, convencer aAntonio Baquero, el mejor sabueso que redacción alguna pueda soñar, de que Óscar era inocente fue lo que le resultó más fácil a Ángela. Y no porque fuese Ángela. Y no porque fuese Baquero. Y no porque fuese Óscar. Que también, sí. Sino simplemente porque ¿qué buscan los sabuesos? Huesos, historias.

Y esa, la de Óscar, era una historia que o la masticaba Baquero o nuestro vecino se convertía en carne de cañón, de martirio, de vendetta, en aquella mazmorra de Nápoles. Ángela hizo creer a Baquero. Y Baquero hizo creer a EL PERIÓDICO. Y entre todos hicimos creer a ese científico, investigador, guionista, narrador, llamadoMichele Catanzaro que, encima, es italiano. O se lo cree. Y eso, ser italiano y creérselo, fue vital para el desarrollo de la investigación. Porque todo empezó con Michele reconociendo que en cualquier parte del mundo podía ocurrir eso, sí. Pero, en la Italia actual, más que en cualquier otro lugar.

Artificiero del periodismo

La mecha ya estaba encendida. Y, créanme, es difícil encontrar un mejor artificiero en esto del periodismo que Baquero. Y es ahí, lo siento, donde entramos el resto de colegas. La historia era de ellos, la investigación era de ellos, las entregas las parían ellos, pero todos creíamos en el rescate de Óscar. Y, por supuesto, no había día que no nos pusiésemos a las órdenes de ese trío. Pero ellos son tan buenos, tanto, que preferían nuestro aliento a nuestras horas. Es más, vivían de nuestro apoyo. Y no querían más. Porque están hechos de la pasta con la que se fabrican los sueños.

Porque les diré una cosa que, a estas alturas del elogio, les hará bien saber. Y no es corporativismo, gremialismo, coleguismo. No, no, es la pura realidad. Esta historia, esta victoria, este rescate, esta justicia, este impresionante reportaje por entregas, es fruto de lapasión. Y, déjenme, lo siento, que, en pleno siglo XXI, en plena era de lamentira cibernética, de lafalsedad de ese twitter que disfraza las noticias, o las mentiras, del facebook, de los sms y las redes sociales, les diga una cosa más: esta es una historia de pasión y papel.

Ha sido la pasión de estos tres inmensos investigadores, ahora premiados, y la publicación de sus documentos en papel, blanco sobre negro, lo que ha salvado a Óscar. Bueno, eso y que todo lo que publicaron era verdad. Pero todo eso, lanzado al aire, a la red, no hubiese tenido trascendencia. Eso es lo quenunca matará el papel. Que resiste, que soporta, que hace creíble, cierto, verdad, aquello que Internet ha convertido enchafardería, aquello que la red ha vulgarizado. La gente, laspolicías yjusticias españolas e italianas, se creyeron las historias, la documentación, la información de este equipo porque aparecían impresas, porque se atrevían a publicarlo. Solo lo que sale en el papel está soportado, cimentado, sobre un código deontológico que te impide mentir y te obliga a comprobarlo todo.

Ligado al cien por cien

Dentro de la redacción sabíamos lo que Ángela, Antonio y Michele sufrían. Porque sabían cosas, intuían cosas, les contaban cosas, desempolvaban cosas, pero no podían contarlas porque no las tenían comprobadas, atadas, ligadas al cien por cien. Hasta que no las sabían ciertas, no las escribían. No las enviaban a la rotativa. Hubiesen podido lanzarlas al aire ¡vaya que sí! y se las hubiera creído todo el mundo ¡vaya que también! Pero no hubiesen salvado a Óscar, porque no se las hubiese creído las policías ni las justicias de uno y otro país. Hubiera podido triunfar antes, sí. Pero no hubiesen ganado, no.

Han ganado y tienen premio, hemos ganando y tenemos premio, porque a su desmedida pasión (la pasión, amigo, nunca es desmedida y menos la pasión por tu trabajo) añadieron muchas horas, todas, pesquisas, preguntas, respuestas y sagacidad. Han ganado porque nadie les regaló nada. Nadie les trajo un dossier a casa y mucho menos a la redacción. Los que te facilitan los dossiers solo quieren ganar ellos. Los dan porque les interesa salvar su culo y sentar el de otro en el duro banco de madera de la celda en la que estaba Óscar. A ninguno de esos les interesaba la vida de Óscar. A Ángela, a Antonio, a Michele y a todos nosotros, sí.

La foto

Y, que lo sepan, todo lo hicieron sin que lo supiese Óscar. Miren otra vez esa foto. Repasen sus caras. Observen, a la derecha, el rostro de Baquero, de ese pícaro sabueso apasionado del Betis, que parece no haber roto un plato en su vida y es el único de nosotros que posee el móvil de Dios. Échenle una mirada a los ojitos que hay detrás de las gafas de concha de Catanzaro, ese sabio italiano, que camina con zapatos de gamuza, sin hacer ruido, pero de cuyas carpetas ha surgido el dato, la charla, la pesquisa, que puso en orden todo el entramado, la pieza que, a menudo, le faltaba al rompezabezas. Y miren, miren, la sonrisa de burbuja Freixenet de Biseot, esas sonrisas que solo están al alcance de las campeonas de la 'sincro'. Fue ella la que palpó la indignación de su pueblo y trasladó la injusticia a una redacción hambrienta de historias.

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Y si observan aún mejor la foto, háganlo, se darán cuenta de que Óscar se asoma a ella consciente de que ese trío parió su segunda vida, son los padrinos de su segundo bautizo, de su reencarnación. Por eso, si se fijan bien, hagánlo, descubrirán que Óscar intenta acercar su cara más que ellos al objetivo, como si temiese no salir en la foto, sin darse cuenta, ingenuo él, de que esa foto se ha hecho por él y solo por él.

Ángela, Antonio y Michele hace días que están persiguiendo otras historias, con las que puede que no salven a nadie. No quieren más premios. Quieren, simplemente, mantener viva, ardiente, su pasión y la nuestra. Y caliente, fresco, vivo, real, cierto, comprobado, creíble el papel de nuestro diario, listo para que usted lo lea sin importarnos que lo manche con las gotas de su bocadillo de atún, la mantequilla del cruasán o, incluso, derrame su cortado sobre sus páginas. Porque, insisto, ha de saber que mojado, arrugado, manchado, sucio, usado, viejo, el papel es mucho más creíble que la red. Créame.