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El anuncio de un referendo sobre la UE

Melancolía de Cameron hacia el abismo

Carlos Carnicero Urabayen

La modificación de los tratados convertiría al Reino Unido en rehén de los otros 26 estados de la Unión

¿Faltaba algo más en la grave crisis que padece la Unión Europea? Las banderas envuelven con frecuencia los problemas de los ciudadanos apuntando casi siempre soluciones mágicas. Eclosión de nacionalismos disgregadores en un momento de falta de entusiasmo europeísta. Tensiones del norte con el sur, a las que se suma ahora la cuestión británica.

La conflictiva relación del Reino Unido con la Unión Europea ha dado un giro más con el anuncio de su primer ministro, David Cameron, de convocar un referendo en el 2017, lo que podría desembocar en su salida. Nada relevante para los jóvenes que buscan trabajo o las familias en apuros. Sin embargo, el órdago de Cameron dictará la agenda de su Gobierno en los próximos años.

Conviene recordar la posición del Reino Unido en el mundo. Han pasado décadas desde que Churchill sentó doctrina y situó a su país entre tres círculos: las colonias y la Commonwealth; Estados Unidos y Europa. El paso del tiempo ha cerrado la puerta del imperio y entornado las dos últimas.

El desmoronamiento del viejo imperio dejó desubicado a Londres. Como dijo Dean Acheson, secretario de Estado norteamericano, en 1962, el «Reino Unido ha perdido un imperio, pero no ha encontrado su papel». Desde entonces, la política exterior de Londres ha basculado entre Washington y Bruselas, a veces en un difícil equilibrio.

Los círculos europeo y norteamericano están muy entrelazados y ambos han situado al Reino Unido en un progresivo aislamiento. Frente a los europeos, el Reino Unido ha puesto siempre en valor su «relación especial» con Estados Unidos, una suerte de puente de oro en el Atlántico. Pero el eje del Atlántico pierde fuelle ante un EEUU al que la crisis de Occidente y la emergencia de China ha convencido para virar hacia el Pacífico.

La «relación especial» se resiente y los ingleses lo saben. En una reunión de la Comisión de Exteriores de la Cámara de los Comunes, los diputados, tras escuchar al antiguo embajador británico en Washington, David Mannin, recomendaron en el 2010 abandonar la expresión «relación especial», ya que expresaba más algo «histórico y sentimental» que vigente.

Con el imperio en la memoria, y el Atlántico a medio gas, el espacio natural del Reino Unido en un mundo de gigantes es Europa. Pero ¿por qué entonces camina con paso decidido hacia su salida?

La crisis del euro lo ha situado ante un dilema estratégico de difícil resolución. A Londres le conviene que se fortalezca el gobierno del euro para salir de la crisis (alrededor del 50% de sus exportaciones van al mercado único), pero este camino acentúa la pérdida de influencia del Reino Unido en la UE. La necesidad de que los países de la zona euro -y los que quieren entrar- avancen hacia un pilar bancario, fiscal y económico está consolidando una Unión de círculos concéntricos en cuyo cogollo no está Londres

La crisis europea y las muchas inconsistencias de la UE hacen crecer como la espuma los potenciales votantes del UK Independent Party, una amenaza para el partido de Cameron en las elecciones del 2015. Por otro lado, su propio partido, cuyo influyente grupo euroescéptico Fresh Start va ganando espacio, le empuja a renegociar el statu quo.

Ante este difícil escenario, Cameron ha dado muestras de cierto amateurismo. Todavía está fresca en la memoria una cumbre europea en la que amenazó con un veto para después dar paso a un pacto del resto sin él. Ahora ha trazado una hoja de ruta poco realista. Es difícil que los escenarios con los que trabaja se cumplan. Como ha dicho el excomisario británico Peter Mandelson, «Cameron es un hombre sin un plan para Europa».

La propuesta de Cameron de votar en referendo la salida de la UE tras una hipotética mejora de su estatus contiene algunas ingenuas premisas. Es verdad que el resto de europeos valoran la presencia británica, pero es difícil pensar que la quieran a cualquier precio. Segundo, una modificación de los tratados convierten al premier en rehén de otros 26 estados con derecho a veto. Tercero, su calendario depende también de la voluntad del resto de líderes, que, si ya eran reacios a modificar el Tratado de Lisboa, la patata caliente británica les animará aún más a no hacerlo.

¿Qué pueden ofrecer los europeos al Reino Unido? Es interesante una idea de Timothy Garton Ash de dar la posibilidad de reforzar el papel de Londres en la política exterior de la UE. Si Alemania ejerce un liderazgo claro en el núcleo duro del euro, ¿por qué no dejar que el Reino Unido, que cuenta con los servicios diplomáticos de mayor prestigio, juegue un papel nuclear en las relaciones exteriores? Politólogo. Master en Relaciones Internacionales por London School of Economics.

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